Mary Ruiz: "La salud mental me parece primordial para enfrentarte al mundo de las batallas de los gallos"

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Mary Ruiz posa con su libro 'Freestyler. La batalla de los sueños improvisados'.

Siguiendo su trayectoria desde hace años, siempre he tenido la sensación de que nos conocemos más de lo que dirían las veces que realmente hemos coincidido. De la misma facultad en la que estudié años más tarde, la de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid, Mary Ruiz descartó el periodismo por la publicidad, una puerta que cerró tras asomarse brevemente para luego abrir otras que le llevaron a los caminos que hoy transita. El más importante le ha llevado a ser uno de los bastiones del mundo de las batallas de gallos, como presentadora y maestra de ceremonias. Ahí recibió el apelativo de Queen Mary, uno de esos apodos que uno puede pensar que viene puesto en el DNI, pero no. No ocurre lo mismo con su lugar de nacimiento: Madrid y no la República Dominicana como se empeña en señalar la Wikipedia tomando rumores como verdaderos.

Viajera intrépida según los stories en un perfil en Instagram que supera los 300.000 seguidores, esa solo es una de las superficies de un perfil poliédrico con otras caras como las de presentadora de televisión, actriz, modelo, influencer y ahora escritora tras la publicación del libro ‘Freestyler. La batalla de los sueños improvisados’ (Harper Collins) junto a Carolina Bonilla. Con ella charlamos en esta primera entrevista de 'España no es (solo) blanca)' sobre sus orígenes, su perfil polifacético, ser mujer en el mundo de las batallas y, por supuesto, sobre el libro.

Empezamos un poco por el principio de los tiempos, cuando creciste como una chica negra en los 80. Hay un punto que considero muy definitorio, y es la adolescencia. Viendo cómo eras entonces y quien eres ahora, ¿Qué le dirías a esa Mery de 14 años?

¡Uf! Con lo que yo me quedo ahora mismo es que estoy haciendo exactamente todo lo que quiero y como quiero. Quizás tenía más miedos a los 17, a punto de estudiar en la universidad. Tenía bastantes reticencias a estudiar periodismo o comunicación audiovisual porque no veía referentes en televisión. La única referente era Francine Gálvez, que es maravillosa. Siempre pensé que nunca alguien como yo podría estar en televisión, lo tenía muy interiorizado. Lo veía como prácticamente imposible, entonces tiré por publicidad con la idea de no hacer nada relacionado con la imagen, de no exponerme.

Entonces, de haber tenido esos referentes, hubieras estudiado periodismo en vez de publicidad y relaciones públicas.

Sí. De hecho al final estudié publicidad por que los tres primeros años de carrera en las tres eran las mismas troncales, y me dije que si la publicidad no me flipaba podía cambiar. Al final el mundo de la publicidad me pareció horrible. Tenía la idea de que iba a hacer campañas super chulas, pero es un mundo muy empresarial y muy clasista. Eso lo noté mucho, tal vez no contra mí, pero sí en cómo trataban a gente de otras profesiones. Lo dejé, viajé a Brasil, Argentina.. y pensé en que ya vería qué hacer cuando volviera.

¿Y qué pasó a la vuelta?

Volví y trabajé en el aeropuerto vendiendo perfumes. Me daban muy buen horario, en jornada continua, con lo cual yo estaba solo siete horitas. Me ganaba un sueldo y mientras empecé a ir a castings. Estuve en ‘El Intermedio: International Edition’ y después en ‘Yu: no te pierdas nada’ con Dani (Mateo). A la vez colaboraba con un festival de música urbana. Ahí conocí a un fotógrafo que me hizo unas fotos, las metí en una agencia de publicidad y me salieron campañas, alguna a nivel mundial. Seguía mejorando mis skills (habilidades) apuntándome a un curso de prompter para poder trabajar en televisión.

Ahora estás en España directo, uno de esos programas emblemáticos de TVE. ¿Cómo está siendo trabajar en un formato así?

Hice un casting para un programa de otra cadena y le gusté mucho a la directora, pero al final querían a un chico. Se quedó con mi número y un año después me escribió para decirme que estaban buscando posibles colaboradores para sustituciones en verano. Hablé con la productora y, como no iba a poder ir todos los días, me dieron la opción de hacer reportajes una vez a la semana, en mi caso con retos. Y claro, eso lo puedo compatibilizar con las batallas. Me gusta mucho el reporterismo y andar conociendo pueblos exóticos de España.

Ahora eres una de las pocas personas afrodescendientes en televisión. ¿Cómo sientes ese punto de responsabilidad que acaba cayendo sobre ti como una especie de representante de esta comunidad?

Sí, es algo que he hablado con Lucía (Mbomío). A ella la sigo mucho y me acuerdo de vernos por los pasillos de la uni. No nos conocíamos pero nos mirábamos. Siempre he intentado llevar la línea de transmitir algo más. No me considero como una activista, porque veo el enorme trabajo que hacéis Lucía o tú, que estáis en primera línea de fuego, y a veces siento que no hago suficiente. Yo en realidad me quiero divertir, pero si es verdad que como me siguen chavales muy jovencitos con batalla, estoy pendiente para compartir y ser un poco altavoz.

Fuiste protagonista hace unos años de un titular acusado de racista y machista, ese “manual” para distinguirte a ti de Berta Vázquez y Montse Plá. ¿Crees que ha habido una evolución desde entonces?

Ahora estoy en otro foco, en otro lugar como para ser víctima de un tipo de artículo como ese. Me pareció horrible, lloré tanto con ese artículo, me sentí tan infravalorada… Fue muy desafortunado. Pienso que hay que distinguir un poco entre la prensa rosa y el resto. Cuando es por las batallas, todos los artículos han sido de muchísimo power, normalmente entrevistas hechas por mujeres. Ahí no he notado ni machismo, ni racismo, ni un ápice de nada, pero creo que la prensa del corazón a veces puede ser muy carroñera y en eso no sé si ha habido evolución. Personalmente estoy feliz de no volver a vivir eso.

Además, no era solamente que nos compararan físicamente, además que fuera tan con eso de que las mulatas están de moda, como quien habla de un bolso, y del tamaño de nuestras mandíbulas como si fuéramos un caballo. Hablaron de nosotras como si no tuviéramos una identidad y una profesión. Había trabajado tanto en mi profesión que de repente vino esto y me vi muy invisibilizada.

Vayamos ahora al mundo de las batallas. Lo último es tu libro, ‘Freestyler. La batalla de los sueños improvisados’, que compartes con Carolina Bonilla.

Sí, es amiga mía y además soy muy de sinergias. Me gusta trabajar en equipo. Me ha gustado tener esa parte tan militar de mi amiga de repartir el trabajo, intercalando los capítulos, porque sino me despisto. En el libro hay una parte muy personal con mis memorias tanto de infancia, como de la España de los 80 siendo afrodescendiente, situaciones que me han ocurrido, incluso racistas, y que me apetecía compartir. Eso fue fuera del colegio, ya que antes estaba en una burbuja de felicidad. Hasta que no salí a la calle, la vida no me puso en situaciones por las que dices, ¡wow! Eso te hace ser consciente. Eso es una parte, y hay otra que es ficción, sobre un chico que empieza en batallas de parques y quiere llegar a una muy grande. Es una especie de Ulises que va haciendo su viaje.

¿Y quiénes son los lectores a los que te diriges?

A los chavales creo que les gustará porque se pueden identificar con Héctor, el protagonista, y más si les gusta el freestyle. Pero la parte de mis vivencias son para todo el mundo. Si te gusta la música, has crecido en los 80 o has visto El Príncipe de Bel-Air, hay un capítulo en el que hablo de lo que supuso para mí. Así que quien ha crecido en esa época puede revivir conmigo esas vivencias. También creo que es interesante para quien tenga mucho gusto por la música. Y hablo del debate entre Tupac y Nas.

Con eso de Tupac y Nas claramente te metes en un enorme jardín.

Sí sí, me meto en jardines también.

Saliendo del libro. ¿La pandemia ha cambiado el mundo de las batallas?

En general el mundo no sé hasta qué punto será igual que antes porque hemos cambiado todos. Lo que sí sé es que hay mucha hambre de ver batallas. Este verano noté muchísimo las ansias del público de ver batallas y el cariño de la gente, están como más agradecidos de vivirlo de nuevo. Cuando no hay público los mc’s a lo mejor se enfocan más en sus rimas y pueden subir el nivel, pero se echa de menos a la gente arengando y gritando.

En el mundo de las batallas hay una clara ausencia de mujeres. ¿Cómo ha sido tu camino en ese sentido y qué horizonte ves?

Para mí no fue muy fácil, me expuse ante muchísima gente. Es un mundo que cuando te acepta te da un montón de cariño, pero al principio recibes hate (odio) en redes y puedes salir muy lastimado. Al principio no les gustó como empecé y así me lo hicieron saber. Me vieron como el eslabón más débil, me tiraban por ser mujer y afrodescendiente, no por mi trabajo. Una vez me bajé de un escenario a llorar, pensando que no iba a poder con esto.

Pero luego fue mejor, y he creado un proyecto con Red Bull llamado ‘Caleidoscopía’, donde intenté juntar a mujeres artistas de varios países, aunque por la pandemia fue complicado. La idea era que se conocieran, que sacaran temas y sobre todo crear y apoyarse. Hay chicas que brillan un año o dos pero luego lo dejan, y hay que evitar que eso pase. Del encuentro salieron cosas muy bonitas, pero también muy duras. Me gustaría que el proyecto se hiciera más, una vez al año o así.

Algo de lo que comentas tiene que ver con la salud mental. Con todo ese hate, ¿cómo has lidiado tú con ello?

Por las batallas en concreto no he acudido a un profesional, pero sí por el tema de la exposición, en la época de aquel artículo que comentábamos. No estaba preparada para ello. Sé que compañeros y compañeras que conozco de las batallas que sí acuden a profesionales, pero sigue siendo un tema bastante tabú. La salud mental me parece primordial para poder enfrentarte a veces a este mundo, que no es nada fácil. Y luego, claro, para estar bien contigo mismo. Lo veo más en los jóvenes.

¿Se ve esa diferencia entre las generaciones más mayores y los jóvenes?

Es verdad que en las generaciones de ahora las conversaciones sobre salud mental están aún más presentes. A las generaciones anteriores igual nos cuesta más decir: bueno, mira, está bien ir al psicólogo y no significa que tengas un súper problema. Ese estigma todavía está muy presente.

Mi sensación es que cada vez hay más interés por las batallas. En Youtube se sube un montón de contenido y ya es una conversación habitual en las redes sociales. ¿Lo percibes así?

Si, cada vez tiene más atención mediática. En redes como Twitter cada vez salen más a quienes les gustan las batallas. Ahora hay quien hace un streaming y comenta batallas, atrayendo a su público. Eso es genial y yo estoy muy feliz de que sea así.

Seguimos con tus múltiples facetas, como la de influencer. Con más de 300k seguidores, ya es un trabajo más. Pero no siempre tiene que apetecer estar pendiente de las redes, ¿no? ¿Cómo lo llevas?

Siempre enfoqué las redes más por la parte de trabajo. Una vez una oportunidad en un medio de comunicación se me cayó porque de repente empezaron a contratar a youtubers. Recuerdo que como el director del programa le dijo a mi repre que Mary lo que tiene que hacer es tener seguidores, que se haga youtuber. Entonces yo me lo tomé al pie de la letra. Pensé a lo mejor me podía preparar para un trabajo pero que de repente podía venir alguien con números y que escogieran esa opción. Y ya no voy a entrar a debatir si eso es mejor o peor.

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