La mujer que inventó una bicicleta para caballos en 1907

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Ilustración de la bicicleta para caballos, tal cual aparecía en la solicitud de patente de Madeleine Ravier presentada en 1907. (Crédito imagen Weirduniverse).
Ilustración de la bicicleta para caballos, tal cual aparecía en la solicitud de patente de Madeleine Ravier presentada en 1907. (Crédito imagen Weirduniverse).

Cada vez que veo a un ciclista colombiano, de pequeño tamaño pero corazón enorme, escalando puertos de categoría especial en alguna carrera por etapas europea, mientras deja atrás a sus contrincantes uno a uno, me maravillo de dos cosas. Primero, como digo, el enorme esfuerzo del que es capaz un ciclista profesional, sea cual sea su nacionalidad. Segundo, del ingenio humano, capaz de crear un artilugio mecánico como la bicicleta, que logra multiplicar las distancias que recorremos con el único aporte de la energía que generan nuestros cuerpos.

Bien, pues según puedo leer, a comienzos de siglo XX hubo una mujer francesa, llamada Madeleine Ravier, que llevó el pensamiento más lejos. Si un cicloturista es capaz de viajar 100 kilómetros al día dependiendo solo de sus “finas” piernas… ¿qué no podría hacer un caballo con sus cuatro patas musculosas y veloces, si le construimos una bici que esté a su altura?

Dicho y hecho, inspirada por los logros de sus conciudadanos, deportistas que mostraron su potencial al mundo desde aquel primer Tour de France de 1903, Madeleine presentó una patente que - en teoría -podría hacernos viajar a velocidades “animales” durante distancias solo aptas para cuadrúpedos. En internet puede encontrarse aún aquella patente, que si bien está en francés, puede entenderse bastante bien, de modo que me he animado a traducirla al castellano.

El hombre ha comprendido el interés vital que tenía en desarrollar los medios para ir más rápido y más lejos; para ello, esclavizó a los animales para su uso, adquirió la ciencia, en particular la mecánica, y la utilizó para emplearla a su gusto, o casi, sobre algunas de las diferentes formas de energía, como el calor, la electricidad, la afinidad química.

Muy recientemente (hace menos de 50 años), comprendiendo la imperfección de sus propias extremidades, las dotó de mecanismos móviles y compuso ciclos, dispositivos formados por 2 o 3 ruedas entre las piernas. Con estos órganos ligeros y sencillos, ha aumentado prodigiosamente la extensión de sus movimientos sin la ayuda de energía externa.

Así, se logró recorrer 370 kilómetros en 12 horas (récord del ciclista Marcel Cadolle), e incluso 1.312 kilómetros en 24 horas (récord del ciclista Émile Bouhours a una media de 54,693 Km/h), mientras que otros excelentes deportistas, simplemente con sus extremidades, no lograrían distancias tan altas en 12 horas ni aunque fueran Hibbird o Rowell.

(Nota del traductor: no he encontrado referencias históricas de estos dos deportistas de comienzos del S.XX en internet).

Y lo que el hombre ha hecho por sí mismo puede hacerlo por los animales, o al menos por algunos de ellos. Existe una manera de incrementar la eficiencia de sus extremidades mediante la intercalación, entre estos miembros y el campo de movimiento, de dispositivos mecánicos que reciban el movimiento alternativo de las patas, transformándolo en movimiento rotatorio continuo y transmitiéndolo a partes rodantes. El resultado obtenido se puede utilizar para hacer que los animales muevan al hombre más rápido y más lejos de lo que se ha hecho hasta ahora usando bestias.

Es una pena, pero he sido incapaz de encontrar más información relevante sobre esta creación de Madeleine Ravier. ¿Llegó a construirse un prototipo? ¿Podría un caballo dar pedales con las cuatro patas a la vez sin descoyuntarse? ¿Qué velocidad podría alcanzarse si algo así fuera teóricamente posible? Demasiadas preguntas absurdas, al menos tan absurdas como la propia

He visto en youtube a perros pedaleando sobre sus cuartos traseros, pero apuesto a que la idea de Ravier era simplemente impracticable. Para colocar a un caballo sobre semejante aparato de tortura sin que lo destrozase habría que sedarlo, taparle los ojos, y subirle con una grúa. No quiero ni imaginarme el estrés del pobre bicho al verse inmovilizado en semejante cachivache.

El váter como salvavidas, otra genial idea patentada en 1981 por William O. Holmes. (Crédito imagen: Naukas.com)
El váter como salvavidas, otra genial idea patentada en 1981 por William O. Holmes. (Crédito imagen: Naukas.com)

Ah, y si creéis que estas patentes tan tontas eran cosa exclusiva de comienzos del siglo XX es que no conocéis el caso de William O. Holmes. En 1981, este californiano presentó una idea “aventada”. Básicamente proponía convertir los retretes en respiraderos, y conectar algo parecido a un “esnórquel” de buceo a la letrina, para así tener acceso a “aire limpio” en caso de incendio. (Publiqué esta locura en este enlace en su día).

Me enteré leyendo Weirduniverse.net

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