"¡¡Mi hija no se va a quedar encerrada en casa!!", la reacción de un padre tras el positivo por Covid de su hija.

Carme Chaparro
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Llegando a casa, anoche, pasé junto a un botellón. Unos doce adolescentes, sentados en la acera, sin mascarilla, pasándose de uno a otro las botellas de alcohol y refrescos, los cigarros y los vasos.

Y el coronavirus dando palmas con las orejas.

Un grupo de adolescentes practica el botellón en un parque público de Majadahonda.   (Photo by Miguel Pereira/Getty Images)
Un grupo de adolescentes practica el botellón en un parque público de Majadahonda. (Photo by Miguel Pereira/Getty Images)

Hoy, la doctora de mi centro de salud me cuenta, muy enfadada, la conversación telefónica que acaba de tener con el padre de una chica de 17 años que acaba de dar positivo en el test rápido de coronavirus.

  • Mire, soy X, la doctora del centro de salud X. Su hija acaba de dar positivo en el test de coronavirus.

  • ¿Mi hija con coronavirus? Si no tiene ningún síntoma.

  • Sí, es asintomática, pero le acabamos de hacer la prueba y ha dado positivo. Por precaución no puede salir de casa.

  • ¡¿Cómo que no puede salir de casa?! -contesta el padre, alzando la voz-.

  • Está infectada, señor, y no puede salir de casa para no contagiar a nadie. Ustedes también deberían tomar precauciones, y no estar en contacto con ella para que no les contagie.

  • No voy a dejar a mi hija encerrada en casa.

  • Señor, es un problema de salud pública. Su hija es asintomática pero tiene el virus, y puede contagiar a muchas personas que a su vez contagiarían a otras. Y puede morir gente. Tiene que quedarse en casa.

  • ¡¡Mi hija no se va a quedar en casa!! -grita el padre-. ¿Qué se ha creído usted? Mi hija tiene todo el derecho del mundo a salir. Usted no la va a encerrar. Esto no es una dictadura. Mi hija va a salir de casa cuando le de la gana.

El padre cuelga. Y la doctora, estupefacta, se queda paralizada. Minutos después me la encuentro por los pasillos del centro de salud, y me cuenta la historia, todavía sin poderse creer lo que le acaba de pasar.

  • Viven en un chalet, ¿sabes? Viven en un chalet enorme con piscina, me lo ha contado la chica. ¿Te imaginas? Estar en una casa así, como si fueran unas vacaciones, cuando millones de españoles han pasado meses encerrados en pisos pequeñísimos, sin luz del sol, un montón de personas. ¿Cómo se puede ser tan egoísta como este padre? ¿Qué pasará con las personas a las que contagie, con los padres o abuelos de su pandilla a los que transmita la Covid? ¿Qué pasará cuando tengan que ingresar en la UCI? ¿Qué pasará si alguno muere? Pero a ese padre le da igual, lo importante es que su hija salga y se lo pase bien.

¿Cómo se puede ser tan egoísta? Egoísta hasta el punto de jugar con la vida de las personas y con un nuevo brote que se extienda hasta obligar a confinar a todo un país. Porque así empezó la Covid, con una sola persona que se infectó en la otra punta del mundo.

¿Qué hacemos con ellos?

¿Debería ser el gobierno más duro? Quizá es momento de empezar a multar en serio a todos los que no cumplen con las medidas con las que pretendemos salvarnos todos. Porque os aseguro que si el virus se cebara con niños y adolescentes nuestros abuelos se quedarían en casa el tiempo que hiciera falta.