La infancia de pesadilla y acoso de Miguel Frigenti

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"Escribí esto hace cuatro años. Soy más feliz que por aquel entonces. Escribir esas palabras me liberaron. Lo superé. Superé lo que me hicieron. Soy libre: se supone que la infancia debe ser la mejor época de tu vida". Con estas palabras ha querido Miguel Frigenti abrirse en canal ante sus miles de seguidores el día en el que se celebraba el Orgullo Gay. El colaborador de Sálvame ya explicó en 2020 cómo había vivido él su infancia y su relato encogió el corazón a más de uno de sus compañeros.

MADRID, SPAIN - NOVEMBER 08: Miguel Frigenti is seen on Madrid, Spain. (Photo by Europa Press Entertainment/Europa Press via Getty Images)
MADRID, SPAIN - NOVEMBER 08: Miguel Frigenti is seen on Madrid, Spain. (Photo by Europa Press Entertainment/Europa Press via Getty Images)

"Me han llegado a pegar en mi pueblo, Talavera de la reina, por ir de la mano con mi novio", decía el colaborador hace un año en el plató de Telecinco."Donde más discriminado le he sentido, y las madres de los niños nos miraban más, ha sido en el colegio católico. Los que predican que hay que aceptar al diferente me han destrozado la infancia", confesaba con emoción. "No quiero saber nada de ellos ni en pintura, si lo están escuchando quiero que sepan que son lo peor", recalcó. Ahora Frigenti ha querido explicar algo más cómo se sintió en esos años en los que sufrió el acoso tanto de sus compañeros como de otros vecinos de su localidad. 

"Todos los niños merecen ser respetados y queridos, pero la realidad es bien distinta. Yo no tuve infancia. Me la robaron entre todos. A día de hoy, con casi treinta años, sigo pagando un precio muy alto por ello", comenzaba en un largo hilo en Twitter que recibió decenas de comentarios de ánimo. "Todavía tengo pesadillas en las que vuelvo a estar apoyado en un muro de color verde, en el centro del patio del colegio, completamente solo, con mis pensamientos y el único consuelo de una voz interior que me dice que en el futuro todo cambiará. Que todos los que me insultan y desprecian me verán salir adelante. No sé si algún día superare lo que viví durante mis primeros catorce años de vida. Que te tiren las sillas de clase encima, que te lancen comida en el comedor del colegio y que nadie haga absolutamente nada para impedirlo. Que tu tutor te envié al pedagogo de turno y que a tus padres les digan que el problema lo tienes tú por ser demasiado rebelde", explicaba de manera desgarradora en unas palabras que como él comentó había escrito justo antes de cumplir los 30 años (ahora tiene 34 años).

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La tristeza de su madre

Cuando Miguel contó lo que le sucedía en su casa, recibió el amor de su madre, aunque ella también asumió que quizá no había estado a la altura de la tragedia que vivía su hijo. "Es una etapa muy dura que vivió mi hijo y de la que yo tardé mucho tiempo en enterarme. No estuve a la altura y no le pude proteger”, decía Marisa en el Deluxe el pasado mes de mayo. "Miguel no me contaba las cosas que podían hacerme daño. Cuando ya no podía más y le pesaba, lo escribía en un diario que sabía que yo iba a encontrar. Esa espina la voy a tener siempre de que no estuve a la altura", reconocía la madre del colaborador. 

"Me atormenta y tengo complejo de culpa porque sé que, aunque él me repite que lo ha superado, no lo ha superado ni lo ha curado (…) Parte de sus inseguridades parten de eso (…) Es una cosa que todavía le causa dolor y es que con mi hijo se ensañaron", decía con gran dolor Marisa ante la mirada llena de lágrimas de su hijo. Ella quiso también hablar del padre de Frigenti, que siempre ha querido mantenerse al margen de la imagen pública de sus tres hijos. "Mi marido es muy buena persona. No lo ha llevado tan bien como lo ha podido llevar. Él siempre ha aceptado y se siente muy orgulloso de sus hijos, pero le ha venido grande", comentaba. 

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Un infierno en el colegio

Quizá ese diario del que hablaba su madre también lo siguió Miguel escribiendo ya siendo un joven adulto, como reflejaba este lunes en el tuit mencionado. "Que te esperen cuatro personas en la puerta del colegio mientras una manada hace corro esperando para ver como te pegan patadas en el estomago y ningún profesor haga nada. Jamás comuniqué la situación real a mis padres. No pedí ayuda. Supongo que me sentía culpable y acepté la violencia porque la gente me decía que lo merecía; no era más que un maricón que sacaba malas notas y que no cuadraba con el resto. Recuerdo como el profesor de matemáticas me sacaba a la pizarra para humillarme y reírse de mí. Me decía que no iba a llegar a nada en la vida mientras mis compañeros clavaban sus ojos en mí como si fueran cuchillos. Miradas de asco, de prepotencia, haciéndome sentir como una mierda sin ningún valor. Acepté esas humillaciones como parte de la rutina diaria. Era un infierno constante, era mi vida", continuaba y explicaba que ese acoso llegó también por parte de algunos de sus profesores. 

"Hoy me pregunto cómo un docente, un adulto, era capaz de maldecirme con palabras de tanto peso: ‘’inútil. No vas a llegar a ningún sitio’’. Cuando en clases de educación física teníamos que hacer grupos y nadie quería ponerse conmigo, el profesor se quejaba diciéndome que siempre ocurría la misma historia. Lo decía con hartazgo, porque estaba cansado de tener que lidiar conmigo, un estorbo que se salía de sus esquemas", relató. Además, Miguel explica que se sentía muy solo y que apenas contó en esos años con un amigo que únicamente le hablaba cuando estaban lejos de miradas de otras personas."Supongo que tenía miedo de que le hicieran lo mismo que a mí. Cuando se juntaba con el resto, también me insultaba, pero yo no se lo tenía en cuenta. En esos momentos descubrí lo que era la cobardía: ese fue el primer chico que prefería ser cómplice de su que me estaban haciendo para salvaguardar su comodidad. Fueron años en los que me dejaron roto, sin rumbo", revelaba. 

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El fin de la pesadilla

Pero para Miguel todo cambió cuando pudo salir de ese colegio y empezar una nueva vida en otro instituto. Cuenta que los profesores tal vez le aprobaron todo "para quitárselo de encima", pero sea como fuere, a él le salvó prácticamente la vida y le hizo salir de ese infierno vivido durante años. A pesar de haber salido de ahí, Figenti tardó años en superar el bullying y las humillaciones y vejaciones que había sufrido por el único hecho de ser homosexual. "¿Si lo he llegado a superar? Supongo que he aprendido a vivir con ello. Miro atrás y me siento orgulloso de todo lo que he toreado. Al fin y al cabo, me he hecho a mí mismo y no le debo nada a absolutamente nadie, pero las pesadillas se repiten ocasionalmente. Las inseguridades florecen y a veces me retraen", confesaba.

Porque lo que Frigenti vivió le marcó para siempre y solo ahora asegura haber pasado página y hoy ha logrado ser feliz consigo mismo. "Sé que las cicatrices me acompañarán el resto de mi vida", añade. El colaborador afirma que muchos jóvenes, lamentablemente, se han sentido identificados con su historia y le han querido contar sus vivencias o pedir ayuda para superar una infancia o una adolescencia realmente trágica y terrible. "Ningún niño se merece eso, ninguno. Muchos me escriben contándome que están pasando lo que yo pasé, me piden consejo y no puedo evitar ponerme nervioso al verme reflejado en ellos. No soy quien, para dar consejos, menos cuando a día de hoy sigo lidiando con una situación que me destrozó por dentro. Les digo que no callen, y lo más importante, que no se sientan culpables", aconseja Miguel y lanza además un mensaje de optimismo muy necesario para animar a aquellos que pueden estar sufriendo algún tipo de acoso por su condición sexual. 

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"Gran Hermano me salvó la vida"

"Que no son inferiores, y que el sol siempre sale, aunque a veces tarde en hacerlo. Que los sueños se cumplen, y que llorar no es malo, limpia el alma. Que no vivan con miedo, y que no cambien. Al final creces y conoces gente que merece la pena, descubres la verdadera amistad y el verdadero amor, y te lo pasas genial viviendo esas sensaciones que parecían inalcanzables. ¿Es necesario el día del orgullo gay?, sí mientras haya niños rechazados y maltratados por ser como son. Hoy duermo con la conciencia tranquila. Me reafirmaron como persona y me impulsaron a luchar por mis sueños", concluye el colaborador de Sálvame, que el año pasado explicó además que fue a un psicólogo cuando ya tenía 23 años y que Gran Hermano, curiosamente el reality en el que luego ha colaborado, le ayudó en muchos momentos porque siendo aún niño pasaba horas viéndolo y evadiéndose así de su horrible día a día. 

"Gran Hermano me salvó la vida. Me iba a casa de mi abuela a ver el 24 Horas", explicaba en Sálvame en 2020. Hoy Miguel es un joven con una gran personalidad que ha superado muchos de sus miedos y que se muestra tal y cómo es tanto en televisión como en sus redes sociales. De hecho, hoy está orgulloso de ser cómo es y muestra imágenes junto a su chico, con el que lleva ya dos años de relación sentimental, dando buena muestra de que eso que le hicieron los que no le aceptaban, hoy es parte de su pasado. "Lo que me pasó me ha hecho ser quien soy", ha dicho rotundo. 

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