Maradona: ¿un mito plebeyo?

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Entrada del Gimnasia La Plata el 25 de noviembre de 2020, día de la muerte de Diego Armando Maradona. Shutterstock / Oksana Bokhonok

Se cumple un año de la muerte de Maradona. En su Argentina natal, lo homenajeamos en un encuentro donde presentamos con varios colegas Maradona. Un mito plebeyo. Se trata de un libro coral en el que se recopilan textos escritos en medio de la conmoción por la muerte sorpresiva de Diego, El Pelusa, nuestro dios plebeyo.

Muchos sentimos que hace un año se nos murió un amigo, alguien cercano, conocido, aunque la mayoría no lo había visto nunca en persona. “Maradona me duele”, decía alguien en Twitter. Síntesis perfecta de aquello que nos sigue pasando a los maradonianos del mundo: nos sentimos huérfanos de Diego y no sabemos qué hacer con esa ausencia ni con ese dolor. Escribir parece ser, en medio de esta desolación, una catarsis posible.

Sueños

“Todos tenemos un sueño, el nuestro es jugar al fútbol para mantener a nuestras familias”, dijo un amigo de Lucas González, el joven asesinado el 17 de noviembre de este año por la policía de la Ciudad de Buenos Aires cuando volvía con sus amigos de un entrenamiento. Ese sueño fue también el sueño de Diego.

Ese sueño, en parte, nos lo mostró Maradona cuando logró trascender las barreras de clase con un talento futbolístico único, regado de irreverencia y picardía. Rasgos que aprendió en la villa miseria donde nació y que lo acompañaron durante toda su larga y turbulenta vida.

La historia de Diego también nos ayuda a pensar la potencia del fútbol para hacer florecer sueños que permitan escapar al destino casi obligado de muchos pibes: el de ser pobres y estar obligados a aceptar los trabajos peor pagados, en condiciones cada vez más precarias.

Ficción

Amazon estrenó durante octubre la serie Maradona, sueño bendito, un producto pensado para el consumo global pero que en Argentina lo miramos desde el orgullo de saberlo nuestro.

Pudimos recrear a través de la ficción su vida de niño atravesada por las necesidades, pero también por el deseo de ser feliz jugando al fútbol en el potrero.

A medida que crece su talento se magnifica y sus contratos se valorizan. A pesar de ser ficción, suponemos que mucho de lo contado puede ser contrastado por diferentes versiones de “la realidad”. Sin embargo, un dato parece afirmarse a cada paso: despilfarro e irreverencia.

Diego no fue cualquier astro futbolístico, fue uno que nos abrió las puertas del mundo, para que, a través de sus ojos y de su presencia magnética, los argentinos pudiéramos conocer y ser conocidos en cada rincón del planeta.

Escándalo

La vida de Diego estuvo plagada de excesos: de amores, de objetos, de drogas, de comida, de alcohol, de gambetas, noche y fiestas. Diego amaba, bailaba, reía, comía, brindaba, insultaba, golpeaba y desafiaba a cualquiera que osara propasar sus límites, abrazarlo sin su aprobación, meterse con sus hijas, su mujer o su madre.

Y todo lo hacía con una pasión arrolladora. El periodismo fue elogioso, obsecuente y cruel con él en proporciones similares. Y el resto de los mortales lo disfrutamos en escenas diversas que hoy nos permiten llorar mientras lo recordamos en fotos, videos, memes, stickers, reels y frases eternas que ya forman parte de nuestro lunfardo local: “la pelota no se mancha” es, tal vez, una de las que sintetiza a la perfección el amor que tenía por el fútbol y la conciencia sobre sus debilidades y errores.

Violencias

Durante los últimos meses la noticia sobre los abusos que Diego cometió contra una mujer menor de edad durante su estadía en Cuba nos conmocionó al tiempo que nos invadió la contradicción entre el amor que le tenemos como ídolo popular y el repudio que nos generan los relatos escuchados en los medios.

¿Cómo habitar nuestro fanatismo maradoniano sin obviar esas violencias? Como feministas, necesitamos imaginar el mundo que deseamos y queremos construir donde la respuesta vaya más allá del pedido de cancelación de figuras de la talla de Maradona. Y evitar que la puesta en palabras de estas contradicciones se constituya en una excusa para desplegar críticas clasistas a la figura de Diego.

No podemos darle la espalda a millones de personas en el mundo que encontraron en El 10 una excusa para ser felices mientras lo veían jugar para ellos y divertirse por ellos. Necesitamos, sí, cuestionar, educar, visibilizar, concienciar y darnos los espacios para debatir todas las veces que sea necesario, porque creemos que un feminismo popular y maradoniano es posible y deseable.

Despedidas

El funeral de Diego estuvo plagado de los mismos excesos que lo acompañaron durante sus 60 años. Barras de fútbol organizando los ingresos, miles de personas haciendo filas interminables en plena pandemia, varones hinchas de fútbol llorando frente a cámara sin temor al ridículo.

Y también una cuota de represión policial que, como en toda manifestación popular, no podía faltar. Allí fuimos a despedirlo cantando con la multitud en medio de una fiesta plebeya y callejera que solo él podía legarnos. Nos enseñó, hasta en el día de su muerte, a bailar con desenfreno y a sufrir colectiva y festivamente la pérdida irreparable que significó su partida.

En pleno siglo XXI, con su muerte, despedimos al mito popular y plebeyo y también al siglo XX. Desde el cielo de los pecadores, hoy grita con cada uno de nosotros, más vivo que nunca.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Malvina Silba recibe fondos de Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

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