Crear vida en Marte no es un imposible: este es el primer paso necesario para ello

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Representación artística de una colonia humana en Marte. (Crédito imagen: Wikipedia).
Representación artística de una colonia humana en Marte. (Crédito imagen: Wikipedia).

El sueño de que un humano ponga un pie sobre Marte comenzó mucho antes de que Armstrong horadara el regolito lunar con aquel “pequeño paso”. El planeta rojo, a que le dimos el nombre de un dios belicoso tal vez por asociación cromática con la sangre, lleva siglos atrayéndonos con su canto de sirena, pero lo cierto es que hasta ahora entre los humanos no ha habido ningún Ulises capaz de emprender un viaje semejante. No por falta de valor o de ansia de inmortalidad, para eso siempre habrá voluntarios entre nuestras filas, sino simplemente porque nuestros “barcos” interplanetarios no están preparados para el largo y peligroso trayecto hacia el cuarto mundo de nuestro sistema solar.

Pero entonces apareció toda una generación de audaces soñadores (todos ellos millonarios) y trajeron una revolución tecnológica basada en cohetes reutilizables que no solo abarató el precio de poner una carga útil en órbita, sino que brindó naves con una capacidad de carga nunca antes vista. Gracias a esos emprendedores con apellidos famosos (Bezos, Musk, Branson, etc.) es probable que la NASA tenga por fin al alcance de la mano hacer posible el viejo sueño de enviar misiones tripuladas a Marte, e incluso de establecer bases permanentes en el planeta rojo.

Imaginemos que – esta vez sí – ha llegado el momento de dar el salto interplanetario y que la NASA envía esa histórica primera misión tripulada a Marte durante la década de 2030. Dado que la ventana de lanzamiento ideal para ir y volver se da cada dos años (debido a las diferencias entre las órbitas de ambos mundos) los tripulantes saben que no solo se enfrentarán a un largo viaje a través del espacio profundo, sino que una vez allí el tiempo de espera también va a ser prolongado. Y bueno, ya sabemos que Marte es un planeta sumamente hostil, tanto que a su lado la Antártida parece un resort tropical, de modo que si quieren enfrentarse al desafío de poder cultivar allí su propia comida antes tendrán que resolver muchos problemas técnicos.

Si de verdad pretendemos cambiar las características de Marte hasta convertirlo en un mundo “amable” capaz de sustentar vida terrestre, y en el que podamos cultivar tomates marcianos en su superficie, el problema prioritario que debemos abordar es el de la falta de una magnetosfera protectora. En la Tierra tenemos la fortuna de contar con un núcleo de hierro incandescente que actúa como una dinamo, el cual produce un potente campo magnético que nos protege contra la dañina radiación espacial. Marte en cambio no cuenta con una magnetosfera eficiente. Apenas existen unos parches remanentes de campo magnético en el hemisferio sur, pero ni tienen el tamaño ni la magnitud adecuada para dar sustento a una hipotética colonia humana.

Concepción artística de dos astronautas trabajando en la superficie de Marte. (Crédito imagen: NASA).
Concepción artística de dos astronautas trabajando en la superficie de Marte. (Crédito imagen: NASA).

Los primeros pasos hacia una posible solución de este problema acaban de darse, con el trabajo que acaba de preparar un equipo de investigadores de la NASA, del laboratorio espacial Rutherford Appleton del Reino Unido (RAL), y de la prestigiosa Universidad de Princeton.

En el trabajo, que acaba de publicarse en la revista Acta Astronautica, el equipo explica en primer lugar la importancia que la magnetosfera tiene en el sostenimiento de vida en la Tierra. “La magnetosfera de nuestro planeta nos protege de los efectos potencialmente esterilizantes de los rayos cósmicos, al tiempo que también ayuda a retener la atmósfera, que de otro modo se vería barrida por los grandes tormentas solares, a medida que estas pasaran sobre la superficie del planeta”.

Como comprenderéis no tenemos la tecnología necesaria para crear un núcleo incandescente en Marte del tamaño necesario (en realidad todo el planeta es demasiado pequeño y frío para que esta posibilidad se diera de forma sustentada). ¿Entonces qué? Bien, el equipo de la NASA/RAL/Princeton cree que existe una alternativa viable, que consistiría en crear una magnetosfera desde fuera, para lo cual se emplearía a una de las lunas de Marte (Deimos y Fobos) para que actuara como una especie de generador de partículas magnéticas capaz de cargar al planeta rojo de afuera hacia dentro.

Con una magnetosfera estable, en el futuro se podría pensar en terraformar Marte hasta el punto de que pudiera sustentar a una biosfera. Incrementando el volumen de gases de efecto invernadero se podría aumentar el calor del planeta, lo cual provocaría el deshielo de sus polos permitiendo que el agua líquida volviera a correr por Marte. Tras eso habría que intervenir para crear una atmósfera respirable, pero como vemos el problema más incipiente es dotar a Marte de un campo magnético protector que fije la atmósfera. En el pasado el planeta ya sufrió la pérdida de su atmósfera debido a este problema.

Tal y como relatan los autores del estudio, pese a que la escala de su idea está adaptada a Marte, los principios serían igualmente aplicables a objetos no magnetizados de menor escala como naves espaciales tripuladas, estaciones espaciales o bases lunares, para lo cual habría que crear “mini-magnetosferas” protectoras.

Si lográsemos crear estos campos magnéticos portátiles, los humanos habríamos resuelto uno de los impedimentos más serios para expandirnos por el universo, ya que podríamos sumergirnos en las “peligrosas aguas” del espacio profundo protegidos de la dañina radiación cósmica.

Pero antes de soñar con esa expansión por la galaxia de la raza humana, no nos vendría nada mal que en efecto la NASA se propusiera seriamente enviar astronautas a Marte. Cada cosa en su momento, vayamos paso a paso.

Me enteré leyendo thenextweb.com

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