"Las minas que poníamos, ahora las quitamos": excombatientes de las FARC (6/6)

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"Una paz sin la acción contra las minas es una paz incompleta", fueron las palabras en 2017 de António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas. En Colombia, en el marco de los Acuerdos de Paz entre el Estado y la guerrilla de las FARC, surgió Humanicemos DH, la primera organización íntegramente formada por excombatientes dedicados al desminado.

Un grupo de 10 personas se mueve con agilidad por la selva. Construyen una barricada y se preparan para disparar. Cuando reciben la orden, una bala de acero impacta un artefacto explosivo de origen desconocido.

Así podría empezar el relato de una guerrilla activa. Sin embargo, es el día a día de Humanicemos DH, una organización formada por excombatientes de las FARC dedicada al desminado humanitario.

Se encuentran en el corregimiento de El Pará, en el departamento del Caquetá, en la Orinoquía, entre la cordillera de los Andes y el Amazonas. Es el mismo territorio que ocupaban hasta 2016, antes de entregar las armas y terminar el conflicto que les enfrentaba al Estado colombiano.

En la primera fase de trabajo, los firmantes de paz documentan los reportes de las autoridades sobre la posible ubicación de minas antipersonal, una información que complementan con las comunidades.

Así es como llegaron a esta área de 3.177 metros cuadrados en la que trabajan. Un campesino les informó que la guerrilla le había aconsejado no volver a su predio.

Después de siete meses de trabajo, y a punto de entregar la zona despejada de minas, encuentran un artefacto con el detector de metales.

Los excombatientes aseguran la zona, limpian la hierba alrededor de la mina y la rodean de costales de arena para evitar un posible impacto medioambiental tras la explosión. Mediante la manipulación de cableado eléctrico preparan el disparo remoto de una bala de acero.

Antes de recibir autorización para disparar, Juan Carlos saca pecho y muestra orgullo de la nueva labor de la organización: "Evitar que una mina pueda dañar a una familia o un animal demuestra que estas balas son mejores que las que usábamos antes".

Disparan y se escucha una explosión. El proyectil contenía metralla en su interior, era de fabricación casera y utilizado habitualmente por la extinta guerrilla de las FARC.

Hasta el 30 de septiembre, Colombia había registrado, tras cinco décadas de conflicto, más de 12.000 víctimas -de las cuales 2.000 fueron mortales- por minas antipersonal. El 40 % de los afectados fueron civiles.

De comandante a supervisor

Germán Balanta estuvo en las filas de la extinta guerrilla de las FARC durante 34 años. Confiesa que, cuando tiene tiempo, entra a su teléfono y mira Google Earth. Le gusta observar los caminos que recorrió en sus años de comandante.

Afición que comparte con la observación de los lugares de desminado humanitario que lidera como gestor de terreno en Humanicemos DH.

La organización, que cuenta con más de 100 trabajadores, es la primera –en todo el mundo– en la que los desminadores son firmantes de paz. Operan en zonas de riesgo de los municipios de La Montañita, Solita y Cartagena del Chairá, en el departamento del Caquetá, y realizan educación sobre minas con las comunidades donde operan.

Humanicemos DH es financiada por el Fondo Europeo para la Paz y recibe apoyo logístico del Servicio de Acción contra Minas de las Naciones Unidas (UNMAS).

Desde este departamento de la ONU recibieron en 2020 el certificado de desminado humanitario, que les permitió iniciar la operación. Un avance que para Germán es la esencia de la reincorporación: "Las minas que antes poníamos, ahora las quitamos", afirma, antes de añadir que el principal objetivo es "reparar a las comunidades que estuvieron en medio del conflicto".

Germán cambió la comandancia por la supervisión. Su labor es comprobar que se siguen los estándares de calidad exigidos internacionalmente. Humanicemos DH mantiene las estructuras que tenían las FARC con el objetivo de facilitar la transición a la vida civil.

Las maltrechas vías de Colombia

Humanicemos DH solo opera en el departamento del Caquetá. La parte administrativa se encuentra en Bogotá, mientras que los supervisores de terreno están en los Espacio de Capacitación y Reincorporación (ETCR). En estos espacios viven los excombatientes reincorporados a la vida civil.

Durante la operación, los desminadores forman campamentos cercanos al lugar de trabajo. Allí pasan cuatro semanas, antes de disfrutar de una semana de descanso en el ETCR o junto a sus familias.

En El Pará disponen de una casa, donde conviven 12 desminadores. Pese a que la distancia con el ETCR es de 50 kilómetros, el mal estado de la carretera provoca que el desplazamiento esté restringido a un coche 4x4 en un viaje de más de tres horas.

Una complejidad vial que aumenta en el trayecto desde la casa hasta el área de desminado. Cerca de una hora en coche y 40 minutos a pie. En ese tiempo deben cruzar ríos y superar profundos barrizales.

Nuevas y viejas costumbres

Después de una dura jornada de trabajo en la selva, los desminadores mantienen una fuerte disciplina en la vivienda que comparten en El Pará. Sus primeras actividades al llegar: limpieza de equipos de trabajo, baño personal y almuerzo.

Del mismo modo que conservan esa responsabilidad militar, también evocan recuerdos de sus años en armas. Los desminadores disfrutan de la cancharina: un dulce realizado con harina, agua y azúcar. Era la comida emblema de las FARC, habitual en las expediciones largas por la facilidad de su elaboración.

Pero la reincorporación a la vida civil también les permite disfrutar del fútbol en televisión, de Internet en el teléfono móvil y de volver a poder estar en contacto con sus familiares. Son las principales actividades que realizan en su tiempo de descanso, junto al cuidado de los animales: tienen dos perros y un loro. Una sensibilidad especial después de años en la selva en contacto directo con la naturaleza.

Dentro de la casa, los desminadores se reparten en camarotes. Una convivencia que emula a los campamentos de las FARC, manteniendo la misma responsabilidad entre los desminadores sin importar el género.

Humanicemos DH, siguiendo los Acuerdos de Paz, apuesta por la perspectiva de género. Por mandato, más del 20 % de la plantilla tiene que estar conformada por mujeres. En este equipo de desminado de El Pará están Yised y Bibiana.

Además de felicitarse por poder ayudar a las comunidades, Yised está feliz de haber vuelto a la libertad y reencontrarse con su familia y su hija: "Yo muy feliz en esta vida por ser una más en mi familia, (pasó) mucho tiempo sin vernos y ya puedo estar al lado de mi hija, compartiendo con ellos".

Pero las bondades de esa nueva vida también conllevan nostalgias: para Bibiana fue muy difícil volver a dormir en una cama. "Adaptarse a una cama es difícil y siempre se sufre para dormir".

Sin embargo, poder trabajar en la selva, con compañeros excombatientes, hace más fácil la transición: "Entre todos siempre nos ayudábamos y eso se extraña, pero aquí no se nota tanto".

La paz da sus frutos

Con la detonación del artefacto sospechoso, los desminadores de El Pará esperan poder entregar pronto el territorio libre de minas. Pero no será la primera misión exitosa de Humanicemos DH.

En el mes de octubre fue noticia el despeje de un área de unos 2.000 metros cuadrados en un resguardo de indígenas embera chamí, ubicado en El Cedrito de la vereda La Carpa, a una hora de La Montañita, también en el departamento del Caquetá.

Lideraba el equipo Elver Gaviria, un excombatiente, que un mes después de la entrega acude al resguardo para encontrarse con la gobernadora, Emilia González.

En la zona hubo campamentos de las FARC, pero también del Ejército. Para evitar al enemigo era habitual la colocación de minas antipersonal, por lo que esas áreas quedaban aisladas para las comunidades.

El expresidente de Colombia, Juan Manuel Santos, firmante de los Acuerdos de Paz, aseguró que en 2021 el país estaría libre de minas. Pero no se ha logrado: en lo que va de año se han documentado más de 100 víctimas. Sin embargo, la paz está en camino: en 2006 se registró el máximo histórico, con 1.228 víctimas.

Con el trabajo de Humanicemos DH, la comunidad gobernada por Emilia recibió el territorio limpio de minas. No hay riesgo de engrosar las estadísticas con nuevas víctimas y al mismo tiempo, los campesinos han podido volver a trabajar sus terrenos.

"Esta paz es algo bueno que hemos empezado a trabajar y ya es realidad. Nosotros como pueblo indígena tenemos una vida más de tranquilidad y confianza", afirma la gobernadora. Mientras escucha la gratitud, Elver Gaviria sonríe, el objetivo de reparación de la paz se ha cumplido.

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