Macron planea abordar el tráfico de drogas en Marsella con miras a la reelección

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El presidente francés, Emmanuel Macron, inició un viaje de tres días el miércoles a Marsella con el fin de exponer sus planes para resolver los problemas que azotan a la segunda ciudad más grande de Francia. En particular, los delitos violentos relacionados con el tráfico de drogas, así como la mala infraestructura. Los expertos afirman que Macron debe demostrar que todavía tiene grandes y audaces ideas antes de las elecciones presidenciales de abril.

Esta no es una visita presidencial cualquiera: ocho miembros del gabinete de Emmanuel Macron, incluidos los ministros de Interior, Medio Ambiente y Educación, lo acompañan en su visita oficial más larga a una ciudad francesa desde que llegó al Palacio del Elíseo en 2017.

El objetivo de Macron es, en consecuencia, ambicioso: abordar algunos de los problemas profundamente arraigados que durante mucho tiempo han preocupado a Marsella y convertirla en una verdadera “capital del Mediterráneo”.

La segunda ciudad del país se enfrenta a una serie de problemas urgentes de resolver. Marsella "no está a la altura de su potencial" y sus finanzas públicas están "gastadas", señaló a los periodistas el alcalde socialista de la ciudad, Benoît Payan, antes de la visita del jefe de Estado. El ayuntamiento tiene una deuda de 1.540 millones de euros, cuando su presupuesto es de 1.560 millones de euros.

Los delitos relacionados con los narcóticos han preocupado durante mucho tiempo a Marsella, como se describe en el clásico de Hollywood de 1971 'The French Connection' y su interpretación inolvidable del jefe de la mafia ficticio Alain Charnier, que controla el sindicato de heroína más grande del mundo desde esta jungla de asfalto asolada por el sol en la costa mediterránea.

Pero hay poco glamour cinematográfico en la situación actual de Marsella. Las drogas se han convertido en un fenómeno aún más preocupante durante el último año, con "millones de dólares en juego" a medida que las mafias y los cárteles trafican de contrabando en la ciudad portuaria, indicó Payan. Desde principios de 2021, 15 personas han muerto allí en asesinatos vinculados al narcotráfico, incluido un niño de 14 años en agosto.

"Si la gente se mata entre sí con kalashnikovs, es porque los kalashnikovs circulan casi completamente de manera libre en esta ciudad", afirmó el alcalde a France Info tras la muerte del menor.

"Grandes problemas de infraestructura"

La falta de infraestructura pública es otro problema grave. Los casi 900.000 habitantes de Marsella se distribuyen en una ciudad que duplica el tamaño de París. Pero en contraste con la vasta red de metro que da servicio a la capital, la segunda ciudad más poblada de Francia tiene solo dos líneas de metro.

Mientras que en París se pueden pedir prestadas bicicletas verdes Vélib en toda la ciudad y los carriles bici han proliferado en los últimos años, en Marsella la infraestructura para apoyar el ciclismo apenas existe.

Alrededor de 200 de las escuelas públicas de la ciudad "necesitan de forma urgente una renovación", informó James Creedon, de France 24, desde Marsella. Un tercio de las piscinas municipales de la urbe han cerrado desde 2008 y la mitad de los niños allí no saben nadar, a pesar de la ubicación de la ciudad junto al Mediterráneo y su proximidad a algunas de las playas más hermosas de Europa.

Dos edificios se derrumbaron en el centro de Marsella en 2018, seis años después de que una inspección considerara inseguro a uno de ellos. Esta crítica amplificó el "système Gaudin", como los políticos franceses llamaron el mandato de Jean-Claude Gaudin como alcalde conservador de Marsella, entre 1995 y 2020. Los críticos tanto de derecha como de izquierda lo acusaron de dirigir una ciudad en decadencia plagada de clientelismo, complacencia y descuido.

"Marsella ha tenido durante mucho tiempo un Gobierno local más preocupado por aferrarse al poder que por abordar los enormes problemas de infraestructura de la ciudad (…) Bajo el sistema Gaudin hubo todo tipo de sugerencias de corrupción, ninguna de las cuales pudo ser probada”, aseguró Paul Smith, profesor de política francesa en la Universidad de Nottingham.

"La gente elegante vive en Aix"

Los aliados de Gaudin, el político de centro-derecha, Alain Juppé, en Burdeos y el de centro-izquierda, Gérard Collomb, en Lyon, también estaban deseosos de permanecer en sus cargos como alcaldes. Sin embargo, lograron hacer de sus ciudades imanes para los negocios y el turismo que florecieron en medio de las fuerzas económicas globalizadoras de las últimas tres décadas.

Los factores socioeconómicos facilitaron las cosas para Juppé y Collomb, ya que Burdeos y Lyon tienen burguesías mucho más grandes para contribuir a los ingresos fiscales que Marsella, una ciudad en gran parte de clase trabajadora rodeada de asentamientos más ricos, incluido su rival local a 16 millas tierra adentro, la ciudad de Aix-en-Provence.

"El resultado final es una diferencia de clase: a diferencia de Burdeos y Lyon, Marsella no tiene una gran clase media (…) La gente pregunta dónde vive la gente elegante en Marsella y la respuesta es que viven en Aix", subrayó Smith.

El papel histórico de la ciudad como el primer puerto de escala para los inmigrantes en Francia es un factor estructural detrás del bajo nivel de vida en Marsella. “Debido a que los migrantes se utilizan como una forma de mano de obra barata, tienden a recibir salarios bajos, y esta estructura se perpetúa a través de sucesivas oleadas de inmigración”, apuntó el profesor de política francesa.

Distribuir "mucho dinero"

Con un paseo por el área de Brassens, azotada por la violencia y ubicada en el empobrecido norte de Marsella, Macron se dirigió el miércoles por la tarde al punto focal de inmigración en la ciudad.

También está previsto que visite una escuela en el norte de la urbe el jueves, donde se espera que describa los detalles de sus planes para mejorar la seguridad, la infraestructura y la educación, con base en la promesa del ministro del Interior, Gérard Darmanin, de enviar 300 policías adicionales a Marsella, así como a Payan. Además, del plan para renovar 200 de las 472 escuelas públicas de la ciudad con 1.200 millones de euros procedentes en parte de fondos del Gobierno central.

El presidente centrista se convertirá en el último de una serie de líderes franceses en establecer una estrategia para revitalizar Marsella. El más reciente fue Jean-Marc Ayrault, entonces primer ministro del mandatario socialista François Hollande, quien dio a conocer un plan de acción en 2012 para "sacar a Marsella de una situación difícil”.

Esta vez, el próximo gran anuncio de Macron probablemente consistirá en distribuir "mucho dinero" a los múltiples problemas de Marsella, señaló la editora de asuntos internacionales de France 24, Angela Diffley.

No obstante, es poco probable que este enfoque elimine los problemas endémicos, resaltó. “La mayoría de los problemas podrían abordarse si se pudieran abordar las drogas, pero debido a su posición en Francia, en el Mediterráneo, Marsella ha sido de interés histórico para los traficantes de drogas”.

A Macron “no le falta coraje”

Sin embargo, el viaje del presidente a Marsella también tiene un propósito político antes de las elecciones presidenciales de la próxima primavera.

A medida que las clases políticas y mediáticas de Francia regresan de sus largas vacaciones de verano, Macron está "muy interesado en estar en el terreno haciendo cosas mientras los otros partidos se pelean sobre quién podría representarlos en las próximas elecciones presidenciales francesas", señaló Diffley.

Los Republicanos (LR), el partido conservador de Francia, se impuso como una amenaza formidable para la reelección de Macron al salir victorioso en las elecciones regionales de junio.

Sabiendo que Macron se ha movido hacia la derecha como el terreno central del electorado francés, también se ha desplazado hacia la derecha una de las principales candidatas para la nominación presidencial de LR, Valérie Pécresse. La líder política estableció su línea de ataque contra Macron la semana pasada, al argumentar que él es una “pálida imitación” de un dirigente de centro-derecha, alguien que prometió reformar Francia, pero que en cambio hizo “casi nada”, excepto manejar crisis.

A la luz de la entrada en escena de Pécresse, el viaje de Macron a Marsella puede verse como un mensaje para el electorado francés de que el mandatario todavía presenta grandes proyectos transformadores.

"¿Qué tiene Macron a su favor antes de las elecciones presidenciales?", cuestionó Smith. “Ningún partido del que hablar detrás de él y casi ningún funcionario local electo. Lo que sí tiene es una máquina estatal enormemente poderosa, y quiere operar eso en respuesta a las críticas de personas como Pécresse", añadió.

Es una movida especialmente audaz para Macron ir a Marsella, una ciudad famosa por su feroz rivalidad con París y su resistencia a los intentos de los foráneos por controlarla, una actitud encapsulada en una frase orgullosa en el corazón de su dialecto local: “On craint dégun”, (No tememos a nadie). De hecho, el Palacio del Elíseo quiso enfatizar, al publicitar esta visita, en que los planes de Macron no conducirán a que "París controle Marsella".

"Al hombre no le falta coraje, yendo a un lugar como Marsella en lugar de a una ciudad cómoda de las provincias, especialmente en medio de críticas de que es demasiado centralizador y demasiado bonapartista", señaló Smith al referirse a la ideología política inspirada en el emperador francés Napoleón I.

"Parece valiente ir y parecer que está haciendo algo difícil en un lugar donde tiene pocos amigos", concluyó el experto en política francesa.

Artículo adaptado de su original en inglés

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