Así se ha convertido Mark Rutte, primer ministro holandés, en el villano de la Unión Europea

Javier Taeño
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Tras el Brexit y la epidemia del coronavirus, la Unión Europea se enfrenta a un gran desafío que va a marcar su futuro. En una época en la que hace falta más unión y solidaridad entre países, las tensiones entre los miembros son más evidentes que nunca. El principal factor de enfrentamiento está relacionado con el fondo de recuperación de la crisis.

Mientras que la mayoría apuesta por un plan ambicioso y conjunto (entre ellos los más grandes como Alemania, Francia, Italia o España), los conocidos como frugales (Países Bajos, Suecia, Dinamarca, Austria) se resisten a dar su brazo a torcer. Al frente de estos últimos se encuentra Mark Rutte, el primer ministro holandés que se ha erigido en líder del grupo y que suscita todas las críticas por su falta de solidaridad con los vecinos.

Mark Rutte, primer ministro de Países Bajos. (AP Photo/Olivier Matthys, Pool)
Mark Rutte, primer ministro de Países Bajos. (AP Photo/Olivier Matthys, Pool)

De la mano de este político liberal, Países Bajos ha dejado claro estos meses las enormes diferencias que existen entre el Norte y el Sur del continente sobre la manera de salir de la crisis. Aunque tradicionalmente el papel de gran bloqueador de Europa ha recaído sobre Reino Unido, tras su marcha son los holandeses los que han asumido este rol, algo que el presidente francés Emmanuel Macron se ha encargado de recordar.

No es el único porque Bulgaria le ha acusado de creerse “el policía de Europa”, Hungría ha dicho que “usa tácticas de la dictadura comunista” e Italia ha recordado que las grandes potencias están juntas en esto. Pese a que Rutte se ha convertido en el nuevo villano de Europa no parece que él ni sus aliados vayan a dar su brazo a torcer, aunque enfrente tienen a más del 80% del PIB del continente.

El político de La Haya sabe bien gestionar estas presiones y a lo largo de los años se ha caracterizado por ser un negociador nato e implacable. Sus 10 años al frente de su país (el segundo que más tiempo lleva después de Merkel) le avalan.

Rutte se graduó en Historia y trabajó durante varios años en la empresa privada, concretamente en el gigante alimentario Unilever. Un puesto que compaginó con sus aspiraciones políticas. Ya en la universidad formaba parte de la organización juvenil del Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD) en la que actualmente es su máximo representante.

Durante los años 90 y los 2000 el de La Haya fue ocupando cargos de más relevancia en la formación hasta que finalmente en el año 2006 fue elegido líder del partido. Su primera prueba de fuego fue en 2010 cuando ganó las elecciones, desbancando por primera vez desde la II Guerra Mundial a los democristianos y a los socialdemócratas, pero quedó lejos de la mayoría.

En Países Bajos hay una gran fragmentación política y los pactos suelen tener la llave de los Gobiernos. Gracias a su capacidad de lograr acuerdos se convirtió en primer ministro con el apoyo de los democristianos y del Partido de la Libertad de Geert Wilders, de extrema derecha.

Desde entonces y hasta ahora ha estado gobernando en el país y ya son tres las elecciones en las que ha sido el más votado, pudiendo revalidar su mandato en 2021, aunque aún no ha decidido si se volverá a ser el candidato. En todos estos años Rutte se ha presentado como un político cercano a la sociedad, ya que no duda en ir a trabajar en bicicleta y mantiene la misma cartera ministerial desgastada desde hace 10 años.

Mark Rutte saluda desde su bicicleta. (Photo credit should read Evert-Jan Daniels/AFP via Getty Images)
Mark Rutte saluda desde su bicicleta. (Photo credit should read Evert-Jan Daniels/AFP via Getty Images)

Una imagen que le granjea mucha popularidad. Al mismo tiempo también ha reforzado su fama de negociador duro. No le tembló la mano en 2012 cuando Wilders hizo caer su Gobierno y convocó unas elecciones en las que reafirmó su dominio. Tampoco le está temblando ahora, con la negociación en Europa ni cuando sus socios han cuestionado la política impositiva a las grandes empresas en el país.

Tal y como él mismo dice “no está hecho de plastilina y puede gestionar las presiones”. Una declaración de intenciones que muestra que el acuerdo con Rutte no va a ser fácil, aunque no se puede olvidar que si ha estado tanto tiempo en el Gobierno en un país como Países Bajos es porque sabe ceder cuando llega el momento.

La situación ahora es complicada porque este primer ministro se enfrenta a una disyuntiva. Si cede en Europa se gana el rechazo del Parlamento holandés; mientras que si cumple con las exigencias de La Haya se va a convertir en ese estado bloqueador del que habla Macron y puede granjearle muchas antipatías en el futuro de la Unión. Lo que parece seguro es que Rutte volverá a hacer gala de su talento para la negociación, tal y como lleva haciendo una década en el poder.

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