¿Seguirá Biden la maldición demócrata de ganar en votos pero no en escaños? A Al Gore y a Hillary Clinton ya les pasó

Javier Taeño
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Faltan apenas dos meses para las elecciones estadounidenses en las que se decidirá si Donald Trump repite mandato (solo cuatro presidentes no lo han conseguido desde 1900) o si por el contrario, Joe Biden le devuelve la Casa Blanca a los demócratas tras cuatro años de ausencia. Hasta ahora, en las dos décadas del siglo XXI, ambos partidos la han ido ocupando simultáneamente: 12 años los republicanos y 8 los demócratas.

Pese a que las encuestas dan como favorito al antiguo vicepresidente de Obama, lo cierto es que uno de los mayores temores de su formación es que gane las elecciones en votos, pero las pierda en escaños. Una situación que ya le ocurrió a Al Gore en el año 2000 y a Hillary Clinton en el 2016, por lo que Biden sería el tercero en apenas 20 años.

Joe Biden, candidato demócrata a la presidencia del país. (Photo by Alex Wong/Getty Images)
Joe Biden, candidato demócrata a la presidencia del país. (Photo by Alex Wong/Getty Images)

En las dos últimas décadas se han celebrado cinco elecciones presidenciales en Estados Unidos, que se han saldado con tres presidencias republicanas (las dos de George Bush hijo y la de Trump) y dos demócratas (las dos de Obama). Sin embargo, a la hora de ver el partido más votado en los comicios se observa que los demócratas se llevaron el gato al agua en cuatro de las cinco ocasiones, no sirviéndole para ocupar la Casa Blanca en la mitad de ellas y convirtiéndose en una maldición para sus candidatos.

Esto se produce por el sistema electoral estadounidense, que es indirecto, ya que los votantes no eligen directamente a presidente y vicepresidente (de ahí que tener más votos no garantiza la llegada al poder). En total se eligen 538 compromisarios que se reparten equitativamente en cada estado según su población. Por tanto, para acceder a la presidencia, son necesarios al menos 270 representantes. Todos los compromisarios de un determinado estado se van para el partido más votado, a excepción de Maine y Nebraska, donde se reparten de forma proporcional.

Por ejemplo, el estado de California, que tradicionalmente suele votar demócrata, cuenta con 55 compromisarios. Si Joe Biden logra ganar en votos en este estado a Donald Trump, sea cual sea la diferencia de papeletas, el antiguo vicepresidente de Obama se llevará los 55 representantes y solo le quedarán 215 para alzarse con la presidencia. Un procedimiento que se repite en cada estado hasta tener un veredicto final y que explica cómo el hecho de ganar el voto popular no da las llaves de la Casa Blanca.

Votos presidenciales por estado en las elecciones de 2012 (Wikipedia/Gage/Dominio Público).
Votos presidenciales por estado en las elecciones de 2012 (Wikipedia/Gage/Dominio Público).

Tradicionalmente, los demócratas suelen ganar en menos estados que los republicanos pero mucho más poblados, por lo que así se explica esta divergencia que en ocasiones ocurre.

Los antecedentes

En el año 2000 se vivió una de las elecciones más apretadas de la historia entre Al Gore (demócrata) y George W. Bush (republicano). Entonces, el primero obtuvo más de medio millón de votos que su rival, pero logró solo 266 compromisarios, frente a los 271 de Bush (hubo un voto transfugado que fue abstención en el recuento oficial).

Los comicios estuvieron envueltos en la polémica por los 29 votos electorales de Florida, que resultaron decisivos. Ambos candidatos obtuvieron alrededor del 49% de los votos del estado, con una ligera ventaja para Bush. Al ser la diferencia menor al 0,5%, la ley obligaba a repetir los conteos en los condados en los que el margen se había contraído. Días después y ante acusaciones fraude, Bush seguía en cabeza aunque por solo 327 votos.

La ley dicta que si la diferencia es menor a 0,25% se debe dejar el conteo automático y pasar al manual. Sin embargo, el estado decidió declarar como ganador al republicano. La reclamación de Al Gore ante el Tribunal Supremo no surtió efecto y Bush se hizo con la Casa Blanca. Cabe recordar que por aquel entonces era su propio hermano, Jeb Bush, el gobernador del estado.

El enfrentamiento entre Al Gore y George W. Bush fue muy apretado. (MANDEL NGAN/AFP via Getty Images)
El enfrentamiento entre Al Gore y George W. Bush fue muy apretado. (MANDEL NGAN/AFP via Getty Images)

En las últimas elecciones, en 2016, Hillary Clinton también fue derrotada pese a ganar el voto popular. Entonces obtuvo casi 3 millones de votos más que Donald Trump, pero todas esas papeletas solo le sirvieron para obtener 227 compromisarios, frente a los 304 que se llevó su rival.

En ambos comicios fueron determinantes una serie de estados que siempre suelen inclinar la balanza hacia un lado o hacia el otro. En el caso de Trump, sus 78.000 votos de ventaja en Michigan, Wisconsin y Pensilvania fueron más decisivos que los casi tres millones de Hillary en total.

En lo que respecta a George Bush, sus apretadas victorias en Florida, New Hampshire, Misuri u Ohio fueron determinantes para llegar a la Casa Blanca. Iowa, Virginia, Arizona o Carolina del Norte también suelen actuar como estados bisagra.

Más allá de estos dos casos recientes, hay que remontarse muy atrás en el pasado para volver a ver esta divergencia entre voto popular y compromisarios. En el siglo XIX ocurrió hasta tres veces, en 1824, en 1876 y en 1888, pero entre 1900 y 1999 no ocurrió ni una sola vez. Por tanto si Biden gana el voto popular, pero no obtiene los suficientes compromisarios sería el sexto candidato al que le ocurre.

De momento el demócrata lleva ventaja en las encuestas, pero los últimos sondeos están mostrando que cada vez es más corta. Actualmente son unos 8 puntos de diferencia entre ambos, aunque ha llegado a ser de dos dígitos.

Conviene recordar que en 2016 Trump también fue a remolque en las encuestas y finalmente se terminó llevando el triunfo ante Clinton, por lo que Biden no puede confiarse y sobre todo tiene que estar muy pendiente de que no le ocurra lo mismo que a Hillary y a Al Gore.

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