El pasillo, Mino Raiola y la prensa invisible

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(EDITOR'S NOTE: FILE IMAGE) Soccer agent Mino Raiola has died at the age of 54 in an Italian hospital after battling illness, his family said in a statement on Saturday. -In this file image, Carmine ''Mino'' Raiola,  football agent representing the new player of Juventus Matthijs de Ligt,  greets the fans in front of the J-Medical during her  the medical checks, Turin Italy. (Photo by Mauro Ujetto/NurPhoto via Getty Images)
Mino Raiola (Foto: Mauro Ujetto/NurPhoto/Getty Images)

¿Se podría hablar del origen de la penicilina sin mencionar a Alexander Fleming? ¿Sería posible relatar la revolución rusa sin nombrar a los bolcheviques? Parece complicado pero, si el escenario de estas conversaciones fuera una tertulia deportiva española, la respuesta sería: sí, se puede.

En las últimas horas, nuestros periodistas deportivos debaten sobre el pasillo de honor que, por lo que cuentan, no va a hacer el Atlético al Real Madrid como reconocimiento a su título de Liga. Sienten que se haya diluido una tradición tan bella —no es el primer caso— y, en el lamento, olvidan quiénes son los principales responsables: ellos mismos. Sobre este asunto ya escribí en su día, así que mejor enlazo y evito repetirme.

Aunque ha perdido cuota, la prensa sigue ejerciendo influencia en nuestro fútbol. Dista mucho de ser un mediador inocuo, aunque en la escena del crimen finja que nunca ha estado allí. Si no tiene las manos limpias, no será porque no se las lave a menudo. “Algunos medios italianos habían informado de la muerte de Mino Raiola”, contaba Óscar Rincón el pasado jueves en la edición nocturna de La Sexta Deportes, cuando el conocido agente de futbolistas aún seguía con vida. Sí, claro: los medios italianos. Los españoles, por lo visto, no. Aquí debimos de enterarnos todos por ‘La Gazzetta’, ‘Tuttosport’ y ‘L’Osservatore Romano’.

Lo que tal vez quiso decir Rincón —pero no dijo— es que algunos medios italianos habían sido los primeros en dar la —falsa— noticia. Le faltó añadir que los principales medios españoles habían ido detrás, de cabeza, por una simple cuestión de protocolo: se publica primero, lo antes posible, y se confirma después. Habría sido un buen día para reivindicar la figura del periodista como profesional de la información capaz de discernir lo cierto de lo falso, a diferencia de ‘streamers’ y demás advenedizos. Habría estado bien demostrarlo contrastando la noticia en lugar de replicándola, pero no fue el caso. Para la próxima reivindicación del oficio habrá que esperar a que Ibai vuelva a entrevistar a una estrella del fútbol.

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