MidCat, las claves de una oportunidad histórica para España

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Imagen de archivo de la planta regasificadora de Barcelona, en el Muelle de la Energía. (Photo: JOSEP LAGO via AFP via Getty Images)
Imagen de archivo de la planta regasificadora de Barcelona, en el Muelle de la Energía. (Photo: JOSEP LAGO via AFP via Getty Images)

Imagen de archivo de la planta regasificadora de Barcelona, en el Muelle de la Energía. (Photo: JOSEP LAGO via AFP via Getty Images)

Ante la amenaza del chantaje energético de Moscú a la Unión Europea y un eventual cierre del grifo del gas natural ruso ha resurgido con fuerza una palabra con ecos en el pasado: MidCat. Se trata del frustrado proyecto para construir un gasoducto desde España hasta Francia por los Pirineos. O, en otras palabras, la oportunidad de oro para nuestro país de convertirse en el gran suministrador comunitario de este recurso estratégico.

Sin embargo, ni es oro todo lo que reluce ni tan fácil es materializar una infraestructura de esta magnitud. Mientras los Veintisiete se afanan en llenar cuanto antes las reservas de gas antes de que el invierno se eche encima, surgen varias incógnitas sobre esta suerte de as en la manga de cara al futuro del suministro energético de la Unión.

¿Es viable y rentable recuperarlo? ¿Cuenta con suficientes apoyos entre los socios comunitarios? Y lo más importante: ¿Qué supondría realmente para España y para la UE? Estas son las claves de un proyecto que dará mucho que hablar en los próximos meses y que pondrá a prueba las aspiraciones nacionales de dar un paso adelante en un momento histórico para exprimir al máximo el potencial energético.

¿Qué es el MidCat?

Tras el nombre de MidCat se halla el megaproyecto para materializar un gasoducto que conecte España con Francia a través de Cataluña. No se trata de una idea solo sobre el papel, puesto que las tareas de construcción llegaron a ponerse en marcha con importantes logros. De hecho, España ha hecho buena parte de los deberes.

La infraestructura en la parte española transcurre por el Mediterráneo desde la ciudad argelina de Orán hasta Almería, pasando por la estación murciana de Cartagena hasta unir Barcelona con Hostalric. Precisamente, es en la comarca de Girona donde el proyecto quedó varado. Lo hizo en 2019 por varios motivos.

El primero, y determinante, fueron las objeciones que pusieron los reguladores de España y Francia y que terminaron por suspender el proyecto. La Comisión Nacional de Mercado y la Competencia (CNMC) y la Commision de Régulation de l’Énergie (CRE) anunciaban las razones en una declaración conjunta. Principalmente, por el elevado coste, falta de interés en el mercado o la transición a energías limpias que iba a recorrer Europa -antes de declarar el gas y la nuclear energía verdes, claro-.

La otra razón de la paralización del proyecto fue la movilización ciudadana y ecologista con la que se topó y que fue escuchada también en el plano político. El 23 de enero de 2018 la Diputación de Girona aprobó una moción de la CUP en contra de la construcción del MidCat, que apoyaron ERC y el PSC con la abstención del PdeCat, según recogió El País.

Gráfico con la infraestructura gasística en Europa. (Photo: EP DATA)
Gráfico con la infraestructura gasística en Europa. (Photo: EP DATA)

Gráfico con la infraestructura gasística en Europa. (Photo: EP DATA)

¿Por qué resucitar ahora el proyecto?

Si hay un término que no ha dejado de salir a colación ante cualquier eventual duda sobre el suministro de gas es el de ‘socio fiable’. Da igual que se trate del Kremlin asegurando que no faltarán a su palabra a pesar de las sanciones por invadir Ucrania. O del Gobierno de España garantizando que no habrá cambios ante los últimos conflictos con Argelia tras el cambio de la postura española respecto al Sáhara Occidental.

La realidad es que Rusia ya no es considerado ni como socio ni como fiable, a pesar de que su gas sigue fluyendo a Europa. A la pregunta de por qué se quiere resucitar ahora el MidCat se podría responder con otra incógnita. ¿Por qué no haberlo hecho hace dos años? La razón es el potencial con el que cuenta España a nivel de almacenaje y regasificación, el mayor de toda Europa. Nuestro país cuenta con un tercio (35%) de la capacidad de almacenamiento de gas natural licuado (GNL), contando también a Reino Unido. Es decir, el que llega por vía marítima en buques metaneros y después es procesado en algunas de las seis centrales españolas.

Sin embargo, todo esto sirve de poco ante la falta de grandes interconexiones con Francia, lo que genera un cuello de botella. Y, concretamente, ése es el problema que se solventaría completando el tramo que resta del MidCat.

¿Quiénes apoyan el proyecto y quiénes se oponen?

Que los mayores temores a un hipotético corte del gas ruso vienen de los países del norte de Europa es algo que ha quedado claro en los últimos meses. Con todo, el primer país en volver a poner sobre la mesa el MidCat fue España. Lo hizo a través de una propuesta del Gobierno a la Comisión Europea en la que además de plantear compras conjuntas de gas -un mecanismo similar al empleado para las vacunas contra el coronavirus- se ofrecía la reactivación del proyecto.

Sin embargo, lo que de verdad ha puesto en el punto de mira al MidCat fueron las recientes declaraciones del canciller federal alemán, Olaf Scholz, en las que anunció que impulsará la construcción un gasoducto que aumente el suministro desde Portugal a España hasta la zona central de Europa. No se trata de un brindis al sol, sino que el dirigente germano reconoció el error de la apuesta por el NordStream 2, el fallido gasoducto con Rusia, cuya certificación fue suspendida por Berlín en plena escalada bélica. También precisó que llevaría la propuesta a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y a Francia.

No obstante, el principal obstáculo que debe sortear el MidCat no son los Pirineos sino lo que hay al otro lado. El Gobierno francés representa el mayor impedimento a que este proyecto se lleve a cabo. Prueba de ello ha sido el último pronunciamiento del Ejecutivo de Macron, que enfrió las expectativas. Sus principales argumentos para el rechazo pasan por el largo tiempo que llevaría completar la construcción y dar respuesta a la actual crisis energética, pero también que se socavarían los objetivos comunitarios de la lucha contra el cambio climático.

Esta última afirmación choca frontalmente contra la apuesta firme por la energía nuclear en Francia. Algo lógico para el país que más electricidad produce en todo el mundo a partir de este sistema. Desde París prefieren otra opción para el gas: construir terminales para buques cargados de gas natural procedentes de los países del golfo Pérsico o de Estados Unidos.

¿Cuánto costaría terminarlo y cuánto tiempo llevaría?

Actualmente, quedan por construir 226 kilómetros de tuberías desde la localidad catalana de Hostalric hasta la francesa Barbaira. El baile de cifras de lo que supondría económicamente se traduce en una horquilla de 450 a 500 millones de euros. Una cuantía que España quiere que sea sufragada con fondos europeos, tal y como defendió la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera.

Según la información recabada por TVE, los 107 kilómetros que habría que construir hasta Figueres, tendrían un coste de 151,6 millones de euros. Desde allí a la localidad francesa de Barbaira habría que instalar 120 kilómetros de tuberías por valor de 290 millones de euros. Por su parte, la patronal catalana de Foment de Treball llegó a cuantificar estos gastos en unos 500 millones de euros.

Sobre cuánto se tardaría en completar esta interconexión gasística tampoco hay un plazo fijo. La propia Ribera calculó que podría estar lista en ocho o nueve meses, pero desde Treball preveían un horizonte a más largo plazo. Entre dos y tres años. Y si el cálculo lo hace París, la perspectiva se parece más a la anterior: “Este proyecto tardaría años en ser operacional y no respondería a la crisis actual”.

¿Qué supondría para España y para la UE?

Actualmente, España sólo tiene dos interconexiones con Francia, la de Larrau (Navarra) y la de Irún (Guipúzcoa), que permiten suministrar cerca de 8 bcm anuales (8.000 millones de metros cúbicos) de gas natural. Con el MidCat se podría llegar a 17 bcm, es decir, el doble.

¿Significa esto que se arreglarían de un plumazo todos los problemas futuros de suministro de la Unión Europea? La respuesta corta es no. Según ha explicado el analista Daniel Gil a 20 Minutos: “Los cálculos que se han hecho nos dicen que el MidCat, a máximo rendimiento, puede cubrir el 2,5% de las necesidades energéticas de la UE”.

¿Por qué entra en juego el hidrógeno verde?

La clave de la apuesta por resucitar el MidCat coincide con uno de los argumentos de España para hacer valer la necesidad del proyecto a ojos de la UE. El propio Pedro Sánchez lo dejó muy claro desde el principio. El objetivo del Gobierno no pasa porque el futuro de esta infraestructura esté supeditado solo a un recurso que tiene fecha de caducidad. La idea es que el MidCat también sirva para transportar hidrógeno verde.

Considerado como uno de los potenciales candidatos a sustituir a los combustibles fósiles, el hidrógeno verde es un combustible limpio que permite almacenar y emplear energía procedente de fuentes renovables. Se obtiene mediante el proceso de laelectrólisis del agua impulsada por energía eléctrica renovable.

Cabe destacar que en el marco de los proyectos estratégicos para la recuperación y transformación económica (PERTE) que ha impulsado el Gobierno a través de los fondos Next Generation, el de energía renovables cuenta con una partida de 1.600 millones solo para el hidrógeno verde.

El argumento de que el MidCat es la opción perfecta para transportar este combustible será uno de los que el Gobierno esgrimirá en la crucial cumbre que tendrá lugar en Fráncfort el próximo mes de octubre. Un encuentro en el que Sánchez y Scholz abordarán la conexión gasística de la península ibérica con el norte de Europa. Y, probablemente, también el desenlace de este proyecto.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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