Mané, el héroe atípico que ni va a discotecas ni usa videojuegos

Sadio Mané durante el partido del Liverpool contra la Roma. Foto: Reuters/Carl Recine

Uno de los temas que acaparan la actualidad en el planeta fútbol esta semana es el partido de ida de la semifinal de Champions League en el que el Liverpool se impuso por un contundente 5-2 a la Roma. El gran protagonista del encuentro fue el delantero egipcio Mohamed Salah, que marcó dos de los tantos de los reds y dio otro par de pases de gol. Pero no hizo el trabajo él solo: precisamente, el encargado de mandar a la red uno de sus pases fue el senegalés Sadio Mané, quien posiblemente sea uno de los personajes más fascinantes que hay ahora mismo en la élite del balón.

Mané, de 26 años, suele desempeñarse en la posición de extremo izquierdo. No es especialmente corpulento, apenas levanta 1,75 del suelo, sino que destaca por su velocidad, su desborde y su facilidad goleadora: aunque no lo pareciera en vista del par de ocasiones clamorosas que desperdició en el primer tiempo, en sus últimas seis temporadas siempre ha logrado anotar al menos diez veces por campaña. El atacante llegó a Anfield en 2016 procedente del Southampton, también en la Premier League inglesa en la que ya lleva cuatro campañas; anteriormente militó en el Red Bull Salzburgo, con el que ganó el doblete en 2014, y en el Metz francés.

Eso en cuanto se refiere a su carrera europea. En su Senegal natal, en cuya selección ya lleva casi 50 partidos, se formó en Génération Foot, una entidad de Dakar que se dedica a entrenar jóvenes talentos para luego enviarlos al Viejo Continente. Pero no fue nada fácil para Sadio llegar a despuntar, puesto que él procede de Bambali, un pequeño pueblo en el sur del país. Allí, de niño, Mané participaba en las competiciones informales callejeras que surgían constantemente, y se veía que su nivel era enorme, pero para progresar no le quedaba más remedio que emigrar. Y su familia al principio no estaba por la labor, puesto que no son aficionados al deporte. Musulmanes devotos, pretendían que el chico se decantara por la vida religiosa.

Con mucho esfuerzo consiguió convencerles para que cambiaran de idea y, a los 15 años, le permitieron marcharse a Dakar, donde, a falta de otros contactos, se quedó en casa de una familia a la que jamás había visto antes. “Mis padres conocían a alguien que les conocía a ellos, me llevaron a su casa y me cuidaron durante el tiempo que permanecí en Dakar”, cuenta el futbolista, quien también explica otra anécdota que refleja lo duros que fueron sus comienzos. El primer día que acudió a la academia, con la esperanza de convencerles para que le aceptaran, estuvieron a punto de expulsarle antes de empezar la prueba. Sadio se presentó con lo mejor que tenía: unas botas viejas casi deshechas y unos pantalones de retales. En Génération Foot pensaban que les estaban tomando el pelo y que era imposible que alguien jugara así… pero en cuanto pusieron al entonces adolescente a tocar la pelota, no dudaron en hacerle un hueco en la academia.

Mané ya era entonces lo que sigue siendo hoy: un chico tan apasionado con el fútbol que para él no hay otra cosa en el mundo. “Es lo que más amo en la vida”, cuenta en una entrevista en El País, en la que también hace confesiones que a muchos le parecerán extrañísimas, y hasta excéntricas, para un joven de su edad. “Hace tres años, en Austria, fui a una discoteca con el equipo. Fue la última vez. Nunca he ido de fiesta por mi cuenta. Nunca se me pasó por la cabeza”, relata. También es completamente ajeno a otro de los vicios habituales: la videoconsola. “Nunca me gustó. Nunca he jugado. Creo que es algo que te roba el tiempo. No quiero perder mi tiempo a cambio de nada”.

En su mente, solo el balón: “Mi vida ha sido el fútbol. Es lo único que sé hacer”. Eso, y ayudar a su tierra, una zona rural pobre y muy desatendida. “En el pueblo no hay un supermercado ni una escuela. Eso es lo que más me preocupa. Me gustaría construir una escuela para Bambali y para los pueblos de alrededor”. Esperemos que su éxito en el deporte le sirva para cumplir su objetivo.

 

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