Del miedo en Kabul al alivio en Andalucía: “Nos gusta mucho la ciudad, la gente, todo”

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Hujjat (en el centro, en el suelo), con sus compañeros de clase de la Facultad de Odontología de Santiago de Compostela, en 2017. (Photo: CEDIDA)
Hujjat (en el centro, en el suelo), con sus compañeros de clase de la Facultad de Odontología de Santiago de Compostela, en 2017. (Photo: CEDIDA)

Hujjat no sabía decir ni “uno, dos, tres” en español cuando en 2017 llegó a Santiago de Compostela desde Kabul para hacer un año de Odontología en la facultad. Al terminar el curso retornó a Afganistán, y hasta el pasado 26 de agosto no había vuelto a pisar España. Esta vez, llegó a Torrejón de Ardoz, y ahora sí sabe hablar perfectamente el idioma, aunque el joven de 22 años responda con modestia que “genial no, pero no está mal”.

Hujjat es una de las 2.181 personas que entre el 19 y el 27 de agosto llegaron desde Afganistán a Torrejón en 17 aviones fletados por el Gobierno español. Los recuerdos de las tres últimas semanas se amontonan en su cabeza, y en su memoria se cruzan fechas y momentos clave. El “horror” de la espera en las inmediaciones del aeropuerto de Kabul, donde permaneció con su familia durante horas, la adrenalina al subir por fin al avión, el alivio al enterarse de que se habían librado de milagro de los atentados que hubo en el aeropuerto, la espinita de que sus padres no volaran con él, la incertidumbre al llegar a Torrejón y, por fin, la gratitud al verse asentado en el que será su destino durante al menos los próximos seis meses: un piso de la fundación Cepaim en una provincia andaluza que prefiere no desvelar por seguridad.

“Todo perfecto, no hemos tenido ningún problema”

Hujjat vive ahí “desde hace cuatro o cinco días” con sus cuatro hermanos y hermanas, su cuñado y su sobrino. Aunque él habría preferido un destino gallego, el sur también le está gustando. “Nos dijeron que esta era la única opción, y nos gusta mucho. La ciudad, la gente, todo”, cuenta. “Todo perfecto, no hemos tenido ningún problema”, reitera el joven.

Él es el segundo de cinco hermanos. En Kabul ha dejado gran parte de sus enseres, su acreditación universitaria, sus amigos, sus compañeros y, sobre todo, a sus padres. “Ellos no quisieron venir. Son un poco viejitos, y creo que les dio miedo no poder integrarse con el idioma y la cultura”, dice Hujjat. Por lo poco que ha podido hablar con ellos estos días sabe que están “muy nerviosos”, pero “bien”.

Mis padres no quisieron venir. Son un poco viejitos, y creo que les dio miedo no poder integrarse con el idioma y la culturaHujjat

Hujjat es el único de su familia que habla español; sus hermanos y su cuñado ya han empezado las clases que les ofrece Cepaim, una de las entidades sociales dependientes del Ministerio de Inclusión encargadas de gestionar la acogida de los refugiados afganos. En el siguiente vídeo se ve a Hujjat dando las gracias a su llegada a Torrejón:

Hasta dos años en el sistema de acogida

Raquel Barón es la coordinadora estatal del área de Acogida Humanitaria y Protección Internacional de Cepaim, y una de las personas que ha estado en contacto directo con las familias desde su llegada a Torrejón. En su caso, las fechas también se suceden rápidamente. El Ministerio se puso en contacto con ellos el jueves, 19 de agosto; el día 21 ya tenían montado el dispositivo de Torrejón para gestionar las llegadas y, después de una semana trabajando 12 horas al día, el viernes 27 la Operación Antígona llegaba a su fin, pero no el proceso de acogida a los centenares de afganos, que no había hecho más que empezar.

A su llegada, las familias hicieron un manifiesto de voluntad de solicitar protección internacional, lo que les permite entrar en un sistema en el que las entidades sociales trabajan con ellas durante un periodo de entre 18 y 24 meses, según su estado de vulnerabilidad.

Es decisión del Ministerio de Interior que las solicitudes de asilo se tramiten por la vía de urgencia

De los 1.783 afganos que han solicitado protección internacional en España, 241 están en pisos de la fundación Cepaim, donde estarán durante los próximos seis meses, o hasta que se resuelva su expediente de asilo. El Ministerio del Interior ha expresado a El HuffPost su “decisión” para que estos “se tramiten por la vía de urgencia”, pero reconoce que “no es posible hacer una estimación global de la duración” de este trámite.

De acuerdo con el sistema de acogida español, después de esos seis primeros meses, y si se les concede el asilo, esas personas pasan a estar “semituteladas”; reciben una ayuda para cubrir su alojamiento, que ellas se encargan de buscar, y el resto de sus necesidades siguen cubiertas hasta cumplirse los 18 meses de su llegada.

Si se les deniega la solicitud de protección internacional, salen “inmediatamente” del sistema, explica Barón. Según datos de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), tres de cada cuatro solicitudes son denegadas. Barón espera que en este caso sea distinto.

16 comunidades implicadas

En Cepaim tienen un total de 1.021 plazas que con la llegada de los refugiados afganos están “casi” cubiertas. El trabajo de las organizaciones para evitar que los evacuados pasaran más de 48 horas en el dispositivo temporal de Torrejón ha sido extenuante, pero tanto el Gobierno como las entidades sociales están convencidos de que ha merecido la pena.

Desde Torrejón, se han realizado 1.672 derivaciones a 16 comunidades autónomas. Castilla y León es la que más personas tiene acogidas, 249. Le siguen Cataluña (208), Andalucía (188) y Aragón (179). Madrid ha acogido a 167 personas, y sólo Canarias se ha quedado fuera de este ‘reparto’ por su compleja situación en la acogida de migrantes que llegan a sus costas.

“Desorientados” y “preocupados” al llegar a España

Este jueves, el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, detalló que España había acogido a 420 familias afganas, que la edad media de las personas es de 22 años y que un tercio de ellas tiene menos de 15. Son “personas jóvenes que se van a formar en el sistema educativo español”, y cuya capacidad de integración tiende a ser “superior”, reconoció Escrivá.

En la base de Torrejón los trabajadores se encontraron a los refugiados afganos “desorientados”, sin saber “con quién iban a vivir, dónde, o si sus necesidades iban a estar cubiertas”, relata Barón. Organizaciones como Cepaim, Cruz Roja, CEAR, Accem, Red Acoge y San Juan de Dios se encargaban de tranquilizarlos. “Las familias que tienen menores se preocupan por el futuro de sus hijos, por si van a poder ser escolarizados, por temas sanitarios, y nosotras les decimos que no se preocupen porque todas sus necesidades van a estar cubiertas”, explica Barón.

Las entidades sociales también se encargan de los trámites una vez que estas personas llegan a su destino, desde el empadronamiento en los ayuntamientos hasta la gestión de la tarjeta sanitaria y la escolarización de los menores.

Las familias se preocupan por el futuro de sus hijos, y nosotras les decimos que no se preocupen porque todas sus necesidades van a estar cubiertasRaquel Barón, Fundación Cepaim

Hujjat confía en que su sobrino pueda comenzar este curso con normalidad, pero no tiene tan claro que él pueda retomar sus estudios de Odontología con la misma facilidad. Este era su último año de Universidad en Kabul, pero el caos se apoderó del país en los últimos meses con la toma de los talibanes, y él tuvo que “dejarlo todo”. “Tampoco tengo mis documentos de la Universidad, porque está cerrada”, lamenta el joven estudiante. “Estoy esperando a que se abra, y si consigo mis documentos, creo que podré seguir mis estudios aquí en España, pero hasta ahora, no tengo nada”, cuenta.

Hujjat mantiene todavía el contacto con sus compañeros de la Universidad de Santiago, que consiguieron más de 52.000 firmas en una petición de change.org para traerlo desde Kabul. Este lunes espera poder ir a verlos a Galicia y darles personalmente las gracias. Él, que antes de 2017 “no sabía mucho de España”, más allá del fútbol y de su “curiosidad” por conocer “la cultura y la gente”, ya puede decir que lleva consigo un trocito del norte y un trocito del sur.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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