Deuda y reforma paralizan al Congreso de EEUU y Biden se involucra

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Joe Biden canceló a última hora un viaje a Chicago para involucrarse en la arena parlamentaria, donde se juega el futuro de sus enormes reformas y la solvencia de Estados Unidos, en unas discusiones tan tortuosas como difíciles.

El presidente estadounidense, que se jacta de ser un excelente negociador tras décadas de experiencia en los bancos del Senado, canceló un viaje que debía estar dedicado a promover la vacunación contra el covid-19, según un funcionario de la Casa Blanca.

En cambio, Biden "permanecerá mañana (miércoles) en la Casa Blanca para seguir trabajando en el avance de estos dos proyectos de ley", uno dedicado a las infraestructuras y otro al gasto social, dijo. Ambos se han convertido en bases fundamentales de su mandato.

La adopción de estos dos planes, cuyo importe acumulado se había anunciado inicialmente en casi 5 billones de dólares, tropieza con una batalla fratricida entre demócratas.

Los representantes del ala izquierda del partido presionan para que se aprueben simultáneamente los dos textos, mientras los centristas quieren votar primero el de infraestructura, una inversión que tiene más consenso, y luego dedicar más tiempo al componente social.

Por si fuera poco, el Congreso estadounidense se enfrenta a otra tarea, muy diferente, pero estrechamente relacionada con el debate sobre los planes de Biden: evitar nada menos que el primer "default" soberano de Estados Unidos, que podría producirse el 18 de octubre.

En teoría, demócratas y republicanos están de acuerdo: un impago de Estados Unidos provocaría una catástrofe financiera mundial con graves repercusiones para los estadounidenses. No obstante, esto no impide que los conservadores bloqueen cualquier movimiento bipartidista sobre el tema.

"Es imperativo que el Congreso solucione rápidamente (la cuestión de) el tope de endeudamiento. De lo contrario, Estados Unidos entrará en default por primera vez en su historia", advirtió la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, ante la comisión bancaria del Senado.

Sostuvo además que, a partir del 18 de octubre, "el Tesoro quedaría con recursos muy limitados que se agotarían rápidamente".

"Esperar hasta el último minuto podría causar serios daños a las empresas y a la confianza de los consumidores, elevaría el costo de los préstamos para los contribuyentes e impactaría negativamente en la calificación del crédito de Estados Unidos en los próximos años", insistió la funcionaria.

El Congreso tiene hasta el jueves a medianoche para aprobar este presupuesto si quiere evitar un repentino corte de fondos públicos.

- Perturbación en los mercados -

Durante el gobierno de Barack Obama, la parálisis política en el Congreso por este asunto llevó a la agencia calificadora Standard and Poor's a retirar la nota máxima "AAA" a la deuda estadounidense, lo cual sacudió los mercados.

La bolsa de Nueva York cerró con una fuerte baja el martes y se encamina a su peor mes en un año en septiembre, aplastada principalmente por una subida de las tasas de los bonos estadounidenses, en un mercado que observa atentamente los acontecimientos en el Congreso.

La Cámara de Representantes, bajo control demócrata, aprobó una medida para mantener en funcionamiento al gobierno hasta el 3 de diciembre, mientras prosigue la discusión de un paquete de gastos sociales a 10 años. Empero el Senado, que está divido a la mitad entre republicanos y demócratas, rechazó empezar a debatir ese proyecto.

El escenario más probable es que los demócratas revisen su texto y quiten el apartado sobre la suspensión del tope de deuda, lo cual les permitirá recuperar votos republicanos para tratar de aprobar una extensión del actual presupuesto antes del viernes y así evitar un "shutdown".

En paralelo podrían intentar nuevamente lograr el apoyo de los republicanos para suspender el nivel máximo de endeudamiento.

De no contar con votos republicanos, el partido de Biden puede apostar a sus propios votos, haciendo una maniobra parlamentaria que le permita aprobar por mayoría simple. Pero tomaría, potencialmente, varias semanas.

Por eso, el jefe demócrata en el Senado, Chuck Schumer, pareció cerrar esa puerta el martes: "Esta vía es demasiado arriesgada para el país".

El límite de endeudamiento, que solo el Congreso puede aumentar, entró en vigencia el primero de agosto. Impide a Estados Unidos emitir nueva deuda por encima del máximo actual de 28,4 billones de dólares.

Esta cota suele ser objeto de pulseadas políticas en el Congreso. Desde los años 1960 el "techo" de la deuda fue subido o suspendido unas 80 veces. Jamás un partido bloqueó esta medida. Por eso los demócratas se indignan del rechazo republicano a seguir esta tradición.

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