"Mapa de heridas", drama que aborda la violación con posibilidad de perdón

Agencia EFE
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Madrid, 16 feb (EFE).-La violencia sexual es la materia prima de la última creación teatral de Sergio Martínez Vila, "Mapa de heridas", un drama que borra los límites entre víctima y verdugo para propiciar "un espacio incomodo de encuentro donde se da una posibilidad de comprensión y perdón".

"Mapa de heridas" es un drama áspero y duro, que trata el tema de la violencia sexual y como esta se convierte en herencia", ha explicado en una entrevista a EFE su autor y director, Sergio Martínez Vila (Asturias 1984).

La violencia sexual es un tema que este dramaturgo ha trabajado a lo largo de su trayectoria artística desde que debutara con "El alambre en la frente" (2007), sin embargo la noticia de la violación grupal de La Manada en Pamplona "me afectó mucho", ha reconocido el autor, quien, "con distancia", ha querido reflexionar sobre ese terrible suceso.

"El para qué de esta pieza es propiciar la identificación con el otro en un momento tan polarizado como el que vivimos ahora", ha argumentado Martínez quien ha buceado en el significado de la violencia "que habitamos y legitimamos aun sin darnos cuenta".

Y así, escribe una historia que arranca 30 años después de que violaran a una mujer, la madre de Ana. "Esta chica decide ponerse en contacto con los que agredieron y violentaron a su madre", ha explicado.

Ana se cita con cuatro hombres diferentes, todos mayores que ella: un jubilado de la construcción, un jefe de almacén, un padre de familia que busca sexo con chicas jóvenes y un divorciado que vive con sus padres.

"Ellos no saben quién es Ana, pero Ana sabe muy bien lo que ellos le hicieron a su madre: La violaron por turnos. La dejaron embarazada", ha añadido el director.

Ana, que fue el fruto involuntario de ese ataque, creció toda su vida creyendo que el hombre que la había criado era su padre biológico. Ahora que ha descubierto la verdad de su origen, siente que hay algo que debe hacer con todos ellos. Pero no sabe el qué.

La obra busca borrar los límites entre víctima y verdugo "para propiciar un espacio incómodo de encuentro en el que las diferencias se anulan", se brinda una oportunidad de comprensión y perdón, "lo que posibilita que una generación posterior pueda sentarse a tener un diálogo".

"Esta temática me puede resultar incómoda, violenta en algún momento, pero me resulta inevitable", ha asegurado el director de la obra quien intenta no autocensurarse, pero bien es cierto que trabaja con límites para contar bien la historia. "No quiero poner un bozal o reprimir".

Ha reconocido que tiene una mirada propia sobre este tema que "no es perversa ni sensacionalista, ni provocadora, al contrario busca la unión en las diferencias".

Para Cristina de Anta y Óscar Oliver, los dos intérpretes de la obra, es una experiencia escénica de alto voltaje emocional "donde el espacio y el tiempo son las piezas de un puzzle que se resiste a encajar de una sola forma".

Su formación es audiovisual, aunque el teatro es su vocación, "llevo desde los 7 años escribiendo teatro", ha contado Martínez quien, ahora prefiere asumir la dirección de sus textos. "Es lo que me apetece y lo que me pide mi proceso creativo".

Para este joven dramaturgo compartir historias es una necesidad tan vital como respirar. "Y en ese sentido el teatro me lo ha facilitado".

Considera que "el teatro es el lugar para el cambio, es un espejo prodigioso para la gente. Es un espacio sagrado", ha concluido Martínez que el próximo jueves estrenará esta obra en La Sala Cuarta Pared, donde estará hasta el 28 de febrero.

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