Una mirada al pacto climático de Glasgow y su lucha contra el carbón

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Tras dos semanas y un día de frenéticas e ininterrumpidas conversaciones, 197 países acordaron una hoja de ruta para luchar contra el cambio climático. El documento tiene referencias históricas, mientras que ambientalistas critican que la cumbre no fue un verdadero punto de inflexión para salvar el planeta.

Fue una negociación heroica, así la describió Alok Sharma, el presidente de la COP26.

Con cambios de último minuto sobre la eliminación gradual del carbón, el combustible más sucio para el medio ambiente, los firmantes se comprometieron a mantener vivo el Acuerdo de Paris y, entonces, controlar la temperatura del planeta en 1,5 grados, un asunto más que urgente.

Esos cambios para obtener los consensos que permitieran llegar al acuerdo, que incluso arrancaron lágrimas de Sharma, fueron forzados por China e India que defienden su derecho a seguir desarrollando sus economías con el uso del carbón.

Estos dos gigantes exigieron suavizar el lenguaje del pacto. La palabra de la discordia fue acelerar la eliminación del carbón a reducirlo gradualmente. Lo cierto es que no son solo palabras.

Lo que China e India dejaron en evidencia es que solo renunciarán al uso del carbón cuando sus economías sean tan boyantes y sostenibles, que ya no lo necesiten.

No fue una sorpresa. En la víspera de la COP26, China anunció que solo cumpliría la meta de carbono cero a 2060. Una década después del objetivo trazado por las grandes economías reunidas en el G7.

Mientras que India, otro de los mayores contaminantes, fijó en 2070 su plazo para descarbonizarse, 20 años después que el resto del mundo. Esta nación puso sobre la mesa que luchar contra el cambio climático es un pendiente, pero no su prioridad.

Sin embargo, el pacto de Glasgow puede ser considerado histórico porque se incluye por primera vez acabar con los subsidios a los combustibles fósiles.

Incluso Estados Unidos advirtió que mantener los millonarios subsidios a estos combustibles “es una locura”.

El carbón seguirá siendo una oscura realidad

Mientras que los países desarrollados buscan dejar del lado el carbón y cerrar sus minas, China, especialmente, hizo sentir en Glasgow su poder para exigir que su uso no sea aun totalmente prohibido.

India, por su parte, otra potencia económica emergente de nuestro tiempo y llamada la democracia más grande del mundo, hizo lo mismo. En ese país, poblaciones enteras dependen de este elemento para su supervivencia.

Se pensaría que el objetivo trazado por el G7 significaría un tipo de presión política especialmente para China, pero no ha sido el caso.

La encargada de políticas de clima y energía del WWF, Fernanda Carvalho, expresó en France 24 su frustración por la “suavización del lenguaje” sobre el carbón que suele ser utilizado como fuente para crear energía.

“Es triste porque esas son malas opciones de desarrollo. Creo en un nuevo modelo de desarrollo en que los países desarrollados podrían hacer transferencia de tecnología”, dijo Carvalho.

También así lo hizo entender el negociador de la Unión Europea, quien dejó constancia pública de que no es sostenible una economía basada en el carbón.

Mientras que la secretaria de la ONU para el medio ambiente, Patricia Espinosa, ve esa moderación del lenguaje sobre las prohibiciones al carbón como "una de esas soluciones diplomáticas”, según pudo afirmar a la BBC.

“La adicción a los fósiles es una enfermedad que la humanidad debe reconocer para superarla. Como todo enfermo cuando más deje que avance en el cuerpo, menos son las posibilidades de salir con vida”, dijo Sebastián Navarro, secretario general del CC35.

Glasgow, un paso histórico

No hay duda. En esa carrera por salvar el planeta y a las poblaciones más vulnerables de los dramáticos efectos del calentamiento global hay muchos pendientes.

Sin embargo, la COP26 dejó, por fin, el libro de reglas del Acuerdo de Paris que define cómo debe implementarse. Además de que cada país firmante debe presentar sus metas y acciones nacionales para reducir emisiones, entre otras. Así como una revisión de sus objetivos para reducir emisiones en 2022.

El Pacto Climático de Glasgow es histórico también porque hace, por primera vez, una referencia directa a acabar con la dependencia de los combustibles fósiles.

El enviado especial para el medio ambiente de Estados Unidos, John Kerry, sorprendió al advertir que los millonarios subsidios a los combustibles fósiles tienen que acabarse y habló de una legislación que prepara la Casa Blanca en esa materia.

La COP26 también delinea la ruta para mantener controlada la temperatura del planeta en 1,5 grados. Eso requiere, inicialmente, que para 2030, las emisiones globales se reduzcan en un 45% y en 2050, que haya cero emisiones.

Una meta muy compleja y difícil de alcanzar sobre todo si los acuerdos se convierten en letra muerta. “Mantiene en la unidad de cuidados intensivos el 1,5”, señala Carvalho.

“Si París estableció el andamio, Glasgow ha progresado en los cimientos: los países ahora tienen un mandato claro para trabajar juntos para reducir y secuestrar las emisiones a través de los mercados de carbono”, afirmó el director de International Climate Policy, John Verdieck.

Los avances y los pendientes

Los firmantes se comprometen a duplicar para 2025 el presupuesto de financiación para que los países en desarrollo se adapten. “Es super tarde, lo necesitamos antes”, señala Carvalho.

Al tiempo que se debe seguir buscando la manera de cómo pagar por las pérdidas y daños que el calentamiento global ya está causando en los países con menos recursos.

“Este es el mejor pacto posible para todos”, aseguró Patricia Espinosa.

Mientras que el secretario general del CC35, que reúne a las ciudades, afirma que “el Pacto ha dejado claro que las naciones no pueden seguir al frente de las negociaciones globales. Los gobiernos subnacionales deben tener un asiento en la mesa de decisiones si queremos un planeta viable”.

Los acuerdos no oficiales

Durante los doce días de la COP26 se anunciaron varios acuerdos y alianzas que no hacen parte del Pacto Climático de Glasgow, ni parte de la agenda oficial, pero son de inmensa importancia, como la alianza entre Estados Unidos y China.

Las dos potencias más grandes dejaron de lado sus diferencias políticas y económicas para adoptar decisiones comunes en medio ambiente.

Bosques, los pulmones del mundo

Más de 100 países firmaron el acuerdo impulsado por el gobierno británico para acabar con la deforestación en 2030.

Aunque no es legalmente vinculante, es un paso muy importante porque el acuerdo cubre el 85% de los bosques del planeta.

China y Brasil hacen parte de los firmantes. Se cree que la deforestación en Brasil ha aumentado a niveles récord desde 2008.

Reducir el uso del metano

Estados Unidos y la Unión Europea impulsaron el acuerdo para empezar a frenar el uso de este gas, un 80% más contaminante que el propio CO2 y responsable por un 25% de los gases de efecto invernadero.

Para el 2030, los más de 80 países firmantes se comprometieron a recortar en un 30% su uso.

Más allá del petróleo y el gas

Costa Rica y Dinamarca, uno de los mayores productores de petróleo de Europa, lideran la alianza histórica para acabar con la producción de hidrocarburos.

En esta, firmada por otros 10 países y ciudades como Francia y Suecia, se comprometen con su voluntad política incluso a no seguir entregando licencias ni a explorar nuevos campos petroleros.

Aunque los gigantes productores de hidrocarburos no lo firmaron, es un avance enorme en la dirección correcta.

América Latina, territorio de biodiversidad, reclama su lugar

Ecuador anunció la extensión de una reserva marina de 60.000 kilómetros en las islas Galápagos, que se suman a los 130.000 kilómetros que ya tienen. Estas tienen un 95% de especies únicas.

El presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, dijo que la conservación en las Galápagos se hará por canje de deuda, que abre todo un abanico de posibilidades de conseguir recursos para la conservación ecológica.

Por su parte, Colombia, Costa Rica, Panamá y Ecuador acordaron la creación del corredor marino más grande del hemisferio occidental para proteger las especies marinas únicas de estas aguas.

Durante dos semanas de cumbre, científicos, expertos y políticos delinearon la hoja de ruta para salvar el planeta. Parece que todos saben cuál es el camino. Es hora de empezar a recorrerlo.

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