En el Magreb, un Ramadán sin sabores

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"¡Lo nunca visto!". Sin el "iftar", esa comida en familia con la que se rompe el ayuno, los magrebíes lamentan un Ramadán "insípido", sin sabores.

"El corona ha hecho que el mes sagrado este año sea insípido", dice Maïssa, una profesora argelina de 46 años.

"Incluso las comidas que reunían a toda la familia alrededor de la mesa son imposibles, porque temo por mis padres mayores y enfermos", explica esta madre de cuatro hijos.

Las mezquitas están cerradas desde marzo en Argelia, Marruecos y Túnez, lo que impide la oración colectiva nocturna de "tarawih".

Tampoco son posibles las largas veladas musicales en las "khaïmas", lugares efímeros instalados durante el Ramadán.

En Túnez, Rabat o Casablanca, las medinas, los barrios antiguos donde se congregan multitudes al romperse el ayuno, parecen estos días ciudades fantasma.

- Reapertura y cierre -

"A la gente le gusta comer fuera. Quieren consumir, pero este año no habrá nada de todo esto", relata Walid mientras hace las compras en Ariana, cerca de Túnez.

Otra clienta busca desesperada los pasteles tradicionales que normalmente abundan en las tienda durante el Ramadán.

Las pastelerías siguen abiertas, en Marruecos y Túnez, pero finalmente mucha gente prefiere cocinar en casa, debido al confinamiento.

En Argelia, las autoridades habían autorizado la reapertura de los comercios al inicio del mes sagrado, el 24 de abril, pero ordenaron de nuevo el cierre en varias regiones debido a la muchedumbre.

Desde el primer día, la gente se precipitó hacia los vendedores de "zlabia" (un pastel de azúcar) y de "djouzia" (un dulce de miel y nueces), olvidándose de las consignas sanitarias.

Algunos argelinos incluso recorrieron más de 30 km para comprar "zlabia" en las pocas tiendas abiertas en Boufarik, la capital de esta especialidad en Argelia, en la provincia de Blida, donde irrumpió la pandemia a principios de marzo.

Salem, de 51 años, volvió con las manos vacías. "Desde hace 30 años, nunca he faltado a la tradición de tener en mi mesa 'zlabia' de Boufarik, pero este año (...) la mayoría de puestos estaban cerrados y los que estaban abiertos estaban llenos", se lamenta este trabajador de la construcción.

En Marruecos, dátiles, "chebbakia" (pastel de miel) y otros dulces inevitables de la comida del "ftour" ("iftar") se pueden comprar en los mercados y en las grandes superficies.

"¡Hay de todo! Pero no puedo desplazarme para pasar el 'ftour' en casa de mis padres", dice un profesor de 35 años que vive solo en Marrakech.

"¡No hay cafés, no hay gente en las mezquitas... Lo nunca visto!", exclama.

- "Ni un dátil" -

A pesar del toque de queda instaurado en Marruecos al inicio del Ramadán para impedir las salidas nocturnas, alguno se atrevía a salir "no lejos de casa, para fumar un cigarrillo de noche (pero) regresaba rápidamente", asegura un joven de un barrio popular de Salé, cerca de Rabat.

Ni partidos de fútbol, ni excursiones en familia ni entre amigos hasta las playas... En Témara, ciudad costera al sur de Rabat, las autoridades desplegaron un dron para detectar a las personas que infringen las normas y se congregan en las azoteas de los edificios.

La crisis sanitaria también ha obligado a las autoridades argelinas a prohibir los restaurantes de la "rahma" (misericordia), en los que voluntarios sirven comidas a las personas más necesitadas o a los que no pueden regresar a casa por falta de transporte.

"No pudimos instalar nuestra tienda, donde servimos más de 1.500 comidas por día. Pero les entregamos el 'iftar' a domicilio", cuenta Fekhreddine Zerrouki, presidente de una asociación caritativa.

"El número de personas que se benefician es muy bajo comparado con las personas que lo necesitan", dice Samir, un voluntario de la Cruz Roja argelina.

"Añoramos los sabores del Ramadán debido a la falta de 'zlabia' o de las veladas perdidas, mientras que algunos no tienen ni un dátil para romper el ayuno", recuerda Samir.