Los mapuches, el pueblo indígena que desafía al Estado chileno desde hace décadas

Los mapuches llevan décadas defendiendo sus derechos ante el Estado chileno. La suya es una historia de reivindicaciones en favor de su reconocimiento y lucha contra la sobreexplotación de recursos de su territorio y la pérdida de tierras. Esta cuestión ha hecho que durante varios momentos la confrontación con el poder central haya sido alta, incluso desde el periodo democrático chileno iniciado en 1990. Una cuestión que espera tener solución tras la constituyente chilena.

La militarización de las regiones del sur de Chile ha puesto el foco de atención en el pueblo mapuche desde hace semanas debido a sus protestas previas a las elecciones presidenciales de Chile de noviembre de 2021. Sus reclamaciones van desde el reconocimiento por parte del Estado a la defensa de lo que consideran sus tierras ancestrales, una cuestión que llevan reclamando desde hace décadas y que Santiago no ha logrado resolver.

Los mapuches son el pueblo indígena más numeroso de Chile y viven, mayoritariamente, en las regiones de La Araucanía y Bío Bío, aunque también hay una presencia importante en la Patagonia Argentina. Durante siglos sufrieron el avance de la colonia española, en primer momento, y de los Estados chileno y argentino a partir del siglo XIX.

La suya, es una historia de constantes pérdidas. Desde el siglo XIX hasta la llegada al poder en 1970 de Salvador Allende, estas personas fueron marginadas y expulsadas de sus territorios. Pero durante el Gobierno del socialista pudieron comenzar un breve proceso de recuperación de tierras que finalizó en 1973 con el golpe de Estado del comandante Augusto Pinochet y la instauración de la dictadura.

Tras esto volvió la persecución y la pérdida de tierras en favor de empresas privadas que pretendían explotar recursos naturales. La dictadura en Chile prevaleció por 16 años hasta que fue depuesto Pinochet y en la década de 1990 se retomó la democracia.

Con la transición democrática en Chile vinieron las primeras promesas para reconocer a las minorías indígenas del país. Promesas que nunca llegaron a materializarse.

La democracia chilena no respondió a las reclamaciones mapuches

Durante el mandato del conservador Patricio Aylwin, político que sucedió a Pinochet en el cargo de presidente, se intentó que los pueblos indígenas se adhirieran a la renovación política del país a cambio de reconocimiento, respeto a su cultura y desarrollo, pero no todos los representantes de estas minorías se quisieron sumar, al desconfiar del oficialismo.

Una desconfianza que tenía una justificación ya que, a mediados de la década de 1990, comenzaron los primeros enfrentamientos debido a que el Estado otorgó la licencia para construir dos represas hidroeléctricas sobre el río Bío Bío que inundaron cientos de hectáreas de territorio mapuche y obligaron a desplazar a decenas de familias.

Los primeros años de la década de los 2000 fueron los más convulsos. Bajo el Gobierno del progresista de Ricardo Lagos, la represión policial a las protestas mapuches aumentó y aparecieron los primeros fallecidos. Decenas de mapuches fueron detenidos y juzgados en procesos opacos que fueron muy criticados por Naciones Unidas y los abogados de estas comunidades.

La ley antiterrorista fue la respuesta del Estado chileno

Este sentimiento de amenaza generó dentro de los mapuches la creación de grupos que se alzaron en armas. Es así como nació la Coordinadora Arauco Malleco, una organización que atacó a particulares y multinacionales que pusieran en peligro la recuperación de tierras o sobreexplotaran los recursos naturales de la zona. El Estado chileno no se quedó de brazos cruzados. Al contrario, los persiguió durante años bajo la ley de antiterrorismo usada durante la dictadura de Augusto Pinochet.

Los mapuches que cayeron en prisión denunciaron numerosas vejaciones tras las rejas, incluso durante el Gobierno de la actual alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet. Los mapuches hechos prisioneros consideraban que no se les debía aplicar la ley antiterrorista y la acumulación de procesos para ampliar sus condenas. Por lo que, muchos de ellos comenzaron una huelga de hambre entre el 2010 y el 2011 para ejercer presión contra el primer Gobierno del conservador Sebastián Piñera.

Independientemente del color político del Gobierno, los mapuches siguieron viéndose atacados por el Estado, que nunca abandonó la explotación de recursos.

Esta situación ha hecho que su lucha por las tierras se mantenga. Las explotaciones mineras y forestales han dado mucha riqueza a multinacionales como Endesa, o Codelco, pero no han evitado que La Araucanía y Bío Bío sean de las regiones más pobres de Chile.

Desde 2018, con la vuelta al poder de otro mandato de Sebastián Piñera, los ataques a camioneros e infraestructuras se multiplicaron y sus demandas se sumaron a las de los millones de chilenos que salieron a las calles a protestar en octubre de 2019.

Ahora, las esperanzas están depositadas en la constituyente chilena, presidida por la activista mapuche Elisa Loncón. Una oportunidad única para cumplir las reivindicaciones mapuches y así calmar un conflicto histórico que se avivó a pocas semanas de los comicios presidenciales.

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