En Marruecos hablan de la 'Yallah' como una invasión pacífica de Ceuta

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El Ministerio de Defensa ha desplegado varias unidades del Ejército en la frontera de Ceuta. EFE
El Ministerio de Defensa ha desplegado varias unidades del Ejército en la frontera de Ceuta. EFE

Anoche entraron cerca de 6.000 ciudadanos marroquíes de manera irregular a Ceuta. A un ritmo de 30 personas por minuto dejando unas imágenes nunca antes vistas en la frontera con Marruecos. Multiplicando por cuatro el récord de llegadas hasta la fecha, fijado el 8 de noviembre en Canarias.

Eso ha motivado que, a un lado de la frontera, en España, el presidente del Gobierno haya cancelado su agenda y que el Ejército haya desplegado varias unidades de la Legión y de Regulares para patrullar las calles de la ciudad autónoma junto a la Policía. "Mi prioridad en este momento es devolver la normalidad a Ceuta. Sus ciudadanos y ciudadanas deben saber que cuentan con el apoyo absoluto del Gobierno de España y la máxima firmeza para velar por su seguridad y defender su integridad como parte del país ante cualquier desafío", ha señalado Pedro Sánchez en su cuenta de twitter.

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Mientras que, al otro lado, en suelo marroquí, no está sucediendo nada. De hecho, la ausencia de actividad de las autoridades de Rabat ha constatado lo que el Gobierno español se temía, pero no quería confirmar antes de tiempo. La intención deliberada del gobierno de Rabat de abrir la mano en la frontera. Este aviso del decaimiento de la vigilancia ha prendido en el pueblo marroquí, que lo ha entendido como un llamamiento masivo al ‘Yallah’, que viene a significar ‘Vamos’ en árabe. Algo que la diputada de Vox por Ceuta, Teresa López Álvarez, no ha dudado en calificar como una “invasión de Ceuta”.

Pablo Casado también se ha sumado al debate pidiendo al Gobierno que "garantice la integridad de la frontera española".

Ese 'Yallah' viene a ser una suerte de represalia derivada de la tensión diplomática entre ambos países por la protección y la atención hospitalaria dada en Logroño al líder del Frente Polisario, Brahim Gali. Cuyo objetivo es alcanzar la independencia y autodeterminación para el pueblo saharaui.

Para entender la trascendencia de este asunto es como si el gobierno francés diera cobertura al enemigo público número 1 de España. Y el Gobierno sabía lo que había porque tramitó la entrada de Gali en España con pasaporte falso para evitar que los servicios de inteligencia de Rabat tuvieran constancia. 

Todo ello en un contexto en el que Estados Unidos reconoció a principios de año la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara occidental. Así que 'con Joe Biden hemos topado'. Por suerte, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, se alineó públicamente, y sin fisuras, con España.

Con este caldo de cultivo, la oleada migratoria comenzó al filo de la medianoche del lunes por el espigón norte del perímetro fronterizo y durante la noche y todo el día se ha extendido también al Tarajal, en el extremo sur, por donde los marroquíes, en su mayoría jóvenes varones, pero también mujeres e incluso niños, han superado la barrera fronteriza sin ningún control.

Medios locales vinculados al régimen marroquí han informado en las últimas horas de que Rabat ha decidido cortar la cooperación policial y de inteligencia con España y Alemania -retirando a su embajador en Berlín-. Un paso más tras el duro comunicado publicado el pasado 8 de mayo por su Ministerio de Exteriores afeando la decisión del Gobierno español de no informar de antemano a Rabat del trato dado a Gali. Lo cual "no es una simple omisión", sino "un acto premeditado, una elección voluntaria y una decisión soberana de España, de la que Marruecos toma nota".

La guinda llegaba por boca de la embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich, quien reconoció que se trataba de una represalia. "En las relaciones entre países hay actos que tienen consecuencias y se tienen que asumir", señaló como provocación para ser llamada a consultas.

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Toda esta terminología, incluidas las palabras de Sánchez, suena grandilocuente, pero España se enfrenta a un desafío desconocido en los últimos tiempos con el que Marruecos está haciendo una demostración de fuerza de su influencia en las fronteras europeas. Ceuta y Melilla son los únicos fronteras terrestres del viejo continente con África.

En otras ocasiones, todo se ha resuelto con algún tipo de acuerdo beneficioso para que Marruecos, a cambio, aceptara las repatriaciones. Pero esta vez la envergadura del conflicto es mayor y puede que la opción sea una guerra diplomática. Un escenario desconocido para España tras el conflicto de Perejil

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