Miguel Fernández "El Yiyo", o el flamenco como estado de ánimo

Álvaro VILLALOBOS
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Se llama Miguel Fernández, se le conoce como El Yiyo y a sus 24 años es en España una de las figuras emergentes del baile flamenco, "una música grande" que él vive como "un estado de ánimo en su totalidad".

El Yiyo debutó el fin de semana en el Teatro Real de Madrid, tras una larga trayectoria que arrancó en su más tierna infancia e incluye algunas incursiones en el mundo de la moda, como rostro de marca para Armani o IKKS, y hasta una aparición en las páginas de Vogue.

Nacido y criado en la ciudad catalana de Badalona, en una familia gitana oriunda de Andalucía, llevó a la capital el espectáculo "El Yiyo y su troupe", una coregrafía de autoría propia creada en su estudio durante el confinamiento la pasada primavera.

A Madrid vino entre otros artistas con su hermano Ricardo, el bailaor "El Tete", y es que el flamenco le viene al Yiyo de familia, tal como cuenta a AFP en el Salón de los Reyes del Teatro Real, rodeado de retratos de monarcas.

"Cualquier alegría en la familia la celebrábamos cantando. Los niños pequeños juegan a cantar y bailar, es algo muy normal, es algo que fui absorbiendo sin darme cuenta desde muy chiquitito".

- Una formación ecléctica -

El Yiyo debutó en sala en Barcelona con apenas siete años, con 11 lideró una gira por Taiwán como cabeza de cartel, y más recientemente, antes del confinamiento primaveral, bailó cuatro meses en el madrileño Corral de la Morería, uno de los templos del flamenco en España.

Todo arrancó cuando de niño, en la boda de un pariente, el bailaor sevillano Manuel Jiménez 'Bartolo' se fijó en él. "Le dijo a mi padre que quería darme clases gratis, porque decía que era un diamante que había que pulirme".

Como referentes, El Yiyo enumera a todos los grandes pasados y presentes, porque el flamenco "es como una cadena" y "de todos los que me gustan intento aprender algo".

Así, se formó viendo videos en Youtube de "los antiguos", como el legendario bailarín Antonio Gades (1936-2004), admirado por su "elegancia", o Carmen Amaya (1913-1963), "genio por excelencia" que revolucionó el baile flamenco y alcanzó fama mundial con sus giras internacionales y sus roles como actriz en Hollywood.

De los actuales, El Yiyo destaca a los bailaores Antonio Canales y Joaquín Cortés, dos mediáticos exponentes nacidos en la década de los 60, y a Farruquito (Sevilla, 1982), con el que presume de haber compartido escenario.

Todo ello completado con una formación en baile clásico y contemporáneo, "para obtener una mayor información sobre la danza", apunta.

El resultado es un baile potente e inspirado, del que hizo gala en el Teatro Real, donde actuó con un sombrero al más puro estilo Michael Jackson -otro de sus maestros- y no se amilanó cuando en pleno zapateado se le rompió un tacón y tuvo que continuar descalzo.

"Mi baile es un estado de ánimo en su totalidad"; es "un baile de fuerza y de intensidad" que transmite "el aire que yo llevo", resume el bailaor catalán.

El Yiyo confiesa que su sueño es tener su propia compañía de baile "y girar por todo el mundo". Por el camino, ha venido experimentando más allá de su arte, bailando en pasarelas de moda: "es algo que no lo he buscado sino que ha venido a mí", y "aprendí mucho".

Y aunque él tira más al purismo, no ve con malos ojos la fusión del flamenco con otros géneros musicales -blues, jazz, rock-, una tendencia renovada últimamente por el fenómeno Rosalía.

"Estoy de acuerdo con que haya variedad, así hay un abanico grande de puristas, de no puristas, y eso hace que el flamenco siempre esté dando de qué hablar".

- Espacios por conquistar -

Con su actuación, El Yiyo inauguró la tercera temporada de flamenco del Teatro Real, que prevé 14 espectáculos más.

Se dice feliz de ver el recibimiento brindado a su arte en esta institución más conocida por la ópera, pero asegura que "falta mucho espacio por recorrer" para que el flamenco "tenga su peso" en escenarios similares al Real, y no se vea como algo de una "minoría".

En lo inmediato, eso sí, habrá que sortear la pesadilla del coronavirus, que ha llevado al cierre de destacados tablaos en España y obligado a cancelar conciertos y festivales. "Un tiempo perdido", lamenta.

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