Marijo Torres, la dueña de la panadería, cuenta cómo vivió la entrada de una vaca en su local

El momento en el que la vaquilla se cuela en la panadería Torres.
El momento en el que la vaquilla se cuela en la panadería Torres.

El momento en el que la vaquilla se cuela en la panadería Torres.

El pan recién hecho, y más el de una panadería con más de 150 años de historia, siempre es un buen reclamo. Su olor y su sabor es garantía suficiente como para que todo el mundo que pasa por la calle se pare y entre a la tienda a comprar.

Sin embargo, la panadería Torres del pequeño municipio de Laguardia (Vitoria) tuvo este pasado sábado un cliente de lo más particular: una vaquilla. Durante un encierro en las fiestas de la localidad, el animal rompió un escaparate para colarse en el local.

María José Torres, la dueña del establecimiento, se encontraba dentro cuando entró la vaquilla. Por suerte, ella estaba junto a la puerta, en el otro lado del mostrador por donde entró la vaquilla, y pudo salir por la puerta sin sufrir daños. La cerró y se refugió en las barreras protectoras que había instalado el consistorio.

Unos corredores que estaban en el encierro fueron los que se atrevieron a abrir la puerta y animar a la vaca a salir para retomar el encierro. La escena se ha hecho viral y ya ha sido vista en toda España.

Así cuenta Torres, hija y nieta de panaderos, esta curiosa anécdota: “La vaca entró por el escaparate. Yo no la veo, solo oigo un estruendo muy grande y cuando me giro la veo dentro de la panadería. Menos mal que estaba en el otro lado del mostrador”.

“Entonces yo reacciono lo más rápido que puedo y abro la puerta, que la tenía cerrada con llave, para salir y protegerme porque no me quedaba otra”, recuerda Torres, que incluso llegó a cerrar la puerta para evitar que el animal la persiguiera.

La panadera, que lleva más de 35 años trabajando en el negocio, reconoce que más que asustarse por ver el animal dentro se sorprendió: “Lo único que me salió fue decirle ‘ahí va, si está aquí está hija de tal’. Luego ya me dije que ‘Marijo, no te queda otra que salir y correr’”.

“Estaba todo tirado por el suelo”

Cuando se terminó el encierro y por fin pudo volver a entrar en la panadería, se encontró, como no podía ser de otra manera, con todo roto y tirado por el suelo.

Más allá del escaparate destrozado en mi pedazos en el suelo, la vaca tiró todas las pastas, rompió una mesa que tenía en el centro y puso la tienda patas arriba. Marijo, como la llaman en el pueblo, se lo tomó con humor y lo resume con una frase: “Lo normal después de que entrara por la venta semejante bicharraco”.

Desde el consistorio ya le han arreglado parte del estropicio. Primero le colocaron un tablón provisional en la ventana y este lunes ya le pusieron el cristal del escaparate.

Lo que sí ha conseguido es que el local se llene de curiosos y monopolizar todas las conversaciones en el pueblo. “No hay otro tema de conversación ahora. A ver si pasa algo y se deja de hablar de mí”, ironiza, comentando que ese día en las fiestas incluso la bautizaron “chica torera”.

Pero Torres espera que no se repita. De momento, ya ha tomado la medida de poner un cartel en el que se puede leer “prohibido vacas” y ya avisa que el año que viene verá el encierro desde el balcón para “no corre más peligro”.

Lo que este suceso deja más claro que pocas cosas atraen más que el olor de pan.

El estado de la panadería Torres tras el paso de una vaquilla.
El estado de la panadería Torres tras el paso de una vaquilla.

El estado de la panadería Torres tras el paso de una vaquilla.

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