Marc Márquez correrá en Jerez: el peligro de idealizar una conducta arriesgada e imprudente

Luis Tejo
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El piloto de MotoGP Marc Márquez caminando en el circuito de Jerez con una protección en su brazo derecho.
Marc Márquez saliendo de las pruebas médicas en el circuito de Jerez, ayer jueves, con una protección en el brazo derecho que se rompió el fin de semana pasado. Foto: STR/AFP via Getty Images)

Toda sociedad necesita sus héroes. En el pasado lo eran los grandes líderes militares. A veces, muy raras, este honor ha correspondido a científicos o artistas particularmente prestigiosos. En los siglos XX y XXI, no nos engañemos, los que más atención reciben son los deportistas de élite. Los vemos como personajes legendarios capaces de superar cualquier adversidad y por eso les entregamos nuestra admiración desmedida y nuestras críticas más feroces cuando, pese a tener un rendimiento con el que un mortal común ni soñaría, no llegan a cumplir nuestras expectativas. Esto a veces les puede llevar a caer en la temeridad, en hacer cosas más bien insensatas con tal de alcanzar la gloria. Marc Márquez nos ha dado esta misma semana un muy buen ejemplo al respecto.

Ponemos en contexto. El Campeonato del Mundo de motociclismo de 2020 es una de tantas cosas que han tenido que retrasar su arranque como consecuencia de la pandemia del coronavirus. Lo previsto era que hubiera comenzado en Catar a principios de marzo, pero las circunstancias obligaron a suspender la prueba en MotoGP (en Moto2 y Moto3 sí se pudo correr porque los pilotos y equipos ya estaban allí terminando la pretemporada). Tras cuatro meses de parón y el diseño un calendario alternativo parece que, al menos por ahora, la competición podrá seguir adelante.

Empezar, ya ha empezado. El pasado domingo 19 se disputó la primera prueba, el Gran Premio de España, en el circuito de Jerez. Y, por optimizar recursos, este mismo domingo tendrá lugar la segunda cita: el Gran Premio de Andalucía. En el mismo escenario, con el mismo recorrido, y con la única diferencia del nombre oficial, para poder distinguirlos a efectos de registrar los resultados. La misma solución de “doblar” inventándose una segunda carrera en algunos circuitos se va a aplicar unas cuantas veces más este año, incluyendo sedes como Alcañiz (Aragón) o Cheste (Valencia), y por ahora, a falta de ver qué pasa con Argentina, Tailandia y Malasia, las citas que ya tienen fecha definida son íntegramente en Europa. Todo sea por tener un número decente de competiciones minimizando los viajes por el mundo.

El fin de semana pasado, decíamos, fue el primero de los dos Grandes Premios de Jerez. En la máxima categoría el triunfo fue para el francés Fabio Quartaro, seguido por Maverick Viñales y Andrea Dovizioso. Los aficionados se extrañarán de que Márquez, el gran favorito y campeón de seis de los últimos siete Mundiales, ni siquiera entrara en el podio. Tiene una explicación sencilla. En la vuelta 21ª de las 25 que había que completar le ocurrió esto:

Perder el control de la moto e irse al suelo le hizo quedarse sin opciones no ya de lograr un buen puesto, sino siquiera de terminar la competición. Es más, se lo tuvieron que llevar de allí en camilla. El diagnóstico era contundente: fractura de húmero. Para cualquier persona semejante estropicio supone, en el mejor de los casos, varias semanas, si no meses, de baja y reposo absoluto con el fin de intentar (que no garantizar) una curación completa y con no demasiadas secuelas. El propio Márquez, según contó su hermano, no era nada optimista con respecto a los plazos de curación.

El martes fue operado “con éxito” en Barcelona y, según contaba, se sentía “mejor” y con ánimos de “empezar la recuperación”.

Se ve que esa recuperación ha sido extraordinariamente eficiente. Porque enseguida volvió a Jerez y pasó una revisión médica en una clínica, en la que los doctores le consideraron “apto” para competir (o al menos intentarlo) este mismo fin de semana. El doctor Ángel Charte, director médico de MotoGP, lo explicaba: “Se le sometió a una intervención quirúrgica y se le colocó una placa de contención. Pasadas 48 horas, como indica el código médico, tiene derecho a solicitar una valoración para poder participar en la siguiente carrera”.

Y dicha valoración ha sido positiva. Insiste Charte: “[Márquez] ha venido a la unidad médica de exploración, se le han practicado todos los movimientos que podrían estar afectados por la lesión y ha resultado que lo ha hecho perfectamente. Ningún síntoma ni de dolor ni de incapacidad de la extremidad derecha superior. Aunque nos parezca raro, el examen ha dado positivo y está preparado para correr. No se puede saber en qué porcentaje, pero cumple todo el rigor del protocolo médico para correr”.

Así pues, mañana sábado se subirá a la moto para probarse y ver si está en condiciones de disputar la carrera. Todo perfectamente legal y cumpliendo al milímetro los protocolos. Y para muchos, todo un acto de heroísmo y de afán de superación. Para otros, sin embargo, una auténtica insensatez.

Porque, pese a que nos lo han vendido como iniciativa propia de Márquez y su afán competitivo, y a que los médicos se lo han autorizado, no parece nada razonable subirse a una moto y ponerse a casi 300 kilómetros por hora menos de una semana después de pasar por quirófano. A lo mejor no ocurre nada, porque son profesionales de altísimo nivel, pero hacer semejante esfuerzo en esas condiciones puede ser un peligro tanto para sí mismo como para el resto de rivales (puesto que, al no estar a tope para una tarea tan delicada como pilotar a toda velocidad, las posibilidades de causar un accidente aumentan).

Marc, por su parte, en principio tampoco tiene nada que demostrar a estas alturas de su carrera, con toda la gloria que lleva detrás. Sin embargo, precisamente por eso él es el principal atractivo del campeonato, y su ausencia sería un golpe bastante duro para la imagen de un torneo que, como todos, ya ha sufrido muchas pérdidas en este año tan atípico. No hay constancia, por supuesto, de que haya sufrido presión alguna para acortar los plazos más allá de lo que dicta el sentido común.

Se da la circunstancia añadida de que hay otros dos pilotos que también acabaron heridos el fin de semana pasado en Jerez. Alex Rins también se llevó un golpe fortísimo durante la Q2 (una de las sesiones de clasificación para determinar el orden en la parrilla de salida) que le causó una fractura en el hombro derecho, y el inglés Cal Crutchlow también se fue al suelo en el warm up (la última sesión de ensayos previos) sufriendo una fractura en el escafoides, uno de los huesos de la muñeca. Ambos han pasado por quirófano... y ambos han recibido el visto bueno para intentar correr.

Se acepta el argumento de que son los mejores pilotos del mundo y eso incluye características físicas como una capacidad de recuperación muy superior a la de una persona corriente. De igual manera, podemos comprar que tienen acceso a tratamientos médicos avanzados de altísima eficacia que, por su precio, quedan fuera del alcance de la gente común. Incluso algunos aficionados apuntan a que si es el piloto el que decide correr asumiendo el riesgo (algo que, por otra parte, va en el sueldo) y ha conseguido que los médicos den su beneplácito, ahí debería acabar toda discusión.

Porque como se está vendiendo este hecho es como una nueva proeza de Márquez. Y sin duda, si llega a poder pilotar (y más aún, si encima tiene un papel digno o incluso se le ocurre ganar), le serviría para ampliar aún más su mito. ¿Justifica eso relegar la salud y la propia integridad física a un segundo plano? Planteárselo es lícito, en especial teniendo en cuenta que la figura de Marc es especialmente relevante tanto para los aficionados como para el resto de pilotos y lo que haga o deje de hacer puede servir de ejemplo, por un lado, de motivación para sobrepasar los propios límites... pero por otro, de desprecio a las medidas de precaución más elementales con tal de lograr su objetivo. En el desafortunado y esperemos que improbable, pero posible, caso de que suceda algo grave, veremos quién se responsabiliza y afronta las consecuencias.

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