Miguel Delibes, académico reticente y amante de la lengua

Silvia Hurtado González, Profesora del Departamento de Lengua Española de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Valladolid
·5 min de lectura
<span class="caption">Miguel Delibes en 1998.</span> <span class="attribution"><a class="link rapid-noclick-resp" href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Miguel_Delibes_(1998)_-_2.tif" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:Wikimedia Commons / Fundación Miguel Delibes">Wikimedia Commons / Fundación Miguel Delibes</a>, <a class="link rapid-noclick-resp" href="http://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:CC BY-SA">CC BY-SA</a></span>

En la conmemoración del centenario del nacimiento del escritor Miguel Delibes (Valladolid, 1920-2010) se repasó su vida y su obra, pero apenas se hizo referencia a su faceta de académico de la Real Academia Española. Este 12 de marzo, undécimo aniversario de su muerte, queremos recordar esa faceta.

Delibes fue elegido para ocupar el sillón “e” de la Academia el 1 de febrero de 1973; sin embargo, no pronunció su discurso de ingreso en la docta casa hasta el 25 de mayo de 1975.

Un académico triste

El periódico ABC recordaba este momento con el siguiente titular: “Delibes, el académico más triste que tomó posesión en la RAE

Aquel día, en efecto, Delibes estaba triste. Ángeles de Castro, su mujer, había fallecido el 22 de noviembre de 1974, solo seis meses antes. Se cuenta, en esta noticia de ABC, que Delibes llegó a la ceremonia muy desmejorado, “hasta el punto de que cuando fue a probarse el frac que establecen los cánones académicos en la sastrería, se quedaron asustados, pues jamás habían visto a una persona tan delgada”.

Un académico “muy poco académico”

Su discurso de ingreso, titulado “El sentido del progreso desde mi obra”, que pasa por ser una denuncia de un falso sentido del progreso al no integrar el respeto por la naturaleza, comenzaba con de la siguiente manera:

“Quiero empezar advirtiendo que a pesar de este frac o, quizá sería mejor decir, dada mi escasa afición a estos atuendos, de este disfraz, yo me considero humana y literariamente muy poco académico, al menos en el sentido tradicional de este término. Mis literaturas, deficitarias en tantos aspectos, no son precisamente admirables por su rigor gramatical y me consta, pongo por caso, que mis laísmos y leísmos son tomados a menudo como ejemplos, en algunas universidades, de lo que no es correcto hacer”.

Al principio, Delibes no se muestra seguro de su papel en dicha institución. Esto es lo que respondió en 1980 a la pregunta sobre cuál era su papel en la Real Academia Española:

“Mi papel allí es muy limitado, porque no formo parte de ninguna de las comisiones, que trabajan entre semana, bien y duro. Hasta ahora les he llevado un poco de aire fresco, con mis pájaros sobre todo. Noté, nada más ingresar en la Academia, que faltaban muchos nombres de pájaros comunes aquí en España. Así que he incorporado una treintena de nombres, o alguno más, y ya tengo otros preparados. También puedo aportar muchos vocablos referentes a la cinegética, a la pesca de la trucha, al lance ligero, que es un invento reciente, puesto que antes se pescaba de otra manera. Mediante esta labor me siento un poco redimido de mi escasa asistencia a las sesiones académicas.”

José Guerrero Martín, Encuentros con Miguel Delibes sobre la literatura, sobre la vida. El hombre como preocupación máxima.

En 1983, solo tres años después, la decepción académica de Delibes es total y absoluta.

“(…) no me divierte nada. Hasta el punto de que cada vez voy menos a las reuniones semanales… Para mí es algo inútil porque creo que me llamaron por aquello de que soy un hombre de campo, animales y plantas. Y yo creí al principio que podía hacer un trabajo interesante en este sentido. Pero me equivoqué. Llevo meses con una lista de cuarenta términos para definir otras tantas especies de pájaros para los que no hay definición en el diccionario. Pues bien: solo he podido leer diez y no se ha acordado nada. (…) En fin, que mis compañeros de la Academia están, en términos generales, lejos de lo que a mí me interesa. Por eso no me gusta ni divierte, y estoy decidido a ir menos veces de las que voy.”

Ángeles García, “La última novela de Miguel Delibes. Reivindicar la epístola. Reconstruir el tiempo”, El País, 6/11/1983.

Un académico “de escaparate”

En 1993, se considera tan solo un elemento decorativo en la Academia:

“Yo no soy académico de despacho. El académico es el estudioso de la gramática, la lexicografía, los dialectos. Somos unos cuantos académicos de escaparate que utilizamos el idioma sin el rigor de esos profesionales. Yo procuro escribir correctamente, pero no me fío del todo de que lo haga bien”

Virginia F. Galvin, “Protagonistas. Miguel Delibes: El Cervantes es un premio más bien para viejos”, Tribuna, 29/11/93.

Un académico llorado

Delibes llevaba veinte años sin asistir a ningún pleno de la Academia cuando se publicó la Nueva Gramática de la Lengua Española en 2009 (la primera gramática académica desde 1931). García de la Concha, el entonces director de la Real Academia Española, recordó al inicio del acto que su compañero y académico Arturo Pérez Reverte había propuesto la posibilidad de que un grupo de académicos fuera a Valladolid para celebrar un “plenillo” en el que, cumpliendo con todas las formalidades, trataran algún asunto que Delibes quisiera proponerles. El escritor aceptó con la condición de invitarlos a comer. Al final, como estaba ya muy enfermo (le fue diagnosticado un cáncer de colon en 1998), el pleno se celebró en los locales de la RAE, con asistencia de los reyes y de todos los académicos, el 10 de diciembre de 2009.

A pesar de sus escasas fuerzas, Delibes tuvo a bien dirigir un parlamento de saludo y felicitación que fue grabado en un vídeo que pudo seguirse en la ceremonia de presentación de la mencionada obra académica. Tanto emocionaron sus palabras que el escritor Luis Landero llegó a declarar: “Nunca pensé que iba a llorar en la presentación de la Gramática”.

Delibes murió pocos meses después.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Silvia Hurtado González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.