En Mali se desarrolla una nueva guerra de influencia entre Francia y Rusia

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Los debates sobre el despliegue de paramilitares rusos en Mali, traen de vuelta a viejos recuerdos para Bamako que, en años pasados, colaboró estrechamente con Moscú. Una situación vista con recelo por Francia.

Una presencia "absolutamente irreconciliable" con la de las tropas francesas. Así reaccionó el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Yves Le Drian, el miércoles 15 de septiembre ante la posibilidad de un acuerdo entre Mali y el controvertido grupo paramilitar ruso Wagner, para el despliegue de mercenarios en el país africano.

Según la agencia de noticias Reuters, un contrato entre la milicia cercana al presidente ruso, Vladimir Putin, y la junta maliense, está a punto de ser firmado para el envío de cientos de soldados rusos con el objetivo de entrenar al ejército maliense y garantizar la protección de algunos altos dirigentes del país.

Este posible acercamiento entre Rusia y Mali evoca la estrecha colaboración económica y en materia de seguridad entre ambos países durante la existencia de la Unión Soviética. Se trata de un asunto sensible y que reanima tensiones históricas entre París y Moscú.

La URSS, “un antiguo sueño maliense”

El 23 de octubre de 2019, más de cuarenta jefes de Estado africanos se reunieron en Sochi para la cumbre Rusia-África, un evento histórico con el que Putin pretendió oficializar el reencuentro entre su país y el continente africano. El Presidente de Mali, Ibrahim Boubacar Keita, ahora depuesto, lanzó en ese entonces una ofensiva de seducción: "Necesitamos que su amistad se manifieste en un ámbito en el que todo el mundo sabe que usted es campeón: la lucha contra el terrorismo. Presidente Putin, usted mismo ha dicho que está cualificado en este campo. Hoy necesitamos esta calificación".

Sumido desde el 2012 en una interminable lucha contra los yihadistas, Mali lleva varios años experimentando un deterioro de su situación de seguridad a pesar de la operación antiterrorista Barkhane dirigida por Francia en el Sahel. Periódicamente, manifestaciones en las que a veces aparecen banderas rusas, estallan para exigir la salida de las tropas francesas.

"Existe un viejo sueño maliense, actualmente utilizado por las llamadas corrientes patrióticas, de ver al país romper con Francia para abrazar la cooperación con Moscú", explica Niagalé Bagayoko, doctora en ciencias políticas, especializada en cuestiones de seguridad en el África francófona. "Este deseo se refiere a una visión fantasiosa de la cooperación con la URSS y el bloque soviético, especialmente en el ámbito militar, por parte del presidente Modibo Keïta y continuada por su sucesor Moussa Traoré. También la transmite Francia, que sigue diciendo que Rusia quiere ocupar su lugar".

A principios de la década de 1960, que marcó el fin de la era colonial para la mayoría de los países africanos, la URSS se comprometió con el continente, a través de una estrategia de alianzas. El bloque soviético encontró un aliado perfecto en la persona del primer presidente de Mali, Modibo Keita, un socialista que quería romper con la antigua potencia colonial. La URSS se hizo cargo de la búsqueda de recursos mineros, que hasta entonces gestionaba Francia, y al mismo tiempo proporcionó al país equipo militar y entrenamiento. "La Unión Soviética, que se beneficiaba de un enorme territorio rico en recursos, tenía pocos intereses económicos en el continente. Sus inversiones tenían como objetivo principal utilizar a África como teatro de influencia en el contexto de la Guerra Fría con Occidente", afirma Anastasiya Shapochkina, profesora de geopolítica en Sciences-Po y especialista de Rusia. En Mali, al igual que en el resto de la región, estas inversiones masivas fueron poco rentables para los soviéticos, cuya experiencia africana acabó en fracaso.

Reencuentro con Rusia

Tras la caída de la URSS en 1991, Rusia, arruinada, volvió a centrarse en sí misma. Durante la década siguiente, se enfocó en su esfera de influencia privilegiada, constituida por los países del antiguo bloque soviético. Pero a partir de 2012, cuando Mali entró en guerra contra los islamistas que habían tomado el control del norte, Bamako hizo todo lo posible para renovar poco a poco su alianza militar con Moscú.

En primer lugar, el Gobierno firmó un acuerdo con el exportador de armas ruso Rosoboronexport para la compra de 3.000 fusiles de asalto Kalashnikov por un monto de casi un millón de euros. Bamako, que quiere renovar parte de su equipamiento militar ruso adquirido en la época soviética, inició nuevas negociaciones con Moscú.

En 2016, tras la visita del viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Mijaíl Bogdanov, a Mali, Moscú donó dos helicópteros al ejército maliense, afirmando que "otros equipos seguirán". En junio de 2019, el presidente Ibrahim Boubacar Keita firmó un acuerdo de defensa militar con Rusia. "La intensificación de los lazos militares está en el interés de ambos países", comentó el ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu, subrayando que Moscú quería contribuir a la "creación de condiciones para una paz y estabilidad duraderas".

Tensiones con Francia

Si Francia observaba con cierta desconfianza el nuevo compromiso ruso en Mali, el Gobierno se abstuvo hasta ahora de emitir fuertes críticas, al considerar la lucha contra el terrorismo como la máxima prioridad. Pero para Jean-Yves Le Drian, las discusiones sobre el despliegue de paramilitares rusos son ahora una línea roja: "Wagner es una milicia (...). que se ha distinguido en el pasado en Siria, en la República Centroafricana, con acciones, ataques, violaciones de todo tipo, que no corresponden a ninguna solución", dijo el jefe de la diplomacia francesa, dejando lugar a dudas sobre la amenaza de una retirada total del apoyo militar francés en Malí.

"Esta reacción muestra, en mi opinión, la imagen de una potencia más interesada en la defensa de sus propios intereses que en luchar contra el terrorismo", afirmó Niagalé Bagayoko. "Para la junta maliense, en cambio, es un golpe maestro que le permite seducir a una parte de la opinión pública y afirmar la independencia de su poder. En este contexto en el que Francia prepara una reducción progresiva de sus fuerzas militares, los malienses juegan con la rivalidad franco-rusa para elevar la apuesta. Sin embargo, creo que esta estrategia tiene sus límites porque Rusia no tiene interés en luchar contra los terroristas en el Sahel.

Anastasiya Shapochkina comparte este análisis: "A pesar de la retórica, África es un socio marginal para Rusia y Putin no desea repetir los errores del pasado. Al enviar milicias en el África francófona, quiere sobre todo mostrar su capacidad de causar problemas para que Francia no se inmiscuya en sus asuntos internos. Por ello, Rusia recurre a un grupo como Wagner, controlado por el Kremlin, pero que no tiene existencia legal y, como tal, no representa ningún compromiso por parte del Gobierno. Es un grupo del que Occidente hace bien en desconfiar porque es una mafia motivada por la codicia y con un historial extremadamente cuestionable en la lucha contra el terrorismo."

Jugando con las palabras, Rusia niega cualquier implicación en las conversaciones: "Allí no hay ningún representante de las fuerzas armadas rusas (...) y no hay ninguna negociación oficial en curso", declaró ante la prensa el 16 de septiembre Dmitri Peskov, portavoz del Presidente Putin. Desde entonces, Francia ha lanzado una ofensiva diplomática con las autoridades malienses y ha suavizado su posición. "Nuestra prioridad es poder continuar la lucha contra el terrorismo y esperamos que las condiciones en las que la lanzamos no se modifiquen en el futuro", dijo la ministra de Defensa, Florence Parly.

Este artículo fue adaptado de su original en francés.

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