Las máquinas de escribir siguen muy vivas en las calles de Bolivia

Desde finales del siglo XIX y durante buena parte del XX las máquinas de escribir fueron una herramienta indispensable en multitud de sectores. Ayudaron a trabajadores de todo el mundo en lo que respecta a la redacción de documentos y funcionó también como un elemento de integración de la mujer en el ámbito educacional primero y laboral después. Sin embargo, con la aparición de los ordenadores comenzó su declive. En la actualidad se trata de un objeto casi acabado y condenado a la nostalgia. De hecho, la última empresa que lo fabricaba cerró en la India en 2011.

Sin embargo, en Bolivia las máquinas de escribir continúan muy vivas. En el país sudamericano buena parte de los trámites administrativos no están disponibles en Internet y, aunque algunos sí se pueden hacer online, alrededor del 40% de la población no tiene acceso a la red y las conexiones suelen ser muy lentas.

Por este motivo, muchas personas de Bolivia se dedican a realizar estos trámites y a rellenar otros documentos con sus máquinas de escribir. Trabajan incluso en la calle instalados en improvisados y humildes escritorios a los que la gente se acerca para solicitarles sus servicios.

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