Malvinas / Falklands: "La democracia argentina es hija de la derrota. Tiene madre y se llama Margaret Thatcher"

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Fuerzas británicas alzan la bandera de Reino Unido en las islas Malvinas/Falklands
Las fuerzas británicas recuperaron el control de las Malvinas/Falklands el 14 de junio de 1982, un desenlace que tendría consecuencias políticas para Reino Unido y Argentina.

El 14 de junio de 1982 las tropas argentinas que habían ocupado las islas Malvinas/Falklands en abril de ese año se rindieron ante las fuerzas británicas.

La victoria de Reino Unido, tras 74 días de conflicto, no solo ratificó el control británico sobre esas islas reclamadas por Argentina en el Atlántico Sur.

También alteró el rumbo político en ambos países, llevando a algunos de los sucesos que marcarían el siglo XX.

El triunfo fortaleció a Margaret Thatcher, la hasta entonces poco popular premier británica, quien se ganó el fervor de su pueblo por su férreo liderazgo militar.

Su defensa exitosa del territorio británico de ultramar no solo la impulsó a un segundo mandato, sino que también cimentó su prestigio internacional como la "dama de hierro".

En tanto, el impacto para Argentina fue aún más dramático.

La derrota hace 40 años marcó el punto final del llamado Proceso de Reorganización Nacional, el nombre con el que se conoció el largo período de regímenes militares que gobernaron el país desde 1976.

"La democracia argentina es hija de la derrota. No tiene padre, tiene madre, y se llama Margaret Thatcher", le dijo a BBC Mundo el periodista, exdiplomático y exfuncionario argentino Juan Bautista Yofre, quien escribió dos libros sobre la guerra de Malvinas/Falklands: "1982" y "La Trampa", publicado este año.

Antes de la guerra

Para entender cómo un conflicto por unas remotas islas terminó siendo uno de los eventos clave que definiría la política internacional del último siglo hay que remontarse a 1981.

Margaret Thatcher en 1981
En 1981 Margaret Thatcher tenía los niveles de aprobación más bajos de la historia de los gobiernos británicos.

Ese año, en Reino Unido, Thatcher se había convertido en "la primera ministra menos popular de la historia británica, según los registros", cuenta a BBC Mundo el historiador Chris Collins, de la Fundación Margaret Thatcher.

Collins, quien aclaró que sus puntos de vista son propios, ya que la Fundación es un ente histórico y educativo que no emite comentarios políticos, explicó que "el primer mandato de Thatcher fue muy duro en términos de popularidad debido a los problemas económicos y el creciente desempleo".

Del otro lado del Atlántico, en el sur del continente americano, las fuerzas armadas argentinas, que habían llegado al poder seis años antes tras un golpe militar, también enfrentaban el creciente descontento popular por el estado de la economía.

El alto costo de vida, el desempleo y la depreciación del peso habían llevado a la caída de sucesivos gobiernos militares, y en diciembre de 1981 la Junta Militar nombró como presidente a Leopoldo Fortunato Galtieri.

"El Proceso no iba ni para atrás ni para adelante, la inflación era muy grande, estaba el tema de las violaciones a los derechos humanos, había una insatisfacción de la sociedad frente a un régimen militar que ya era anacrónico", afirma Yofre.

En ese contexto, señala, la Junta Militar decidió poner en práctica un plan que la Armada venía alentando desde hace muchos años: ocupar las islas Malvinas/Falklands, por cuya soberanía Argentina venía negociando con Reino Unido desde hace décadas.

"Desde la más tierna infancia a los argentinos se les dice que las Malvinas son argentinas", explica el autor.

"(La Junta Militar) creyó que haciendo una operación en Malvinas iban a lograr homogeneizar a la sociedad, ponerse cerca de la sociedad y seguir adelante".

La ocupación

En gran medida el plan funcionó: cuando Galtieri anunció la sorpresiva ocupación, el 2 de abril de 1982, el pueblo argentino reaccionó exultante.

Portada del libro "1982", de Juan Bautista Yofre
La portada del libro "1982", de Juan Bautista Yofre, publicado en 2011, muestra a Galtieri dando su famoso discurso frente a la Plaza de Mayo, el 10 de abril de 1982.

Muchos creían -al igual que los líderes militares- que Gran Bretaña no invertiría dinero y vidas humanas para recuperar un territorio a casi 13.000 kilómetros de distancia, que además les estaba costando mucho dinero mantener.

Pero incluso cuando quedó claro que Thatcher no estaba dispuesta a negociar una transferencia de soberanía, la mayoría de los argentinos siguió apoyando el plan de recuperación.

El 10 de abril una multitud llenó la emblemática Plaza de Mayo, frente al palacio presidencial, la Casa Rosada, para escuchar a Galtieri emitir lo que sería la frase más recordada del conflicto: "Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla".

Aunque sin los festejos, en Reino Unido la actitud de la población fue igual de aguerrida.

"La ocupación de las Falklands fue vista como un ataque contra nosotros, al que debíamos responder", cuenta Collins.

"El pueblo estaba enfurecido y el apoyo a Thatcher fue abrumador".

Un hombre lee el tabloide británico The Sun con el titular "¡Es guerra!" frente al Parlamento británico, el 3 de abril de 1982
Un hombre lee el tabloide británico The Sun con el titular "¡Es guerra!" frente al Parlamento británico, el 3 de abril de 1982

La eventual victoria en la guerra, que muchos atribuyeron a las efectivas decisiones de la primera ministra, le daría a la "dama de hierro" un status casi icónico tanto en su país como en el resto del mundo, y la llevarían a una victoria arrasadora en los comicios de 1983.

"Thatcher pasó de ser la peor premier de la historia a la mejor", cuenta el historiador, quien considera que la guerra de Malvinas/Falklands fue el evento que "definió" la carrera de la primera mujer en ocupar el cargo político más alto en el gobierno británico.

Democracia

Todo lo contrario ocurría en Buenos Aires, donde Galtieri se vio obligado a renunciar tras perder la guerra.

"Yo estaba en las calles el 14 de junio, cubriendo lo que pasaba. Vi la furia de la gente, que pasó de la locura de la victoria a la tragedia de la derrota en cuestión de minutos. Empezaron a insultar a los militares y a destrozar la Avenida de Mayo", cuenta Yofre.

Juan Bautista Yofre leyendo el diario Clarín en Argentina en abril de 1983
Yofre cubrió la transición democrática en Argentina a comienzos de la década de 1980.

La doctora en Ciencias Sociales Sabrina Morán, quien publicó un trabajo sobre "La guerra de Malvinas en la transición democrática argentina", dijo a BBC Mundo que gran parte del enojo se debió al hecho de que la gente se dio cuenta de que le habían mentido.

"La derrota fue una sorpresa porque hasta ese momento las noticias que se daban en Argentina era que iba todo bien; hubo un gran desengaño", señala.

"La forma en que se transitó la derrota no solo debilitó al gobierno militar, sino que también hizo que los actores políticos que venían tratando de negociar una transición, los sindicatos y las organizaciones de derechos humanos empezaran a cooperar y a formar un frente que reclamaba una transición inmediata", afirma.

El resultado, dice, fue que Argentina logró acelerar el regreso de la democracia, que recobró años antes que otros países de la región con gobiernos militares, como Brasil, Chile y Uruguay.

Para Yofre, no hay dudas de que la derrota en la guerra de Malvinas/Falklands fue "el" factor que permitió el retorno de la democracia en Argentina.

"El plan de Galtieri era quedarse por lo menos hasta el año 1990", afirma el autor, quien entrevistó al exmandatario de facto.

El flamante presidente Raúl Alfonsín saluda en las calles de Buenos Aires el 10 de diciembre de 1983
Argentina recobró su democracia el 10 de diciembre de 1983 con la elección de Raúl Alfonsín.

Morán coincide, y afirma que existe un consenso entre los expertos de que la guerra de Malvinas llevó al colapso del gobierno militar. Sin embargo, resalta que el costo que pagó el país fue muy alto.

"Probablemente, si no hubiera existido el conflicto la democracia hubiera llegado más lentamente y hubiera habido que negociar más con las fuerzas armadas", reconoce.

"Pero creo que eso hubiera sido preferible a ir a una guerra que no era posible ganar, en la que murieron tantas personas y quedaron dañadas tantas familias para siempre", afirma en referencia a los 649 militares argentinos que fallecieron y los 1.200 que resultaron heridos.

"Desearía que ningún conciudadano mío hubiera tenido que pasar por eso para que se termine la dictadura".

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