El Mediterráneo engulle el refugio de Amalia, nostálgica de un "paraíso perdido"

Isabelle LIGNER
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Refugiada de la Guerra Civil española, la familia de Amalia Romero construyó su casa al borde del Mediterráneo, en el sur de Francia. Hoy, en esta costa vulnerable al cambio climático, el mar está engullendo el refugio de toda una vida.

"Es un destino difícil cuando has dedicado todo tu esfuerzo, toda tu vida, a tener un techo para tu familia", cuenta esta superviviente de la Retirada, el éxodo hace 82 años de casi medio millón de republicanos españoles ante las tropas franquistas.

Esta mujer jovial de 94 años, que se dedicaba a la pesca y la agricultura, fue entrevistada por la AFP en su casa construida en 1956 en la localidad de Vias-Plage, a unos 300 kilómetros al norte de Barcelona.

Tras salir de los campos de internamiento franceses, sus padres consiguieron comprar este terreno, donde sólo había viñedos abandonados.

En los años 50, frente a su casa con vista al Mediterráneo, "las dunas bajaban suavemente hacia el mar" y los pescadores tenían todo el espacio que necesitaban en la playa, recuerda Amalia, evocando su "paraíso perdido".

Pero ahora gran parte de su terreno ha sido "engullido por el mar" y su jardín desciende abruptamente hacia las olas.

Madre de cuatro hijos y ahora viuda, Amalia vive sola frente al mar y dice que "tardó" en darse cuenta de que el Mediterráneo se acercaba.

"En los años 90, de repente, nos dimos cuenta después de varios 'golpes de mar' pero ya era muy grave".

- Europa no se libra -

Vias-Plage forma parte de la franja costera del Languedoc, de unos 180 km de longitud, caracterizada por "costas bajas y arenosas muy vulnerables a la erosión, la inmersión marina y la subida del nivel del mar provocada por el calentamiento global", explica Alexandre Brun, geógrafo de la Universidad Paul-Valéry de Montpellier (sur de Francia).

A escala mundial, el nivel del mar subió unos 15 cm en el siglo XX y el aumento se está acelerando, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

En consecuencia, para 2050, más de mil millones de personas, como Amalia, vivirán en zonas costeras especialmente vulnerables a las inundaciones o a los fenómenos meteorológicos extremos.

Mientras la propia existencia de algunas islas, sobre todo en el Pacífico, está amenazada, Europa no se libra de este fenómeno.

Francia es uno de los países europeos más afectados, junto con Holanda y Bélgica", afirma Gonéri Le Cozannet, especialista en riesgos costeros y cambio climático del Servicio Geológico Nacional francés y colaborador del informe de los expertos en clima de la ONU (IPCC).

En los municipios costeros de Francia vive el 10% de la población del país, es decir, 6,2 millones de personas, según datos del ministerio de Transición Ecológica francés.

- 1,4 millones de personas amenazadas -

Una cuarta parte del litoral francés ya está afectada por la erosión y la inmersión marina amenaza a 1,4 millones de personas y 165.000 inmuebles.

Pronto serán engullidas joyas del patrimonio, como la cueva de Cosquer, cerca de Marsella, con sus singulares pinturas paleolíticas de peces, pingüinos y focas.

Entornos naturales excepcionales están amenazados, como la llanura de la Camarga (sur), reserva de biodiversidad con sus famosos flamencos rosas.

El calentamiento global está aumentando la fuerza y la frecuencia de las tormentas que debilitan el litoral, como lo mostró la tormenta Xynthia, que dejó 47 muertos en la costa atlántica en febrero de 2010.

Sin embargo, como en muchos países en los que las costas están amenazadas, durante mucho tiempo las autoridades cerraron los ojos.

En el litoral de Languedoc hay "una responsabilidad histórica del Estado que construyó cientos de miles de viviendas, puertos, comercios, infraestructuras y equipamientos públicos en zonas frágiles, bajas y arenosas", afirma Alexandre Brun.

Históricamente, señala, "las sociedades humanas siempre se han mantenido alejadas del litoral para protegerse de los mosquitos, las invasiones y las tormentas".

Pero después de las primeras estaciones balnearias construidas en el siglo XIX bajo el impulso de las compañías ferroviarias, en los años 60, bajo la presidencia de Charles De Gaulle, el gobierno "planificó una litoralización de la economía" en esta región.

Se construyeron grandes complejos de hormigón lo más cerca posible del mar para acoger el turismo de masa "con la idea de que la naturaleza podía ser controlada", añade el geógrafo.

Estas construcciones modifican las corrientes y la circulación de los sedimentos mientras que las presas, que se multiplican en los ríos a partir del siglo XIX, reducen el aporte de sedimentos hacia el mar.

- "Requerimientos contradictorios" -

Para Alexandre Brun, el Estado francés lleva años emitiendo "requerimientos contradictorios". A veces pide a los residentes que "retrocedan", pero, por otra parte, firma "permisos de construcción" en las inmediaciones de las playas.

El ministerio de Transición Ecológica no respondió a una solicitud de entrevista de la AFP.

Los funcionarios locales están divididos, conscientes del riesgo, pero también del fuerte vínculo de los habitantes con sus pedazos de tierra.

"Convertir a nuestra población en emigrantes climáticos es muy violento: estarían abandonando su historia; una expropiación es siempre una herida", dijo a la AFP un funcionario local que pidió el anonimato.

Desde hace años, las autoridades locales y el gobierno hablan de construcciones "más suaves" para el litoral, o incluso de hábitats flotantes.

Sin embargo, a escala europea, "la aplicación sigue siendo experimental", afirma el especialista en riesgos costeros Le Cozannet, y se siguen favoreciendo los intentos de "arreglar el litoral" mediante la ingeniería, aunque estén "condenados a medio plazo si no limitamos las emisiones de gases de efecto invernadero".

- "Toda mi vida está aquí" -

En Sète, a una treintena de kilómetros de Vias, se ha llevado a cabo desde 2013 la mayor operación de protección del litoral en el Mediterráneo, con un coste de más de 55 millones de euros: un atenuador de oleaje, un auténtico dique submarino hecho de grandes palas textiles rellenas de arena.

Jean-Luc Romero, uno de los hijos de Amalia, que dirige una asociación de vecinos de Vias, espera que "los poderes públicos tengan en cuenta la experiencia de los habitantes que conocen el mar".

Para "frenar" el Mediterráneo, la familia Romero tiene puestas sus esperanzas en unas nuevas redes que capturan la arena atrapadas en las turbulencias del mar y "hacen avanzar la playa", como explica a la AFP Dominique Michon, gerente de la empresa Able, que las ha instalado en la bahía del Somme y en la costa del Ópalo, en el norte de Francia.

Michon lamenta la ausencia de un sistema de compensación en caso de erosión.

Así lo han constatado cruelmente los habitantes de un símbolo de la erosión costera en Francia, el inmueble Signal, construido a 200 metros de la orilla en 1967 y que ahora amenaza con derrumbarse en el océano, en Soulac-sur-Mer, en la costa atlántica (oeste de Francia).

Los desalojados lucharon durante seis años para obtener un acuerdo de principio de indemnización el pasado noviembre.

"Este caso es excepcional y debe seguir siéndolo", advirtió la prefectura de Nueva Aquitania.

Amalia, por su parte, espera poder quedarse en su casa y transmitirla a sus hijos. "Toda mi vida está aquí: no caímos del cielo, nos trajo la guerra", dice.

Cuando el viento y el mar arrecian, Amalia, que se ha quedado casi ciega, se "refugia" en su habitación. Cierra las puertas y "sube el volumen de la música" para "resistir el tumulto angustioso".

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