El miedo al retorno de la violencia étnica en Bosnia-Herzegovina

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Valérie Gauriat, periodista de Euronews, narra en primera persona su experiencia al realizar el reportaje de este nuevo episodio de Euronews-WITNESS en tierras balcánicas.

Unas semanas después de mi regreso de Ucrania, cuando la mayoría de los medios de comunicación extranjeros habían reducido su presencia en el país, devastado por la guerra, me pidieron que investigara las especulaciones de la comunidad internacional sobre los posibles daños colaterales del conflicto.

En particular, había aumentado el temor de que la violencia interétnica pudiera extenderse a los Balcanes Occidentales, empezando por Bosnia-Herzegovina. Preocupaciones alimentadas por las repetidas reivindicaciones de los dirigentes políticos de la comunidad serbia del país, de separarse de las instituciones del Estado.

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Edificio semidestruido que muestra las señales de la denominada 'Guerra de Bosnia', en Bosnia-Herzegovina. - Euronews-WITNESS

Al aterrizar en Sarajevo, la capital de la nación, me sedujo la idea de volver a encontrarme con comunidades a las que había visto pasar por muchos cambios y desafíos durante mis reportajes a lo largo del tiempo, desde el final de la ‘guerra de tres años’, en 1995. Sabía que las normas impuestas desde los Acuerdos de Dayton no siempre eran fáciles de cumplir por las comunidades bosnia, croata y serbia de Bosnia-Herzegovina, y que los problemas estaban lejos de resolverse.

Pero… quería conocer, de primera mano, si las tensiones eran realmente tan graves como los medios de comunicación y los líderes políticos locales daban a entender, y hasta qué punto los ciudadanos estaban dispuestos a pasar por un nuevo episodio de violencia, después de todo lo que habían soportado durante el conflicto más sangriento del siglo XX en suelo europeo, desde la Segunda Guerra Mundial.

Serbios, bosnios y croatas trabajan juntos y sobreviven juntos

Las autoridades crean divisiones, confusión, juegan con el miedo, y empujan a la gente a replegarse en sus grupos étnicos y en las posturas que mantenían en 1992.

"Esto ayuda a los políticos a mantenerse en sus puestos, y a abusar del Estado, mientras la gente solamente intenta sobrevivir y llegar a fin de mes", me contaba Ervin Blažević, que lleva años haciendo campaña por la reconciliación. Se trata de un bosnio que ha retornado a la pequeña ciudad de Kozarac y reside en ella, en territorio de la República Srpska, la zona de Bosnia-Herzegovina dirigida por los serbios.

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Ervin Blažević, activista que lleva años haciendo campaña por la reconciliación en Bosnia-Herzegovina (vestido con una camiseta roja), conversa con varios vecinos. - Euronews-WITNESS

El principal problema del lugar es el desempleo, señala, que hace que decenas de jóvenes abandonen el país. Las preocupaciones étnicas entran en escena, añade, ya que pocos bosnios pueden encontrar trabajo en las empresas y servicios públicos, bajo la administración serbia de la cercana ciudad de Prijedor, de la que depende Kozarac.

Antiguo prisionero en uno de los tristemente conocidos ‘campos de concentración’ de la zona, suspira mientras me lleva de vuelta a los siniestros barracones en los que pasó un tiempo. "Aquí no hay ningún cartel que diga que esto fue un ‘campo de detención’, y las autoridades de Prijedor se niegan a reconocer los crímenes que se cometieron aquí contra los bosnios y croatas", indica.

Un punto de fricción entre comunidades, que ha sido retomado por los grupos ultranacionalistas. Nikola Dabić es un artista serbio de 28 años, cofundador de uno de estos grupos, llamado ‘Self-Respect’. Dabić denuncia la negación por parte del mundo occidental de los crímenes de los extremistas 'ustashas' croatas contra los serbios durante la Segunda Guerra Mundial, y culpa a los ‘musulmanes croatas’ de haber iniciado la guerra en la década de 1990. "La paz llegará cuando la otra parte admita, por fin, que se ha equivocado, que ellos también se equivocaron. No podemos ser los únicos malos de la historia. ¡No somos los únicos malos!", grita, dudando de que vaya a transmitir sus palabras.

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El artista serbio Nikola Dabić, cofundador del grupo ultranacionalista ‘Self-Respect’, observa una de sus creaciones. - Euronews-WITNESS

Sentimientos, sin duda, avivados por el creciente resentimiento ante el hecho de que la candidatura de Bosnia-Herzegovina a la Unión Europea aún no ha sido aceptada, mientras que el bloque comunitario tardó solamente unos meses en conceder a Ucrania el estatus de nación candidata.

"No solamente Bosnia-Herzegovina, sino todos los países de los Balcanes Occidentales han sido abandonados por la Unión Europea", sugiere el teniente de alcalde de Prijedor, antes de añadir: "Nunca hemos tenido la oportunidad de arreglar nuestras relaciones por nuestra cuenta, sin que nos impongan soluciones desde fuera".

Una referencia directa a la autoridad del alto representante de la comunidad internacional en Bosnia-Herzegovina.

En virtud de los Acuerdos de Dayton, tiene el poder de imponer leyes, cambiar las instituciones o destituir a los políticos locales, tanto en el Gobierno central como en las dos entidades del país: la Federación de Bosnia-Herzegovina, habitada principalmente por bosnios y croatas, y la República Srpska, mayoritariamente habitada por serbios.

"Cuando haya actos razonables en este país, y todas las entidades políticas asuman sus responsabilidades, no habrá más injerencias", respondió el alto representante Christian Schmidt", a quien le transmití el comentario. "Mi mensaje es: queridos colegas, haced vuestro trabajo. Trabajad por vuestro país, y por la integración europea, y todo irá bien. Mientras no lo hagáis, ¡tendréis que lidiar conmigo!", afirma.

Plagado de corrupción política y de un sistema judicial disfuncional, el país está lejos de cumplir con las condiciones establecidas por la Unión Europea para iniciar el proceso de integración.

Otro motivo de descontento con el que juega el líder político serbio para justificar sus pretensiones secesionistas.

Aspiraciones que, sin duda, se pondrán a prueba en las elecciones nacionales previstas para el próximo mes de octubre.

Termino mi viaje en Srebrenica, donde Jovana Zekić, una serbia de 34 años, vive desde que era niña. Dentro y fuera de una asociación, lleva años intentando encontrar los restos de su padre, asesinado durante la guerra, y desaparecido, como muchos civiles.

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Jovana Zekić, activista que lleva años intentando encontrar los restos de su padre, que fue asesinado durante la guerra, y que permanece desaparecido. - Euronews-WITNESS

Pero… su principal preocupación es asegurar un futuro en paz para sus cuatro hijos. Cuando se le pregunta si comparte la preocupación por un posible resurgimiento de la violencia étnica en el país, y si le gustaría que la República Srpska se retirara de las instituciones del Estado, deja de lado ambas cuestiones.

''Hay cosas con las que la gente nunca estará en paz, mientras viva", declara. “Pero, en general, las comunidades conviven, de forma muy normal. Personalmente, creo que la raíz del problema es la política. Las personas son las que sufren los daños colaterales”, añade.

"No me preocupa si debo vivir en Bosnia-Herzegovina o en una República Srpska independiente. De cualquier manera, no creo que nada cambie", concluye.

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