“Mi casa se la llevará el mar”: el grito desesperado de los vecinos de una barriada de Algeciras

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Varias vecinas de la barriada de El Rinconcillo, Algeciras. Foto Fernando Ruso
Varias vecinas de la barriada de El Rinconcillo, Algeciras. Foto Fernando Ruso

Lo que más valoró Álvaro Urios, un vecino ya jubilado de 67 años de Algeciras, cuando compró su casa hace 35 años, fue la cercanía con el mar. Tanto a él como a su mujer, también a los cuatro hijos que llegaron después, les gustaba salir a bañarse en el Atlántico siempre que el sol calentaba la orilla. La vivienda, de dos plantas, cuatro dormitorios, salón, cuarto de baño, cocina, patio y una terraza, está a primera línea de costa. Desde su dormitorio ve cómo se lanzan las gaviotas al mar para buscar alimento. Nadie en la casa concibe dormir sin el sonido de las olas rompiendo en la orilla. Un sonido que cada vez oyen más y más cerca y que en vez de facilitar el sueño, lo impide. La playa de El Rinconcillo está desapareciendo. Los días de severa marea alta las aguas rozan sus fachadas, para temor de quienes viven tras de ellas. Y nadie pega ojo. Si nadie hace nada, sentencia Álvaro: “Mi casa se la llevará el mar”.

Todos en El Rinconcillo señalan a unas obras en el vecino puerto de Algeciras como las causantes de la progresiva desaparición de la playa. En poco más de diez años, el ancho de arena ha pasado de 115 metros a apenas cuatro. El agua ya está llamando a sus puertas, por eso se han unido en una plataforma que reclama que se construyan unos diques sumergibles que reordenen las dinámicas de las mareas y evitar así la drástica desaparición de la playa.

“El agua avanza cada año unos cinco metros, y no sé si aguantaremos el invierno”, asegura Álvaro, que lleva años litigando con las administraciones para que pongan remedio a un problema que afecta a al menos 2.000 personas en Algeciras. De momento, su familia se las ha apañado poniendo sacos de arena frente a su fachada y pidiéndole, en momentos de máximo apuro, al ayuntamiento de la localidad que mueva algo de arena para retardar el avance de las olas. Pero la necesidad de una solución radical es acuciante, tanto para él como para sus vecinos.

Una pintada de los vecinos en un muro en plena playa de El Rinconcillo.  Foto Fernando Ruso
Una pintada de los vecinos en un muro en plena playa de El Rinconcillo. Foto Fernando Ruso

“En mi casa no ha entrado, pero en la de mis vecinos sí”, asegura el sexagenario, que sigue viviendo con su mujer y tres de sus cuatro hijos. “La mayor, de 36 años, se independizó; y a ver si no nos tenemos que ir a vivir con ella”, lamenta.

“Esto te come los nervios”

Cuenta Álvaro que las noches de marea alta las pasa en vela y que vive pendiente a la tabla de mareas. “Esto te come los nervios”, afirma. “Tenemos insomnio —insiste—, el agua no nos deja dormir”.

—¿Y se plantea irse?

—¿A dónde? Todos los ahorros los he echado en esa casa. No puedo quitarme de en medio. Procuraré aguantar, no sé cuánto, pero no me puedo permitir abandonar el barco.

El barco al que Álvaro hace alusión tiene férreas anclas en tierra firme. Pero su casa no dista de otras que ya han desaparecido. Poco antes del verano de 2019 cayeron por su propio peso cuatro viviendas en la zona. El agua había entrado en los cimientos y la estructura cedió. Durante mucho tiempo, esos escombros han estado ahí, recordándole a los vecinos el futuro que les depara si no mueven ficha.

Hay quienes viven solo los meses de verano y quienes residen en El Rinconcillo durante todo el año. Algunas de esas casas se encuentran en una situación de ilegalidad según la ley de costas del año 1989. Otras cuentan con todos los parabienes de la ley: escrituras, pagan su contribución y demás impuestos. Tanto para uno como para otros la situación es insostenible, y se lamentan por los años perdidos sin haber elevado el tono de sus protestas.

“Vamos muy tarde”

“Hacemos autocrítica, somos conscientes de que ya vamos muy tarde, porque el deterioro se ve desde hace ocho años de forma más intensa; no hemos tenido la capacidad de organizarnos, y ya no hay margen”, lamenta José Manuel Serrano, portavoz del movimiento Salvemos El Rinconcillo, una plataforma vecinal surgida hace escasas semanas que pretende tomar cartas en el asunto para evitar lo que parece ya inevitable.

Una calle y una casa a pie de playa que han sufrido derrumbes por acción de la marea. Foto Fernando Ruso
Una calle y una casa a pie de playa que han sufrido derrumbes por acción de la marea. Foto Fernando Ruso

La playa de El Rinconcillo es una de las cuatro playas que en su día tuvo Algeciras. De esas cuatro hoy solo perduran dos, y una corre riesgo. La primera en desaparecer fue la de Los Ladrillos, por culpa de una operación urbanística por la que una carretera de dos carriles se convirtió en una de cuatro. Y porque antes de esa actuación se empezaron a sacar por esa parte de la costa las aguas negras de la ciudad. Después desapareció la de El Chorruelo, que se perdió por una expansión portuaria.

La de El Rinconcillo es una playa familiar. Es poco profunda y muy frecuentada a diferencia de la de Getares, muy temida en otros tiempos por los lugareños por estar abierta al Estrecho de Gibraltar. No fue hasta los años setenta cuando los bañistas empezaron a mudarse en masa a ella. En la de El Rinconcillo además hay 113 hectáreas protegidas del paraje natural Marismas del Río Palmones, decisivas para las aves que emigran por el Estrecho.

Lo que hasta hace pocos años fue un cordón dunar que transcrurría en paralelo a la desembocadura del río Palmones, que separa Algeciras de Los Barrios, se ha convertido en apenas un hilo, roto por varios sitios, que tiene dos consecuencias. “Por una parte afecta a toda la fauna que cruza el Estrecho; por el otro, por esas zonas en las que no hay dunas se cuelan todoterrenos que llegan hasta la orilla y ya hemos visto alijar ahí a los narcotraficantes”, apunta Serrano.

Vecinos de la barriada de El Rinconcillo, Algeciras. Foto Fernando Ruso
Vecinos de la barriada de El Rinconcillo, Algeciras. Foto Fernando Ruso

En la agenda de la plataforma está mantener tres reuniones claves. La primera, con el ayuntamiento de Algeciras, sin competencias sobre la materia, para conseguir sumar su apoyo. Segundo, con el director general de Espacios Protegidos de la Consejería de Medioambiente, “que tiene una responsabilidad de gestión y salvaguarda de estas 113 hectáreas decisivas para la fauna”; y, por último, “y, la más importante, con el presidente de la Autoridad Portuaria, porque ellos han hecho el desaguisado y ellos deben arreglarlo”.

Detonante: obras en el puerto

Cuenta Serrano que hace unos veinte años se hicieron unas obras en el puerto de Algeciras. Primero en la terminal uno, la Juan Carlos I, y más tarde en la segunda terminal. Desde entonces están viendo cómo la arena de una parte de la playa se desplaza en abundancia a otra zona, más próxima al cementerio de la localidad.

“Hay un búnker, que se construyó cuando se pensaba que España entraría en la Segunda Guerra Mundial, que divide la playa en dos y que para nosotros es una referencia, porque estaba a decenas de metros de donde rompía la ola. Hoy por hoy está prácticamente en el agua”, detalla Serrano.

Viviendas a pie de playa a pocos metros del agua. Foto Fernando Ruso
Viviendas a pie de playa a pocos metros del agua. Foto Fernando Ruso

En la mente de este vecino de El Rinconcillo está la actuación que consiguieron los residentes de la playa de Puente Mayorga, perteneciente a San Roque. “Ellos también vieron desaparecer su playa después de unas obras en el puerto, pero ellos sí hicieron mucha presión y la autoridad portuaria reconoció su error y construyó un dique sumergible para resolver el asunto”, recuerda Serrano.

“El tiempo apremia”

Por eso todos están ansiosos en conocer el resultado del estudio que la autoridad portuaria ha encargado a la Universidad de Cantabria. En paralelo, la asociación ya cuenta con un informe de un ingeniero de Caminos, Canales y Puertos que señala a los diques submarinos como la única solución.

“Pedimos esos diques, la única solución a largo plazo para poder salvar la playa. Tienen que estar colocados en puntos estratégicos a cierta distancia de la costa con la finalidad de corregir las dinámicas de las mareas que han sido alteradas por varias obras portuarias”, sentencia el portavoz de Salvemos El Rinconcillo.

Mientras que se dirimen las causas y se pone solución, los vecinos de esta playa de Algeciras siguen mirando al mar. Unas aguas que cada día están más cerca de sus viviendas. Conectados a las tablas de las mareas, pendientes de la pleamar, calculando cómo les afectarán las rachas de viento de Levante y contando los días para que alguien ponga tierra de por medio entre sus hogares y el voraz Atlántico.

El tiempo apremia —zanja Serrano—, porque estamos viendo que ya hay casas que se están yendo abajo. No sabemos cuánto más vamos a ser capaces de aguantar”.

Los restos de un antiguo chiringuito en la playa de El Rinconcillo. Foto Fernando Ruso
Los restos de un antiguo chiringuito en la playa de El Rinconcillo. Foto Fernando Ruso

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