La 'mano de Irulegi', la huella más antigua del euskera escrito

Tiene la forma y el tamaño de una mano y los arqueólogos dicen que estaba colgada de la puerta de una casa para desear fortuna a sus habitantes. Nos referimos a la mano de Irulegi, una pieza en bronce que incluye la inscripción en euskera más antigua que se conoce y cuyo descubrimiento ha revolucionadolas creencias de lingüistas y arqueólogos, al demostrar que hace 2100 años ya existía una escritura específica vasca, derivada de la ibérica.

"La pieza es una lámina de bronce que tiene la forma de una mano extendida y que tiene un texto escrito en caracteres paleohispánicos y en lengua vascónica -explica Javier Velaza, catedrático de Filología Latina de la Universidad de Barcelona-. Eso es lo auténticamente sorprendente. Constituye el primer documento escrito en lengua vascónica y además escrito en un signario que, probablemente, es un signario específicamente vascónico.

La mano de Irulegi, del primer tercio del siglo I a.C., fue hallada en junio de 2021 durante unas excavaciones arqueológicas en un antiguo poblado del valle navarro de Aranguren. Sin embargo, los arqueólogos no vieron la inscripción hasta meses después, cuando empezaron a limpiar y restaurar la pieza.

Desde entonces, arqueólogos, químicos y lingüistas, entre otros, estudian su significado. En el texto se distinguen cinco palabras. La primera, 'sorioneku', ha sido relacionada con la actual 'zorioneko', que significa "buena fortuna" en euskera. En ese sentido, se cree que la mano estaba colgada de la puerta de una vivienda como amuleto de protección.

"Es un texto de bienvenida, de deseo de buena fortuna para el habitante de la casa o para el que llega a la casa. A pesar de que no somos capaces de entender la totalidad del texto, digamos que su sentido genérico no puede oscilar mucho de esos parámetros", afirma Javier Velaza.

El poblado de Irulegi, donde apareció la pieza, está en lo alto de una colina, a los pies de un castillo. Sus habitantes huyeron al ser atacados por tropas romanas. Eso permitió que todos los objetos, incluida la ya famosa mano de bronce, quedaran intactos en el interior de las casas sepultadas.