"Para matar sobran las razones, como vemos en el mundo. Y en el caso de las madres, es exactamente lo mismo"

Diana Massis - HayFestivalArequipa@BBCMundo
·13 min de lectura
Katixa Agirre
Katixa Agirre, autora de "Las Madres no", una mezcla de ficción y ensayo, con algunos toques autobiográficos, que desmenuza la maternidad.

"Después de tres meses sin dormir más de tres horas seguidas, después de visitas primero semanales y luego quincenales a la enfermera para controlar el peso del recién nacido, después de un registro exhaustivo de los excrementos, vómitos, mocos y toses del bebé, la identidad de madre había terminado por devorar todas las demás y había mandado a todos mis yos pasados al exilio más remoto. ¿Escritora, yo? ¿Trabajadora, yo? ¿Esposa, yo? ¿Hija, yo? ¿La que se bañó desnuda en la fuente de Trafalgar Square, yo? ¿La que durante un verano fue guía turística en el lago Ness y aprovechó para ligar con turistas americanos, yo? No era posible, no lo era".

Quien cuenta todo esto es la protagonista de "Las Madres no", de la escritora española Katixa Agirre (Vitoria-Gasteiz, 1981), quien será parte de los diálogos del Hay Festival Arequipa, que se realiza en estos días en forma virtual.

El libro, que mezcla la ficción y el ensayo, con algunos toques autobiográficos, desmenuza la maternidad desde el viaje de los espermatozoides hasta un infanticidio.

"Las Madres no" cuenta la historia de una escritora que está debutando como madre y que, a la vez, decide investigar y escribir la historia de otra madre, Alice Espanet, una mujer que después de someterse a complejos tratamientos de fertilidad para quedar embarazada, asesina a sus gemelos, a los pocos meses de haber nacido.

La escritora reconstruye el crimen así:

"Desnudar a los bebés, meter al primero en la bañera, presionarle con suavidad la cabeza hasta hundirla en el agua. Y cuando el crío agita los brazos y piernas, queriendo aferrarse a la vida, con los ojos bien abiertos, mirando a su propia madre... seguir; cuando se le pone la cara azul... seguir. Seguir hasta el final.

—Y luego repetir todo el proceso con el otro bebé".

La escritora, intentando comprender, también se pregunta:

"¿Cuál sería su humor ese día, junto a la bañera? ¿Rabia? ¿Alienación? ¿Indiferencia?"

¿Cómo es Alice, esta mujer que mata a sus hijos?

Al principio aparece como la protagonista de una noticia de sucesos, sobre la que no tenemos que pensar, simplemente es un monstruo, la desnaturalizamos y ya está.

Pasamos de puntilla como sociedad, pues lo que ha hecho va tan en contra de lo que nos dicen de la maternidad que no podemos ni procesarlo. Está loca y punto.

Pero una vez que la escritora se da cuenta de que la conoció brevemente en el pasado, piensa que quizá no es un monstruo, sino alguien que se puede parecer a ella.

Y ahí es cuando empieza a construirla como persona. Por eso va a su pasado e intenta entender cuáles han sido los hitos que la han llevado a hacer lo que ha hecho.

Portada libro
Portada libro

¿Qué representan estas dos mamás, la escritora y la asesina?

Una es la antimadre y la otra está en la situación de muchas mujeres: no tenía planificado ser madre en ese momento, pero asumió la responsabilidad y la lleva a cabo bastante bien, aunque cree que no tanto como debería y, sobre todo, no está tan feliz como se supone, porque incluso si entras a la maternidad con todas las ganas del mundo, como puede ser mi caso, te encuentras con cosas que no esperabas y no te gustan, y quisieras recuperar lo que tenías en tu vida anterior.

Sin embargo, casi no hablamos de ello, porque decir ¡qué aburrimiento pasar las tardes en el parque!, preferiría estar leyendo un libro o tomando el sol, suena feo.

La escritora coge a esta madre monstruo y se compara con ella, diciendo por un lado, ¡mira qué horrible puede llegar a ser una madre!, yo estoy muy lejos de eso. Pero por otro lado, tiene intención de entender cómo en ciertas circunstancias, quizá muchas madres podrían llegar a hacer lo mismo.

¿Cuáles son esas circunstancias, por qué una madre es capaz de matar a sus hijos?

Históricamente ha habido muchísimas razones. La desesperación ha sido una de las más comunes. Tienes una responsabilidad enorme sobre otra persona y no puedes con ella.

Pero podría ser simplemente maldad. Igual que un padre cuando mata a sus hijos por hacer daño a la pareja, la mujer también puede hacerlo para hacer daño a esa criatura o a otras personas.

No creo que haya una razón específica para que las personas hagan el mal. El mal está ahí y en algunas personas surge. También en las madres. Es lo que nos resulta más chocante.

Te refieres al mito de Medea y también a la popular Llorona latinoamericana que tira a sus hijos en el río. ¿Dirías que hay algún punto en común entre las madres filicidas?

Estar al borde de algo.

Otra cosa es lo que te lleva hasta ahí y los motivos pueden ser muchísimos, desde económicos hasta una psicosis postparto, algo que ocurre químicamente en tu cerebro.

Hay muchas razones, porque para matar sobran las razones, como vemos en el mundo. Y en el caso de las madres, es exactamente lo mismo. Las razones que te llevan a ese extremo son muchas, no creo que haya una sola.

Katixa Agirre
Para Agirre no hay una razón específica para que las personas hagan el mal, simplemente el mal está ahí.

Hablas de desesperación, ¿pero no se supone que las madres siempre tienen que poder con todo?

Es el cuento que nos cuentan, de que pase lo que pase te vas a sacrificar y siempre los hijos van a estar por encima y harás lo que haga falta y nunca vas a desfallecer. Es un gran peso que tenemos, no sólo está la verdadera responsabilidad de cuidar de las criaturas, sino lo que la sociedad espera de ti.

¿Por qué elegiste un asesinato por ahogamiento?

Estuve leyendo varios casos de infanticidio reales y la bañera es uno de los de los modus operandi más comunes, porque es algo que haces a diario, bañar a los bebes y entre bañarlos y hundirlos hay muy poca diferencia.

Para alguien que está en el borde, es fácil que en ese momento cruce la línea. Si lo tienes que envenenar es otra cosa, hay una conspiración, una planificación.

¿Y cuando lo escribías sentiste algo?

No me causó ninguna perturbación hablar de ello, y no quiero parecer insensible, pero lo hice desde la ficción más pura, sin pensar en nadie de verdad. Como si fuera una directora de cine que pone a unos actores a hacer eso.

El infanticidio aparece como una práctica habitual que pervive hasta hoy con la exterminación de niñas en algunos lugares. "En la antigua Roma, si una familia quería adoptar un bebé, sabía que podía acudir al vertedero... y, con un poco de suerte, podrían encontrar a alguno que aún estuviera vivo".¿Por qué investigas y relatas todo esto?

Para sorprender al lector, tal como me sorprendí yo, al ver lo habitual que había sido, una práctica a la orden del día. Igual que cuando nacen muchos gatitos, si no quieres tenerlos, los ahogas en el río; pues con esa misma naturalidad. Como a los bebés no se los consideraba personas del todo, era lícito acabar con ellos.

También, porque es muy difícil criarlos y esto es algo que ha pasado desapercibido a lo largo de la historia.

Como las que crían son las madres, parece que los hombres no se han dado cuenta de la vastísima cantidad de energía que hace falta. Con estas dos circunstancias, una salida muy habitual ha sido el infanticidio, sobre todo en tiempos en los que no había anticonceptivos ni una mínima planificación de la descendencia.

La anticoncepción se hacía después de que habían nacido.

Mujer con unos zapatos de bebé a su espalda.
"Las Madres no" cuenta la historia de una escritora que está debutando como madre y que, a la vez, decide investigar y escribir la historia de otra madre que asesina a sus gemelos.

Mientras investiga la historia de Alice, la escritora tiene miedo de que su hijo se muera metiéndolo por error a la lavadora o por otro tipo de accidente, ¿por qué nace ese miedo en las madres?

Aparece en cuanto el bebé ha nacido, o incluso antes, porque ya vas a las ecografías acojonada y una vez que nace sientes necesidad de protegerlo y al mismo tiempo la cabeza te está recordando los peligros.

Es un mecanismo de defensa natural, lo malo es cuando se convierte en algo neurótico que no te deja pensar en otra cosa, pero es normal, porque la criatura es muy indefensa y realmente hay peligros que le acechan y tú tienes que estar ahí para defenderla.

¿Posiblemente es lo que le pasa a Alice, que vive tan torturada por lo que pueda pasarle a sus hijos que finalmente elimina de raíz esa preocupación?

Es una consecuencia del miedo más extremo. Temo tanto y me angustia tanto que yo misma voy a cometer lo que temo, para así liberarme de ese temor. Una cosa muy neurótica, pero puede ocurrir.

"Tenía la entrepierna cosida (...), los pezones en carne viva, por primera vez disfrutaba de la visita de las hemorroides". Así está la escritora después de parir, ¿porqué te interesó desclasificar el parto?

Me di cuenta de que no había leído muchos partos en literatura y que el más largo que conocía era de Karl Ove Knausgård, el autor noruego. Él cuenta el primer parto de su mujer y son cuarenta páginas con todo detalle.

Me dio mucha rabia que fuera un hombre quien lo escribiera y no una mujer que lo vive en primera persona.

Entonces me pareció importante contarlo, también porque es una cosa fascinante. El parto es algo maravilloso y aterrador al mismo tiempo, sobre el que hay muchísimos misterios y cosas que no se saben, de su fisiología, de lo que ocurre el cerebro de la madre, del bebé, cosas que recién se están empezando a investigar.

Como con muchas otras relacionadas con el cuerpo de la mujer, la medicina nos ha dejado de lado y en el caso de la obstetricia se ve claramente.

Y, ¿cómo recuerdas tu propio parto?

Yo he parido dos veces y fueron experiencias muy diferentes.

Cuando empecé a escribir este libro sólo lo había hecho solo una vez y algunas características de mi parto se las presté a la protagonista. Por ejemplo, el hecho de que fuera inducido, porque el bebé era pequeño y no crecía adentro.

Pero el parto fue muy bueno, muy bonito y no recuerdo apenas el dolor, recuerdo el poder que sentí y la euforia de después.

Mi segundo parto fue inducido por las mismas razones, pero acabó en cesárea de urgencia y fue pura angustia y terror.

Katixa Agirre
La autora se dio cuenta de que no había leído muchos partos en literatura, y el más largo sobre el que había leído lo había escrito un hombre.

La protagonista cuenta que en su parto se sentía como un gorila en la selva y que la anestesia la sacó de ese estado animal. ¿Tu primer parto fue con anestesia?

Tuve epidural, pero fue bastante poco. En la última fase, en el expulsivo, ya no la sentía.

¿Y viviste ese momento de gorila en la selva?

Sí que te sientes muy poderosa: "esto lo voy a hacer y me da igual todo lo demás". El mundo desaparece a tu alrededor y sólo tienes un objetivo en la vida, que es sacar a la criatura dentro de ti. No quería que nadie me hablara, quería que se fuera todo el mundo, no necesitaba a nadie.

También citas a la psicoanalista Helene Deutsch, quien describe el parto como "una orgía de placer masoquista". ¿Qué hay de la idea de que el parto sería como un orgasmo inmenso?

No lo viví tan eróticamente, pero es cierto que la contracción en el útero es lo que ocurre en un orgasmo también.

En cualquier caso, el parto es parte de la sexualidad, igual que lo es la lactancia. Sin embargo, al decirlo así, pareces estar diciendo una burrada, pero todo es parte del mismo continuo.

Entonces creo que hay cosas que se pueden parecer.

¿Te parece que el parto y la lactancia son actos muy sensuales?

Totalmente ligados al cuerpo y a la sensualidad, pero de alguna manera nos han arrebatado eso, nos hacen creer que no tienen que ver.

De hecho, nos dicen que la madre es asexual. Es la gran contradicción sobre la que se basa nuestra cultura. Si eres madre, eres casi virgen otra vez. Eres la virginal. Y ya no piensas en el sexo, cuando es todo lo contrario.

Mujer cabizbaja.
En el libro, Agirre explora la desesperación que sienten muchas madres.

También es revelador cuando mencionas una serie de términos relacionados con el parto como "meconio, lanugo, amniocentesis, progesterona, vérmix, pródromos, calostro" y afirmas que es necesario reescribir este diccionario...

Son palabras muy técnicas que vienen del latín o del griego y que no pertenecen al idioma, solo nos separan del proceso.

Por ejemplo, los pródromos, es dificilísimo de decir y se refiere a las primeras contracciones. Estando embarazada estuve en Grecia y hay una iglesia dedicada a Ioannis Prodromos, que es Juan el Bautista, y que quiere decir Juan el precursor, realmente.

Pues ¿por qué no les llamamos las precursoras? Qué bonito sería decir las precursoras en lugar de decir los pródromos, este tipo de cosas.

Cuando propongo que sea el diccionario náutico (abisal, mistral, ancla, periplo) el que utilicemos, puede ser ese o cualquier otro.

Lo importante es quién nombra, porque tiene el poder sobre eso. ¿Por qué no va tener una mujer el poder sobre sus pródromos, sobre sus primeras contracciones? ¿Por qué va a ser de una autoridad masculina, que nunca en la vida va a sentir pródromos?

El título del libro, está incompleto: Las madres no. ¿Cómo lo completas tú? ¿Y tus lectores?

Mi primera idea era coger una cita que está dentro del libro: las madres no escriben. Y el título iba a ser ese, pero me di cuenta de que hay muchas otras cosas que las madres no hacen.

Por supuesto, las madres no matan.

Pero hay otros actos de madres que aparecen en el libro: las madres no dejan a su hija para irse a vivir a una isla y hacer yoga, no tienen un amante mientras están embarazadas.

El libro ha sido un espacio de catarsis. Muchas mujeres me han dicho "pues yo tenía pensamientos de tirar a mi hijo por la ventana o de que no lo quiero, o de que la maternidad no es para mí, sin embargo, no podía hablarlo con nadie"; las madres no hablan de eso.

Lo interesante es que cada cual lo rellene y piense por qué esto es así. ¿Por qué una madre no es como otra persona cualquiera que es capaz de hacer todo, por qué hay restricciones? Y ahí cada cual ha encontrado sus respuestas.

Esta entrevista es parte del Hay Festival Arequipa 2020, un encuentro de escritores y pensadores que este año se realiza en forma virtual entre el 28 de octubre y el 8 de noviembre.

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