La cruzada inagotable de Mario Vargas Llosa contra el comunismo

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Mario Vargas Llosa nunca ha eludido las preguntas relacionadas con la política ni ha escondido cuál es su pensamiento ni su ideología, que ha ido variando con la edad y las experiencias. De su pasado comunista no queda más que el recuerdo. Con los años y los desengaños que dice haber sufrido, se ha convertido en uno de los azotes de la izquierda más conocidos a nivel mundial del mundo hispano. Un viraje de años que ha culminado, si es que no lo había hecho ya antes, anunciando esta misma semana que votará (cuando llegue el momento) al Partido Popular.

Mario Vargas Llosa no pierde ocasión de criticar al comunismo, con el que simpatizó en su juventud. (Foto: AFP / RODRIGO BUENDIA)
Mario Vargas Llosa no pierde ocasión de criticar al comunismo, con el que simpatizó en su juventud. (Foto: AFP / RODRIGO BUENDIA)

Un anuncio de voto que ha sido escenificado en la convención nacional celebrada por el PP estos días, con su líder Pablo Casado presente y con unas declaraciones sobre la libertad y la democracia que han hecho correr ríos de tinta en las últimas horas. Según el Premio Nobel de Literatura,”"lo importante en unas elecciones no es que haya libertad, sino votar bien”. Algo que asegura que no hacen en algunos países de América Latina con los que ha sido muy crítico siempre. 

Vargas Llosa, nacido en Arequipa en 1936, fue uno de los muchos jóvenes que ‘coqueteó’, como se ha dicho tantas veces cuando se hacen perfiles de su figura, con el comunismo. En uno de esos repasos a su vida e ideología realizados hace algún tiempo por 20 Minutos se mencionaba precisamente cómo con el tiempo ha pasado de un lado de la línea ideológica a prácticamente el opuesto que, para él, es “la trinidad inseparable de la civilización, la legalidad, la libertad y la propiedad”, en palabras de Fiedrich Hayek. 

En multitud de ocasiones se ha declarado liberal y enemigo de Fidel Castro y Hugo Chávez. Declaraciones que hacen que, al otro lado del charco, en aquellos países contra cuyos gobiernos no deja de cargar una y otra vez, sea visto como simpatizante de la derecha. Y es que el activismo contra el comunismo de Vargas Llosa no descansa. Raro es el acto público (o entrevista) en el que no lanza un mensaje en su contra, un aviso o una crítica voraz. 

Solo dos días antes de aparecer en la convención popular dando su respaldo a Pablo Casado, en un acto en el que recibía la Orden Nacional al Mérito en grado de Gran Cruz, señalaba que algunos de sus “compatriotas” no han entendido todavía que el comunismo, según su punto de vista, es “una fantasía” y que “desapareció por la incapacidad absoluta de satisfacer las necesidades más elementales de los pueblos que creyeron en ella”.

Y no solo eso, sino que hizo un repaso por los países que han abrazado el comunismo dándoles una definición a cada uno en forma de azote verbal. De Rusia dijo que es un régimen de “capitalismo de amiguete”. De China, un “país capitalista de empresarios que se quedan mudos ante los dislates del poder”. De Cuba, que allí “miles salen a las calles a reclamar la comida y el trabajo que no tienen desafiando la cárcel”. De Venezuela, que es “uno de los países más ricos, que ahora expulsa a cinco millones y pico para que no se mueran de hambre”. Y del “comandante Ortega” en Nicaragua, que “gana elecciones porque mete a la cárcel a todos sus adversarios”.

Ese ha sido el último repaso que ha dado al comunismo, pero no será el último, como tampoco ha sido el primero. Lleva haciéndolo décadas. Sobre todo después de la salida de su país, Perú, donde se presentó como candidato a las elecciones en 1990 contra Alberto Fujimori abandonando la campaña antes de acabarla. Residente en España desde hace años y con pasaporte español, ahora votará al PP. 

Muy lejos ha quedado aquella historia, que él mismo ha contado, de cuando salió a la calle para posicionarse a favor del presidente Jacobo Árbenz Guzmán, tachado de comunista por parte de EEUU y en cuyo final tuvo que ver la CIA, ha recordado en varias ocasiones. De aquel episodio de su vida, cuando era aún un adolescente, en 1954, nació la inspiración para escribir Tiempos Recios, publicado en 2019. 

Durante la promoción de esta novela, dijo en una entrevista, que “el problema mayor que tuvo la democracia fue el comunismo, que sedujo a millones de jóvenes con la idea de un paraíso en esta tierra. Esto ha desaparecido, el comunismo desapareció, ya no existe. ¿O alguien puede creer que Corea del Norte, o Venezuela, o Cuba puedan ser modelos para el tercer mundo?”.

Muy lejos ha quedado aquel Vargas Llosa que pensaba que “la democracia era imposible. El papel de Estados Unidos nos llevó a desear el paraíso comunista y causó un terrible retraso democrático del que ahora estamos saliendo. Se abrió un período de matanzas espantosas y de terrorismo hoy, por suerte, superado”, como recogió El Comercio.

Sobre su cambio ideológico, en una entrevista con El País Semanal en 2018 rememoró cómo se produjo su desencanto. "Yo quise ser comunista, me parecía que el comunismo representaba la antípoda de la dictadura militar, de la corrupción y sobre todo de las desigualdades. Entonces entré en San Marcos, una universidad nacional y popular, con la idea de que ahí debía de haber comunistas con los que vincularme. Y efectivamente, me vinculé", contó entonces. 

Sin embargo, "en ese tiempo el comunismo en América Latina era el estalinismo puro y duro, con partidos subyugados a la Komintern, a Moscú. A mí me defendieron del sectarismo Sartre y el existencialismo. Yo tenía todo el tiempo discusiones en mi célula, y solo milité un año. Pero seguí siendo socialista de una manera vaga, y eso lo fortaleció la revolución cubana, que al principio parecía un socialismo distinto, no dogmático. Me entusiasmó. En los sesenta viajé a Cuba cinco veces. Y poquito a poco vino el desencanto, sobre todo a partir de la creación de las UMAP [Unidades Militares de Ayuda a la Producción]", añadía sobre el momento en el que viró ideológicamente. 

El Vargas Llosa que vino después, el reconocido escritor a nivel mundial, es un enemigo acérrimo de aquella ideología que defendió de joven y no pierde ocasión de criticarla poniendo nombres y apellidos a quienes considera culpables. La semana pasada, de viaje por México, repetía que ni el socialismo ni el comunismo tienen la solución para Latinoamérica y puso como ejemplo de “fracaso del socialismo radical y el comunismo” a Cuba, Venezuela y Nicaragua.

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