Inventor en busca de financiación presenta la mascarilla magnética con gafas que no se empañan

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Daniel Alaguero luciendo las gafas y mascarilla imantadas que no se empañan. (Crédito imagen: Daniel Alagüero).
Daniel Alagüero luciendo las gafas y mascarilla imantadas que no se empañan. (Crédito imagen: Daniel Alagüero).

Dicen que no hay mejor maestro que la vida, y nuestro protagonista de hoy un trabajador asturiano llamado Daniel Alaguero Cuervo, es un magnífico ejemplo.

Tras reincorporarse a su puesto de trabajo después de un ERTE de mes y medio, lo cual sucedió en plena primera oleada del COVID-19, comprobó en sus propias carnes lo incómodo que resultaba hacer trabajo físico durante una larga jornada (de 10 o 12 horas en ocasiones) llevando una mascarilla puesta.

Daniel, que es un verdadero manitas y una mente inquieta, solo necesitó un día de trabajo para descubrir que eso de las gomas “martirizándole” las orejas no era lo suyo, y sabedor de que la mascarilla había que llevarla sí o sí por protección, decidió poner manos a la obra y fabricarse algo que le permitiera más movimiento y comodidad. Lo logró con la ayuda de unos pequeños imanes esmaltados de neodimio, cuya adherencia y pequeño tamaño terminaron por convencerle tras algunas pruebas previas con otros materiales.

Dicho y hecho, el 13 de mayo, en apenas 24 horas, ya tenía una idea general de cómo podría fabricarse algo que castigara menos el rostro, y hasta creó un rústico prototipo fabricado con cinta de doble cara. Luego vinieron dos meses en los que - a ratos - le robó 100 horas al tiempo libre para darle forma a la idea, tras lo cual nuestro protagonista ya pudo salir a la calle luciendo su invención. Pero aquello fue solo la primera etapa, además hubo que acudir a un despacho de especialistas en Madrid para hacer una memoria técnica que le permitiera patentar su creación (lo cual demoró un mes más) y tras eso tocó esperar otro mes hasta que pudo registrar su diseño. ¡Pero finalmente se cumplió su sueño de inventor!

Una vez resuelto el problema del diseño, Daniel busca ahora una empresa que quiera invertir dinero en sus mascarillas para fabricarlas a gran escala. Tal y como nos cuenta, existen tres modalidades, las dos primeras exige la aplicación sobre la piel de unos apósitos adherentes que contienen los imanes (los hay en dos tamaños, dependiendo del grado de fijación que se quiera conseguir), y otra tercera a la que se la adivina más tirón comercial, en los que los imanes se colocan estratégicamente en la mascarilla FFPII y en la montura de unas gafas (que pueden ser “anti-fatiga”, es decir no necesitas ver mal para poder llevarlas).

Esta última modalidad, resulta sumamente cómoda porque puedes retirarte el conjunto “gafas+mascarilla” cuando quieras, evitando tocar esta última en todo momento. Además, tras mucha prueba y error, Daniel ha conseguido que la mascarilla se adhiera a la montura de tal manera, que se desvía la corriente ascendente de aire caliente alejándola de las gafas, lo cual evita que estas se empañen.

¿Qué clase de personas se podrían beneficiar de estas mascarillas?

Según nos cuenta Daniel, la opción basada en 4 imanes pequeños (del tamaño de piercings) adheridos a la nariz y barbilla podría servir para adultos que trabajan en entornos donde las gafas son más una molestia que una ayuda (pensemos en una húmeda sala de calderas, por ejemplo).

En cuanto a la variedad que incorpora cuatro imanes potentes adheridos sobre la piel, Daniel cree que podrían ir dirigidas a personal sanitario, fuerzas de seguridad o cualquier persona que tuviera que llevar mucho tiempo la mascarilla de forma totalmente segura.

Para concluir, la mascarilla que se imanta directamente a la montura de las gafas, sí podría ser de interés para el público general (incluso niños) ya que evita los constantes movimientos del cubrebocas, que son los que involuntariamente nos llevan a manipularlo más de lo que sería recomendado.

Hay que comentar que las mascarillas empleadas en este desarrollo patentado necesitan cierta rigidez, por tanto el asturiano ha descartado las quirúrgicas (demasiado endebles) y se ha centrado por completo en las FFP2. Puede parecer sencillo, pero os aseguro que hay mucho trabajo mental y físico detrás de la creación de Daniel en sus diferentes modelos.

Ahora solo falta desearle suerte y mucho éxito, así que ya sabes, si eres un inversor interesado en ayudar a este emprendedor y manitas, no lo dudes y escríbele a danielalaguero@hotmail.com

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