Ni Marc Márquez inventó el riesgo ni es ningún asesino de niños

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Suter Moto2 rider Marc Marquez of Spain wears his helmet in his pit garage during a free practice session for Sunday's Japanese Grand Prix in Motegi, north of Tokyo October 12, 2012.   REUTERS/Toru Hanai (JAPAN - Tags: SPORT MOTORSPORT)
REUTERS/Toru Hanai

Pongamos un poco de contexto: el pasado sábado 25 de septiembre, moría en un terrible accidente, Dean Berta Viñales, piloto de quince años. Viñales, sobrino de Maverick, piloto de Moto GP, tenía como objetivo hacerse un hueco entre los mejores del planeta y el ejemplo lo tenía en casa. Motivación suficiente para darlo todo en la pista y arriesgar lo que hiciera falta. No es ni mucho menos el primer caso de adolescente que fallece en las categorías inferiores: en los últimos dos años, han sido cinco los chavales que nos han dejado demasiado pronto. Cuatro de ellos, españoles.

¿Hay algún motivo para esta sucesión de tragedias? Bueno, como decía antes, la ambición juega un papel. Las ganas. La propia sensación de invulnerabilidad que da la juventud. Pero lo principal es que hablamos de un deporte que es peligroso de por sí, que consiste en poner tu moto a 250 o 300 kilómetros por hora y confiar en que todo vaya bien: tanto en tu máquina como en tu cabeza como en tus brazos. En rigor, puedes ser el piloto más conservador del mundo, tener un problema con el freno e irte directo a un lugar sin escapatoria. No hay una única explicación para cada desastre.

Por eso está feo que gente como Michel Fabrizio, piloto de Super Bikes, mencione directamente el nombre de Marc Márquez como instigador de este drama. Al parecer, y según Fabrizio, como Márquez es un piloto agresivo en la pista, los chicos intentan imitarle y se matan. La argumentación, como puede verse, es una chorrada como un piano, pero el problema no es la argumentación en sí. El problema es señalar con el dedo a alguien como responsable, de alguna manera, de la muerte de otros, y todo por ejercer su profesión. Ni más ni menos.

Parece una obviedad decirlo, pero si hay alguien que arriesga su vida por pilotar al estilo de Marc Márquez, ese es el propio Marc Márquez. Todos lo hacen, por otro lado. Ya digo que forma parte del atractivo y del mérito del deporte: ser capaz de conducir esos cacharros a esas velocidades cuesta arriba, cuesta abajo, a izquierda y a derecha mientras esquivas a otros competidores. No es petanca. Aparte, ¿por qué empeñarse en Marc Márquez? ¿Va al límite el ilerdense en carrera? Sí, ¿y cuál de los grandes campeones iba pidiendo perdón y conduciendo con una taza de té en la mano?

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Esto de "es que este chaval arriesga mucho" lo llevo oyendo desde que tengo uso de razón. Cuando Aspar dominaba las pequeñas cilindradas, su compañero en Derbi, Álex Crivillé, era un peligro público. En los noventa, Loris Capirossi también era señalado por sus "imprudencias". Después, por supuesto, en paz descanse, Marco Simoncelli... pero es que este cuento de "es que van como locos" lo he escuchado incluso referido a Jorge Lorenzo. Más o menos, en cuanto sale un piloto joven, sin complejos, que quiere ganar y normalmente lo hace, se insiste en que "claro, así no se puede".

Y yo lo siento pero no sé cómo se puede. Lo que hay que hacer no es señalar a los profesionales que viven de esto. Lo que hay que hacer es trabajar en la seguridad de los que aún no están preparados. Hay que limitar las velocidades, hay que bajar el nivel de competitividad, hay que trabajar psicológicamente con personas que aún son niños en casi todo. Explicarles por qué sus ídolos pueden hacer cosas que ellos no pueden, que no tienen experiencia suficiente ni, en muchas ocasiones, cualidades físicas, para hacerlo.

Ese es el verdadero camino: el de la precaución. Ni hace falta suspender nada ni hay que pedir a los más rápidos que dejen de serlo. Simplemente, explicar y tomar medidas. Hacer de estas competiciones un entorno más seguro porque está claro que no lo son... y a ver si de eso también va a tener la culpa Marc Márquez. Hace décadas, los que morían eran los pilotos de coches, pero los coches ahora son mecanismos de una seguridad máxima. Incluso los accidentes más violentos y aparatosos suelen acabar, afortunadamente, en nada. Ahora bien, una moto es una moto. Ahí estás tú, con tu casco, tu mono, un bicharraco que es más grande que tú bajo el trasero y la obligación de manejarlo sin dejar de abrir gas continuamente.

Es precioso, pero no es fácil. Ni mucho menos. Tal vez el proceso de selección debería ser más estricto a la hora de acceder a las categorías inferiores pero ni siquiera eso te garantiza nada: puedes ser un genio del pilotaje y tener un accidente desafortunado. Es inevitable recordar cuando el año pasado una moto pasó volando a escasos centímetros de la cabeza de Valentino Rossi. Si le da, le mata o directamente le degüella. Ahí, en medio de la carrera. Las tragedias son tragedias y nadie busca que se produzcan. Marc Márquez no inventó la velocidad ni el riesgo. Marc Márquez no tiene ningún interés en que los chicos de quince años se anden matando. Y, sin embargo, es Marc Márquez el que tiene que salir a rueda de prensa a explicar lo obvio. Absurdo e injusto. Viniendo de otro piloto, me van a perdonar, estúpido y, probablemente, muy mal intencionado.

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