Se cumplen 99 años de la masacre de Tulsa: el ataque de blancos racistas a la población negra silenciado durante décadas

La muerte de George Floyd a manos de un policía durante una detención en un claro caso de brutalidad policial en Minneapolis ha encendido la mecha de las protestas y las revueltas en las calles de Estados Unidos. Imágenes estremecedoras de calles ardiendo, de cargas policiales, de carreras, golpes y una parte de la ciudadanía de un país que lleva décadas conviviendo puerta con puerta con el racismo saliendo a la calle para reivindicar los derechos de la población afroamericana y clamar, como el lema en redes sociales, que ‘las vidas negras importan’. Las escenas que se repiten durante los últimos días en distintos puntos del vasto territorio estadounidense hacen que el recuerdo de la masacre de Tulsa, ocurrida en 1921 y de la que estos días se cumplen 99 años, cobre un mayor significado y resonancia mediática.

La masacre de Tulsa tuvo lugar entre el 31 de mayo y el 1 de junio de 1921. Se cumplen 99 años de uno de los episodios más oscuros de la historia de Estados Unidos. (Foto: Oklahoma Historical Society/Getty Images)

Lo que ocurrió entre la noche del 31 de mayo y la del 1 de junio de 1921 es uno de los capítulos más oscuros, menos documentados y más trágicos de la historia reciente de Estados Unidos. Durante décadas se corrió un tupido velo sobre lo sucedido aquellos días en el barrio de Greenwood, en Tulsa (Oklahoma). Allí, en el conocido como ‘Black Wall Street’ dado el nivel económico de sus habitantes, una horda de ciudadanos blancos atacaron y asesinaron a un número indeterminado de convecinos negros. Entraron en sus casas y sus negocios, los saquearon, destruyeron e incendiaron y mataron, según estudios posteriores, a entre 200 y 300 personas.

Ayer y hoy se conmemora el 99 aniversario de aquello. Y hoy, más que nunca, con las imágenes que llegan desde Estados Unidos, recordar la masacre de Tulsa cobra más sentido que nunca. Durante décadas se cubrió todo, se borró de los libros de historia y no fue hasta la década de los noventa cuando una comisión creada por Oklahoma, como recuerda el sitio vox.com, que se intentó de manera oficial aclarar lo sucedido durante aquellos dos días y que durante tanto tiempo se calificó de ‘disturbios’, sin más.

En 2001 se publicó el informe con los resultado de la investigación llevada a cabo y en él se calificó la masacre de Tulsa como “el peor disturbio civil desde la Guerra Civil”. Los números de la tragedia hablan de 1.200 hogares pasto de las llamas, 35 bloques quemados y unas 300 personas asesinadas. Qué se hizo con sus cuerpos aún sigue siendo una incógnita. Los hechos ocurrieron, según el citado medio, en un contexto social de tensión racial avivada tras el final de la Primera Guerra Mundial, cuando veteranos de color tuvieron que hacer frente al racismo al volver del frente. El verano de 1919 fue bautizado como el Verano Rojo. Los enfrentamientos se produjeron en distintas ciudades y comenzaron con blancos atacando a afroamericanos que, en algunas localidades, contraatacaron.

Dos años después tenía lugar la masacre de Tulsa. El detonante fue, cuentan la detención de un adolescente por haber atacado, presuntamente, a una operadora blanca. Una turba se reunió entorno al lugar en el que estaba detenido y la comunidad afroamericana respondió acudiendo en masa para proteger al joven de un posible linchamiento.

Aclarar los hechos y conocer qué ocurrió realmente no es fácil debido a que durante mucho tiempo se ha intentando ocultar todo. De ahí el valor de los testimonios de quienes lo vivieron en primera persona y lograron sobrevivir para contarlo. Hace unos años, por ejemplo, en The New York Times recogieron la narración de Olivia J. Hooker, una de las poca personas vivas que aún podía contar de primera mano lo que vivió. Cuando lo contó, en 2018, tenía 103 años. Solo dos meses después de recordar la masacre de Tulsa para el prestigioso diario neoyorquino, la primera mujer afroamericana en ingresar a la Guardia Costera de los Estados Unidos en febrero de 1945, moría.

Pero antes dejó un valioso documento escrito por quien la entrevistó y dio detalles de cómo fue aquella noche en la que hombres blancos irrumpieron en sus casas rompiéndolo todo, destruyendo todo lo que encontraban a su paso y matando de manera indiscriminada a sus vecinos de color. Ella vivía en una casa de cinco dormitorios con cuatro hermanos más, su abuela y sus padres, propietarios de una tienda. Tenía seis años cuando hombres blancos entraron en su vivienda rompieron el piano de su hermana, se llevaron cosas de valor y rociaron la cama de su abuela con aceite.

Lo vio todo escondida bajo una mesa junto con algunos de sus hermanos. Su casa no la quemaron, pero sí la de otros muchos vecinos. La tienda fue saqueada también y su escuela, destruida. “Me llevó años superar la conmoción de ver a las personas ser tan horribles con las personas que no les habían hecho nada malo”, cuenta del trauma que le dejó aquel episodio y que le provocó pesadillas durante mucho tiempo.

Hace unos meses, coincidiendo con el estreno de Watchmen – disponible en HBO–, la masacre de Tulsa volvió a los medios, que se hicieron eco de ese capítulo oscuro de la historia de Estados Unidos que Damon Lindelof recuperó como arranque y contexto de su adaptación del cómic de Alan Moore. En aquella escena con la que se iniciaba la serie se pueden encontrar vestigios de los testimonios que han perdurado en el tiempo. Los disparos en el cine que recordaba Esquire con motivo de estreno, los vehículos con gente que huía de la masacre, padres intentando poner a salvo a sus hijos…

Nadie fue juzgado por lo ocurrido durante la masacre de Tulsa y Dick Rowlan, el joven negro acusado de haber atacado a una chica blanca y cuya detención habría sido el detonante de todo, fue exonerado el 2 de junio.

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