Guardabosques de Virunga tras el ataque: "Podemos morir en cualquier momento"

Agencia EFE
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Kampala/Nairobi, 11 ene (EFE).- Cerca de 200 guardabosques han perdido sus vidas en poco más de una década con el objetivo de proteger el Parque Nacional de Virunga, en el noreste de la República Democrática del Congo (RDC), dijo hoy a Efe un portavoz de esta reserva, tras el asesinato este domingo de seis de ellos en un nuevo ataque por un grupo armado.

Cuando Philemon Tamoini (nombre ficticio), uno de los 700 guardabosques que trabajan el parque nacional de Virunga, recibió la noticia de la muerte de sus compañeros todavía tenía las botas húmedas, con el barro de la zona selvática que acababa de patrullar pegado en las suelas.

"En las patrullas estamos expuestos a muchos peligros. Además de los grupos armados, también podemos ser atacados por animales. Podemos morir en cualquier momento. No podemos bajar la guardia", explica Tamoini a Efe.

Se trata de uno de los espacios naturales con más biodiversidad de todo el planeta y que en sus 7.800 kilómetros cuadrados alberga una cuarta parte de la población mundial de los gorilas de montaña, en peligro crítico de extinción.

El ataque de este domingo ocurrió sobre las 07.30 hora local (+1 hora GMT), cuando los guardabosques fueron emboscados mientras patrullaban a pie el área entre Nyamitwitwi y Nyamilma, cerca de la zona central de Kabuendo.

"Las investigaciones preliminares indican que los guardabosques fueron cogidos por sorpresa sin que pudieran defenderse y que los responsables del ataque son grupos (rebeldes) locales Mai-Mai", explicaron las autoridades del parque en un comunicado divulgado a última hora del domingo.

MÁS DE 130 MILICIAS

Los congoleños denominan Mai-Mai a cualquiera de las docenas de milicias armadas que, formadas por campesinos y otros civiles que se armaron para defenderse de otros rebeldes e incluso de los ataques del mismo ejército nacional, luchan desde hace dos décadas en el este del país.

La ausencia de alternativas y métodos de subsistencia estables han empujado a miles de congoleños a tomar las armas y reagruparse en grupos rebeldes.

En la actualidad, según el Congo Research Group y Human Rights Watch, en el este del Congo continúan peleando más de 130 milicias distintas por el control de minerales, tierra y otros recursos; sumiendo al costado oriental del Congo en un conflicto continuo.

"En el parque nacional de Virunga hay varios grupos armados activos, a veces son grupos armados indígenas, pero también hay grupos armados de origen extranjero", explica a Efe Hakím Maludi, periodista franco-congoleño, fundador de Dunia Kongo Media, web especializada en la situación de seguridad del este en RDC.

Pero "también hay combatientes locales que atacan a los guardabosques porque piensan que las limitaciones del parque están hechas para excluirlos de este área", añade.

Según Maludi, son varios los intereses que los grupos armados tienen en este parque.

Por un lado, "actúa como un santuario porque son inaccesibles allí".

Por otro, "pueden dedicarse a la caza furtiva y a veces al tráfico de maderas preciosas, que en cierta medida financia su actividad".

Además de los grupos rebeldes, entre las amenazas del parque se encuentran también los cazadores furtivos, la tala ilegal para producir carbón vegetal y los planes de algunas multinacionales que desean explotar el petróleo del subsuelo de este parque nacional.

A pesar de los peligros, Tamoini patrulla este espacio natural sin descanso desde 2014.

Existen dos cosas que le unen al parque nacional de Virunga: el amor por los animales, que empezó a sentir cuando era un adolescente, y su única hija.

"Gracias a mi sueldo de guardabosques, no tendré problemas para pagar los estudios de mi hija, que ahora tiene tres años", dice Tamoini.

Y es que, tras dos décadas de guerras sangrientas y desigualdad social -ocho de cada diez ciudadanos sobreviven con menos de 1,25 dólares al día, según el Fondo Monetario Internacional, a pesar de la riqueza en minerales imprescindibles para las industrias de todo el planeta-, los guardas forestales son de las pocas personas de la región que pueden presumir de un trabajo estable.

ATRACTIVO TURÍSTICO

Fundado en 1925, Virunga es una de las zonas afectadas por la violencia en la RDC, pero a su vez constituye uno de los pocos destinos turísticos de esta nación centroafricana y es Patrimonio de la Humanidad desde 1979.

Uno de los motivos que explican su abundancia de vida salvaje es una singular concentración de ecosistemas distintos -sabanas de hierba, selvas impenetrables, montañas de más de cinco mil metros de altitud recubiertas de glaciares, humedales- en un espacio relativamente pequeño.

Dentro de sus límites se encuentra el volcán Nyiragongo, uno de los más activos del mundo, al que los turistas ascienden para contemplar el lago de lava que aloja su cráter.

Pero la principal atracción turística del parque son los gorilas de montaña, que atraen a los viajeros extranjeros principalmente debido a que los precios para poder verlos son inferiores a los de Uganda y Ruanda, países en los que también es posible avistar a estos primates en su hábitat natural.

No obstante, "Virunga no es seguro para los turistas en absoluto. El parque, como siempre, ha sido un lugar clave en todos los conflictos de los últimos años. El Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP) en 2009, el M23 en 2012, etc. ocuparon una parte de Virunga y lo hicieron cada vez más peligroso", asegura Maludi.

En mayo de 2018, dos turistas británicos fueron secuestrados en el parque junto a un guarda de la reserva que les acompañaba y liberados dos días más tarde, y otra guardabosques fue asesinada.

El parque tuvo sus puertas cerradas al turismo durante nueve meses.

Pero no solo Virunga no es seguro. Tampoco lo es "toda la región en la que se encuentra el parque: el este de la RDC y, en particular, la región de Kivu del Norte. Por lo tanto, la seguridad de Virunga depende de la inversión global en seguridad en toda la provincia", añade el periodista franco-congoleño.

Pablo Moraga y Patricia Martínez

(c) Agencia EFE