Mieloma múltiple, el cáncer de la sangre que afecta a los huesos

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Este cáncer poco frecuente y desconocido por la mayoría de la población es la segunda enfermedad hematológica más frecuente, solo superada por el linfoma no Hodgkin; comienza en la médula ósea y afecta a cada uno de forma diferente

El mieloma múltiple es un cáncer que aparece en las células plasmáticas, un tipo de glóbulo blanco que se produce en la médula ósea. La médula ósea es el material esponjoso que se encuentra en el centro de los huesos más grandes del cuerpo, y además es donde se producen todas las células sanguíneas. (Foto: Getty)
El mieloma múltiple es un cáncer que aparece en las células plasmáticas, un tipo de glóbulo blanco que se produce en la médula ósea. La médula ósea es el material esponjoso que se encuentra en el centro de los huesos más grandes del cuerpo, y además es donde se producen todas las células sanguíneas. (Foto: Getty)

El mieloma múltiple (MM) es una neoplasia hematológica incurable que comienza en la médula ósea y se caracteriza por una proliferación excesiva de células plasmáticas, que son una parte clave del sistema inmunológico del cuerpo. En particular, producen anticuerpos (inmunoglobulinas, abreviado Ig) que ayudan al cuerpo a combatir las infecciones.

Cómo ocurre

El mieloma comienza cuando las células plasmáticas sanas cambian y crecen sin control. Ese crecimiento anormal de células plasmáticas afecta principalmente a la médula ósea, aunque existen variaciones clínicas con localizaciones tumorales fuera de la médula ósea, de ahí el nombre de múltiple.

Estas células plasmáticas se vuelven anormales, se multiplican y liberan un tipo de anticuerpo, conocido como paraproteína, que causa los síntomas de la enfermedad, incluido el dolor óseo, infecciones frecuentes o recurrentes y cansancio, un síntoma de anemia.

Es decir que el mieloma generalmente se llama mieloma múltiple porque la mayoría de las personas tienen más de una lesión ósea cuando se diagnostica o las lesiones se desarrollan durante el curso de la enfermedad.

(Foto: iStock)
La destrucción ósea en el mieloma múltiple puede afectar a cualquier hueso, pero los más propensos a estar involucrados son la columna vertebral, el cráneo, la pelvis, las costillas, el húmero , el fémur, y la mandíbula (Foto: iStock)

‘Múltiples’ daños relacionados con los huesos

El MM es un cáncer de la sangre (no de los huesos como a veces parece confundirse) que afecta a los huesos. Les provoca lesiones llamadas “líticas”, que son esos agujeros que en las radiografías pueden verse como zonas ensombrecidas. Hay zonas de los huesos que van perdiendo su contenido en calcio y se debilitan hasta, muchas veces, fracturarse o lesionarse de alguna forma.

Estas lesiones hacen que los huesos sean más débiles y frágiles. Para hacernos una idea, en casos muy avanzados de mieloma, un paciente podría romperse una costilla con un simple estornudo.

Pero aunque esas células plasmáticas malignas tienen el potencial de afectar a muchos huesos del cuerpo, principalmente a los que tienen la médula ósea más activa (columna vertebral, huesos del cráneo, de la pelvis, las costillas, los hombros y las caderas), también pueden causar varios problemas de salud graves que impactan al sistema inmunitario, los riñones y el recuento de glóbulos rojos.

Las fracturas, osteoporosis, y diversos daños relacionados con el esqueleto puede dañar severamente la calidad de vida del enfermo, causando dolor, deformidad, caminar deficiente, discapacidad, o parálisis.

Las principales complicaciones óseas que se presentan en pacientes afectados por el mieloma múltiple son:

  • El dolor

  • La osteopenia (pérdida leve de masa ósea) u osteoporosis (una intensa pérdida de la densidad ósea)

  • El aplastamiento de vértebras

  • Las lesiones líticas

  • Las fracturas

  • La compresión de la médula espinal

  • Hipercalcemia (es tener demasiado calcio en la sangre y esto puede debilitar los huesos, formar cálculos renales e interferir en el funcionamiento del corazón y el cerebro.)

A quién afecta más

El curso típico de la enfermedad incluye periodos de mieloma sintomático seguido por periodos de remisión. Casi 230.000 personas en todo el mundo viven con mieloma múltiple y se diagnostican aproximadamente 114.000 nuevos casos a nivel mundial cada año.

En España hay una incidencia de entre 3-5 casos por cada 100.000 habitantes al año, una cifra que hace que el mieloma múltiple entre dentro de las denominadas como enfermedades raras. Suele afectar predominantemente a personas de edad avanzada, siendo la media de edad 65 años. Solo el 15 por ciento y el 2 por ciento de los pacientes tienen menos de 50 años y 40 años, respectivamente.

Coincidiendo con la celebración del Día Mundial del Mieloma Múltiple, para informar y sensibilizar a la población general sobre esta patología, Celgene, una compañía de Bristol Myers Squibb, con la colaboración de la Comunidad Española de Pacientes con Mieloma Múltiple (CEMMP), ha puesto en marcha la campaña de concienciación social ‘El mieloma múltiple toma la calle’.

El síntoma más frecuente es el dolor óseo, de localización preferentemente en columna vertebral y parrilla costal. Cuando el dolor es súbito indica colapso vertebral o fractura espontánea. Los síntomas incluyen palidez, debilidad, astenia, disnea y palpitaciones, la mayoría provocados por la anemia. (Foto: Getty)
El síntoma más frecuente es el dolor óseo, de localización preferentemente en columna vertebral y parrilla costal. Cuando el dolor es súbito indica colapso vertebral o fractura espontánea. Los síntomas incluyen palidez, debilidad, astenia, disnea y palpitaciones, la mayoría provocados por la anemia. (Foto: Getty)

Durante toda la semana, dos autobuses están recorriendo distintas ciudades españolas para visibilizar el Mieloma Múltiple y acercar información sobre la patología a toda la Sociedad. Además, se ha creado una página web informativa sobre la campaña, que recoge la explicación de esa iniciativa de concienciación, así como más información sobre la patología.

Dónde comienza a notarse

El principal síntoma son los dolores óseos, que presentan el 75 por ciento de los pacientes. Pueden aparecer en cualquier localización, pero los más frecuentes son los que se inician en la columna vertebral y en las costillas. Esto es así porque las células de mieloma crecen en la médula ósea y el hueso cortical, causando daño óseo local o adelgazamiento generalizado del hueso, lo que se denomina osteoporosis. Esto hace que el hueso sea más propenso a romperse.

Pero es importante saber que la médula ósea y la médula espinal no tienen nada que ver. La médula espinal es un largo cordón que se encuentra en el interior de nuestra columna vertebral y es la encargada de transmitir impulsos nerviosos a nuestro organismo. Comunica nuestro cerebro con el resto del cuerpo a nivel nervioso.

La médula ósea, es la fábrica de la sangre. Es una “esponjita” que se encuentra dentro de nuestros huesos (el tuétano) y allí se fabrican las células madre sanguíneas, las que después se convertirán en los diferentes tipos de células de la sangre: glóbulos rojos, plaquetas y glóbulos blancos. Significa que todas estas células madre de la sangre, se irán dividiendo y diferenciando hasta formar todas las células de la sangre.

Cuáles son las señales

Aunque la espalda o las costillas son los lugares más comunes de dolor óseo, cualquier hueso puede verse afectado. El dolor suele ser peor cuando alguien se mueve y por la noche. Si el cáncer está en la columna, las vértebras pueden colapsar, lo que se conoce como ‘fractura por compresión’. En el mieloma múltiple avanzado, una persona puede perder centímetros de su altura debido a la compresión de las vértebras durante el curso de su enfermedad

Otras posibles manifestaciones del mieloma múltiple son consecuencia de la falta de glóbulos rojos (cansancio, debilidad, palpitaciones, mareos) o de la alteración del normal funcionamiento de las plaquetas (fácil aparición de hematomas, sangrado de nariz o encías).

Algunos pacientes con MM no tienen ningún síntoma, pero a otros a menudo se les diagnostica la enfermedad por la presencia de síntomas como problemas óseos, recuentos bajos de células sanguíneas, elevación del calcio, problemas renales o infecciones.

Además, pueden existir pérdida de peso, infecciones frecuentes, fracturas óseas sin una causa evidente, alteración de la función del riñón y, en ocasiones, la aparición de verdaderos tumores de células plasmáticas (plasmocitomas).

No se cura del todo

“El pronóstico de los pacientes con mieloma múltiple varía en función de la edad, del estadio en la detección de la enfermedad, del estado general del paciente, de la presencia de determinadas alteraciones citogenéticas, de si presentan insuficiencia renal grave y, sobre todo, de si responden al tratamiento”, explica la Dra. María-Victoria Mateos, directora de la Unidad de Mieloma del Hospital Universitario de Salamanca.

Actualmente, la supervivencia global ha variado mucho desde el inicio del tratamiento, pasando de un promedio de unos 7 meses a más de cinco años. Según la especialista, “los nuevos fármacos y las nuevas combinaciones, además de un mejor conocimiento sobre la biología de la enfermedad, están haciendo mejorar el pronóstico de los pacientes con mieloma múltiple”.

La finalidad del tratamiento es siempre destruir las células tumorales y frenar la evolución de la enfermedad, contribuyendo a mejorar los síntomas. De este modo se conseguirá el objetivo, “que los pacientes vivan el mayor tiempo posible con la mejor calidad de vida, sin descartar la posibilidad de la curación, aunque se necesita todavía más investigación y que los ensayos clínicos en marcha tengan un seguimiento más largo”, señala la Dra. Mateos.

Aunque el tratamiento puede lograr la remisión, por desgracia, la mayoría de los pacientes acaban sufriendo una recaída porque en la actualidad no hay curación. El MM refractario se define como la progresión de la enfermedad en los 60 días siguientes al último tratamiento.

La recaída se define como la reaparición del cáncer tras un periodo de remisión parcial o completa inicial. después del tratamiento con los tratamientos habituales, como inhibidores de la proteasa e inmunomoduladores, tienen un pronóstico desfavorable y requieren nuevos tratamientos para mantener el control de la enfermedad.

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