Ex ministro de Hacienda chileno: "La crisis fue producto de que hay una clase media más grande"

Mariano Jaimovich

De paso por Buenos Aires, el ex ministro de Hacienda de Chile, Andrés Velasco -que cumplió funciones durante el primer gobierno de Michelle Bachelet- conversó con iProfesional sobre la conflictiva situación social que vive su país y analizó los motivos y consecuencias que llevaron a las masivas manifestaciones en las calles de un país que hasta hace muy poco era considerado como el "mejor ejemplo" latinoamericano.

El actual Decano de la Escuela de Políticas Públicas, London School Economics (UK), que participó del CIEF realizado días atrás, también opinó sobre la situación argentina y sobre los desafíos que tiene por delante a resolver el gobierno de Alberto Fernández.  

-¿Esperaba la fuerte crisis que se desató en Chile?

-Quien diga que vio venir lo que pasó y que era todo obvio y previsible está mintiendo, porque nadie anticipó nada de esta magnitud y de esta profundidad. Hay tensiones y dificultades en la sociedad chilena, nadie lo duda, pero que eso lleve a saqueos e incendios de semejante escala no se explica fácilmente. Creo que se han mezclado dos fenómenos: por un lado, manifestaciones legítimas y pacíficas, grandes muchas de ellas. Y, por otro lado, hubo hechos organizados, que no se sabe por quién, que fueron muy violentos y que han tenido un costo tremendo, no sólo en infraestructura sino también en vidas humanas.

-¿Siguen siendo intensas estas manifestaciones?

-La intensidad de la violencia ha caído muchísimo, pero los disturbios duraron seis semanas. La pregunta que aún nadie puede responder es si, sencillamente, amainó porque llegaron las fiestas de fin de año y el verano, y en marzo va a volver, o no. Es un peligro grande.

-¿Qué lectura hace de los reclamos de la gente en la calle contra el modelo chileno?

-No creo que haya un "modelo chileno" porque eso implica decir que la economía durante la época de Pinochet y la de hoy es la misma, y eso es una brutalidad sin nombre. Hace 30 años no había seguro de desempleo, y ahora lo hay. Hace 30 años no había cobertura universal de salud para todo chileno, y ahora la hay. Tampoco en esa época había pensión mínima garantizada para todo chileno y gratuidad en la educación, y ahora las hay. Por lo tanto, la situación de Chile en materia social, no solamente en el aspecto económico, es radicalmente distinta.

-Entonces, ¿qué explicación le da a semejantes manifestaciones en las calles?

-Creo que hay una mezcla de cosas. Hay una generación de universitarios jóvenes que ha sido la generación de la transición que la ha pasado mal, porque fueron a la universidad y se endeudaron esperando buenos empleos y buenas remuneraciones, y se han dado cuenta que la realidad no es así. En parte porque al haber muchos egresados, evidentemente los salarios no van a ser tan buenos. Y eso se magnifica cuando la economía crece poco y, por lo tanto, las empresas no contratan mucho.

Eso por un lado, en segunda medida creo que hay una legítima y entendible frustración con las características más anticuadas de la sociedad chilena. Sigue siendo un país en el que el apellido y la cuna, el origen social, pesan mucho a la hora de contratar. Hay mucha gente que fue a la universidad, que son los primeros en su familia en formarse de esta manera, que cuando llega el momento de salir a trabajar se encuentran que un compañero de curso que no tenía el mismo rendimiento tiene un mejor trabajo porque tiene el apellido "correcto". Y eso genera mucha frustración.

Creo que también, siguiendo con esto que hay cambios buenos que traen consecuencias malas, hay una clase media mucho más grande y próspera que hace 30 años. Eso es evidente, cualquier persona que ha visitado Santiago, Concepción o Valparaíso se da cuenta que ahora Chile es un país distinto. Pero es una clase media que le cuesta llegar a fin de mes, que está expuesta a mucha incertidumbre de si pierde el trabajo o si alguien se enferma. Claramente, a Chile le falta mucho para crear un sistema de seguros sociales que les permita a las personas de clase media estar más tranquilas porque van a saber que lo que han obtenido y ganado, que es muy real, no lo van a perder.

-¿Vislumbra que haya alguna mejora real después de todas estas manifestaciones?

-La primera y la más indispensable mejora es que la violencia ha ido amainando porque, primero, ningún país puede tolerar la violencia y abuso de mucha gente. Y, segundo, no se puede legislar cuando la ciudad está prácticamente en llamas. En cuanto a las medidas, hay dos cosas muy distintas. Por un lado, hay un debate constitucional. Creo la clase política chilena fue criticada muy injustamente, cuando mostró su lado bueno porque llegó a un acuerdo para reformar la Constitución, aunque hay algunos dimes y diretes importantes. Pero tener un acuerdo en el que estén prácticamente todos los sectores, excepto la extrema derecha y la extrema izquierda, me parece algo positivo.

Por otra parte, el segundo punto es que hay un debate grande sobre cómo sigue todo en materia económica. Me parece que hay espacio para mejorar la acción pública en varias dimensiones, como la capacitación, las brechas en pensiones, salud y otros recursos. Y el debate más interesante en Chile, que también se da en Argentina, es ver cómo se financian todos esos cambios.

-Siempre se busca como salida la suba de impuestos…

-En sí, creo que hay espacio en Chile para subir los impuestos a la renta de capital, porque un médico que trabaja y le va bien ya paga 40%, pero un inversor que tiene altos ingresos por recibir intereses no paga ese 40%. Entonces, sería justo que el que gana mucho trabajando pague lo mismo, no más, que el que gana mucho por haber tenido la suerte de haber recibido una fortuna. Algo que se llama equidad horizontal, que es que todo aquél que gane lo mismo pague lo mismo.

-Mencionaba el caso del financiamiento argentino, ¿cómo ve al gobierno de Alberto Fernández tras las medidas impulsadas?

-La verdad que no sé mucho que esperar porque todavía no está nada claro en el largo plazo, porque son todas medidas de emergencia y el Gobierno argentino lleva pocos días. Creo que dibujar el contorno de los problemas es más o menos fácil: hay una deuda que es grande, vencimientos de corto plazo, un Estado que creció mucho pero sin financiamiento de largo plazo y una economía que se contrajo pero todo indica que se seguirá contrayendo. O, al menos, que no volverá a crecer pronto.

A ello se suma un dato que muchas veces no se menciona: hay una tasa de ahorro muy baja, ya que si es del 14% del PBI y para crecer se debe invertir un 20%, la gran pregunta es quién va a pagar ese 6% que falta. En el pasado, cuando la Argentina creció, muchas veces fue porque el resto del mundo le prestó ese 6%. Pero ya sabemos que eso no resulta y que a largo plazo se necesitan las condiciones para que los argentinos y las empresas argentinas ahorren.

-Con la experiencia que tiene en Hacienda, ¿qué medidas recomendaría para lograr esa perspectiva de largo plazo en Argentina?

-Chile tuvo también sus problemas, pero todo el sistema tributario se organizó en los últimos 25 a 30 años para promover el ahorro de las empresas. El concepto básico es que si se reinvierte se paga menos que si se retira dinero. Entonces, cuando el dueño de una pyme deja la plata en una empresa y compra maquinaria, paga menos que aquél que saca el capital para irse con su familia a Miami. Por lo tanto, la reinversión es socialmente buena, y la tributación por incentivos al comportamiento es mejor.

-Por lo que indica, no es muy fácil el camino de recuperación para Argentina…

-Nunca lo fue y tampoco lo va a ser en el corto plazo porque las dificultades son grandes. Además, a diferencia de otras crisis en que a la Argentina lo rescató la providencia porque subieron mucho los precios de los recursos naturales, nada indica que eso vaya a volver a pasar ahora. A Duhalde el salvavidas de la crisis anterior vino por el precio de la soja. Pero ahora, en una economía bastante plana, con conflictos comerciales internacionales que no terminan de resolverse, problemas políticos entre China y Estados Unidos, y Europa muy vacilante con el Brexit, entre otras cosas, nada muestra que vaya a ver recuperación mundial. Por ende, tampoco de las materias primas. Por lo tanto, ese salvavidas providencial no se va a materializar esta vez.

-La inflación es uno de los principales problemas de la Argentina sin resolver en décadas, ¿cómo se bajó en el caso chileno?

-La inflación chilena es baja a partir de la llegada de la democracia, ya que llegó a ser del 25% anualizada durante los últimos meses de Pinochet, y luego se bajó construyendo una institucionalidad sólida con el Banco Central, de modo que sea creíble. En segunda medida, no hubo miedo a subir los impuestos para financiar el gasto público de modo sano. Y tercero, de a poco, Chile partió con un tipo de cambio bastante controlado y bastante dual como Argentina, pero fue desmontándolo muy gradualmente a medida que las finanzas públicas estaban bajo control. En Argentina, el primer paso, pero no el único, es central que esté vinculado con lo fiscal.

-El gran problema argentino es que tampoco se confía en la moneda nacional, ¿cómo se hace para ahorrar en pesos?

-Sturzenegger lo intentó hacer, es una persona calificada que tenía todos los conocimientos pero se encontró con un gasto fiscal muy inmanejable. Y los banqueros centrales por más independientes que sean, o traten de serlo, dependen de la realidad fiscal. Y la realidad fiscal argentina hace mucho tiempo no es buena, es muy desordenada. Para que la gente quiera tener pesos, el fisco que emite esos pesos tiene que ser solvente, sólido y manejado prudentemente. Por eso la gente se refugia en otras monedas.-