Las mentiras del Yak 42, el gran bochorno de la política española

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Un bombero trabajando en la extinción del incendio causado por el avión al estrellarse contra el suelo.  AP
Un bombero trabajando en la extinción del incendio causado por el avión al estrellarse contra el suelo. AP

El 26 de mayo de 2003, el avión Yakovlev-42D matrícula UR-42352 que había despegado de Kabul no llegó a aterrizar en Zaragoza como indicaba su plan de vuelo. La aeronave, en la que viajaban 61 militares y un guardia civil que volvían a sus hogares tras concluir la misión de la Fuerza Internacional de Asistencia y Seguridad de Afganistán (ISAF) se estrelló en el monte Pilav, en Turquía, sin supervivientes. Se trata de la gran tragedia de las Fuerzas Armadas españolas en tiempos de paz de la que hoy se cumple el 18º aniversario.

El Gobierno, presidido por José María Aznar, y el ministerio de Defensa, Federico Trillo, trataron de dar carpetazo al asunto con un funeral de estado a las víctimas. Un supuesto honor, un trato y unas garantías a los militares muertos que, en vida, no recibieron. Y para taparlo, Trillo orquestó la ceremonia en las 60 horas que siguieron al accidente. Pero la tirita no fue suficiente para tapar el tremendo agujero de negligencias que se produjeron. Pero el maltrato, el desprecio y las mentiras fueron saliendo a la luz. Y dejan una lista de deshonras difíciles de olvidar:

  • La identificación de los restos fue errónea. Hasta el punto de que no se resolvió la identificación de 30 de los 62 militares españoles muertos en el accidente del Yak 42.

  • Las dudas sobre la identidad de los militares podían haberse resuelto con la realización de pruebas de ADN. Pero este proceso habría demorado la repatriación durante varios días, alargando la posibilidad de que se filtrara información que el Gobierno de Aznar quería mantener bajo secreto.

  • Varias familias pidieron que se les permitiera abrir el ataúd, pero Defensa se negó. Y ningún allegado fue requerido para que identificase ningún cadáver.

  • También se le negó a las familias la entrega de los objetos que, supuestamente, habían servido para identificar a los militares. Defensa alegó que "fue decisión del juez turco que los objetos que llevaban encima los cadáveres como anillos, placas o documentación, así como el uniforme, quedasen depositados dentro de los féretros, junto con los cadáveres".

  • El Gobierno, por tanto, mintió a los familiares que no supieron muy bien a quién enterraron. Eso produjo que algunas familias optaran por incinerar los restos recibidos pensando que eran de su hijo o pareja. Cuando en realidad pertenecían a otra persona que en sus voluntades figuraba el deseo de ser enterado.

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  • Hubo casos en los que directamente se llegaron a mezclar restos de varios cuerpos en un ataúd.

  • La aparición de la pierna de una de las víctimas del accidente 15 años después confirma que hubo restos de sus seres queridos que se quedaron en Turquía.

  • El Ministerio de Defensa utilizaba para el traslado de tropas aeronaves que muchos países desaconsejaban. El avión Yakolev 42 acumulaba a sus espaldas un historial con media docena de grandes accidentes y cerca de medio millar de muertos. Los mandos militares desaconsejaban su uso, pero Trillo renovó los contratos. Los aviones presentaban unas condiciones tan malas que la caja negra ni siquiera funcionaba. Como trágico detalle, cabe recordar que el comandante José Antonio Fernández, fallecido en el vuelo, le dijo a su mujer antes de embarcar: "Reza por mí, este avión es una mierda".

  • De hecho, poco después de la introducción del avión en servicio comercial, un gran número de accidentes causados por vibraciones en la sección de la cola obligó a las autoridades rusas a suspender su uso.

  • Y para rematar este sinfín de tropelías, el Gobierno español no llegó a contratar los seguros obligatorios para cada uno de los militares que viajaban en ese vuelo.

En vídeo | Defensa asume el dictamen del Consejo de Estado sobre el Yak-42

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