Manuela Carmena retrata ahora al movimiento que la llevó al poder

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La ex alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. (Photo by David Zorrakino/Europa Press via Getty Images)
La ex alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. (Photo by David Zorrakino/Europa Press via Getty Images)

Desde que Manuela Carmena irrumpiera en 2015 alzándose con la Alcaldía de Madrid, la exjueza ha ido sumando reveses en la arena política que le han permitido reformular su pensamiento crítico sobre la materia. Desde los individualismos de un equipo de Gobierno que le vino dado -y en el que tuvo que ordenar la dimisión de varios concejales-, hasta la destrucción de buena parte de su legado fruto del nuevo rumbo errejonista de Más Madrid, pasando por la ruptura con Podemos por las luchas intestinas para salir en la foto y con quien salda muchas cuentas en su último libro.

Entre unas batallitas y otras, Carmena decidió alejarse de la política activa a la que intentó reformular desde una candidatura ciudadana y no una formación política al uso. Pero ahora también reniega parcialmente de aquello.

En una entrevista en 'El País', la exjueza apunta que "antes era muy partidaria de que la cantera de la política debían ser los movimientos sociales", para acabar asumiendo que "el asociacionismo reivindicativo tiene también una gran capacidad de sectarización" porque "muchas veces están tan aislados que tienen dificultades para la acción. Tenía compañeros con una enorme voluntad de transformar las cosas, pero con una gran dificultad para la transformación. Su vivencia se había limitado a los movimientos reivindicativos. Algunos no tenían ni experiencia laboral. No fui capaz de hacerlos conscientes de que gestionar lo público requiere otra actitud", se lamenta.

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Carmena también culpa del inmovilismo que percibe la sociedad a la propia "maquinaria de las instituciones. Poco ágil, torpe y burocrática". Pero añade que, "cuando se viene desde un mundo como el del asociacionismo reivindicativo, es muy difícil modificarla".

No hay que concluir que Carmena reniega de los movimientos sociales como forma de regir para abrazar la política tradicional. De hecho, hace menos de una semana, en una entrevista en 'El Periódico', aseguró conocer a "muy pocos políticos que estén abiertos al contacto con los ciudadanos". Pero queda claro que está bastante desencantada con el resultado final de la profesionalización política del 15-M.

La solución, entonces, ¿Cuál es? Porque queda claro que una mayoría de ciudadanos no solo quería poner fin al bipartidismo al estar desencantada con los políticos, sino que lo logró.

Y también que la única forma exitosa de hacerlo fue a través de las diferentes mareas que a principios de la década pasada salieron a la calle ante la desconexión entre la clase dirigente y la población.

Teniendo en cuenta lo difícil que es cambiar esa "maquinaria de las instituciones" a las que hacía referencia Carmena, tal vez haya que empezar por modificar la mentalidad de quienes pasan del activismo a la política.

Aprender el procedimiento legislativo ordinario no se hace de un día para otro. De hecho, las primeras semanas de Podemos en el Congreso de los Diputados fueron muy sonadas por su nula operatividad por la dificultad que experimentaron los diputados novatos para ceñirse a los tiempos y formas necesarios para registrar, por ejemplo, proposiciones de ley.

Por todo ello parece que el cambio de chip es un peaje obligatorio para pasar de ser una plataforma reivindicativa a una alternativa legisladora efectiva para entender que, con el sistema actual, hay batallas que no se pueden librar como uno quiere porque deben adaptarse a los canales oficiales.

Y en esas está, porque lejos de apartarse del todo de la política, Carmena se ha mostrado muy receptiva con la plataforma que está impulsando la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, de quien destaca su forma de proceder: "El feminismo ha conseguido transformar la sociedad sin partidos y sin usar la violencia. Sería importante insertar feminismo de verdad en la política". Aunque Carmena también le ha mandado un consejo avisándole a Díaz de que incorporar a gente corriente que no está vinculada a ningunas siglas es interesante, "aunque difícil de articular".

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