Un Macron dependiente se verá obligado a ceder y a derechizarse para sacar adelante sus leyes

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Menos de dos meses después de ser reelegido presidente, Emmanuel Macron ha perdido el control de la Asamblea Nacional francesa. La segunda vuelta de las elecciones legislativas de ayer le ha arrebatado al presidente francés la mayoría absoluta de la Cámara, con una bajada de un centenar de escaños, con lo que lo deja en una posición de debilidad, de dependencia, que le obligará a buscar acuerdos con otras formaciones para sacar adelante su programa de leyes.

Tendrá choques constantes con el bloque de izquierdas de Jean-Luc Mélenchon, que crece y se consolida como segunda fuerza y líder de la oposición, y tendrá que rebajarse a Los Republicanos, la derecha clásica a la que necesitará para sumar y que hará más conservadora aún su política.

Macron, líder del centrista En Marche!, que concurría en estos comicios bajo la marca Ensemble (Juntos) aliado a otras formaciones semejantes, pero tras ganar las presidenciales en abril y prometer en la noche electoral que escucharía las voces críticas de los ciudadanos, ha hecho menos de lo que la ciudadanía esperaba, una campaña sosa, sin empuje y, sobre todo, sin respuestas a los grandes retos de la sociedad gala. ¿Lección aprendida? No parece. Y lo ha pagado en las urnas.

Macron había pedido a los votantes que le dieron una sólida mayoría, para poder tener otros cinco años de presidencia más Asamblea y sacar adelante sus propuestas, pero el mensaje de los ciudadanos ha sido claro: hay que limitar el poder del inquilino de El Elíseo y tendrá que hacerse entender con otras fuerzas. Los de Ensembre han ganado las elecciones, sí, pero ha pasado de 345 diputados a 244, un varapalo importante y que deja claro el cansancio de la población y la polarización del electorado.

Macron se ha esmerado en acabar con sus opositores a la izquierda y la derecha de su liberalismo y acabado solo, con los extremos agudizados, condenado a la tensión diaria. De ahí que ahora se plantee un doble escenario: o aprende a pactar y a negociar, a ceder y a renunciar, o Francia se vuelve ingobernable e incluso se ve abocada a elecciones en un año.

Elisabeth Borne, la primera ministra nombrada recientemente por Macron para ganarse a los más progresistas, reconoció anoche que la situación no tenía precedente y supone un “riesgo” para el país. “Nos emplearemos a partir de mañana para construir una mayoría trabajadora”, avanzó. Va a hacer falta. también “imaginación”, como pide el ministro de Economía, Bruno Le Maire. El problema es que la solución ha de ser bidireccional: el Gobierno debe mostrar voluntad de tender la mano y los grupos de la oposición, de tomarla.

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Ahí estarán no sólo Mélenchon, con su Nupes, que aglutina a La Francia Insumisa, el Partido Socialista, el Partido Comunista Francés y los Verdes (131 diputados), sino también la ultraderechista Agrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen (89) y Los Republicanos (64). Más de la mitad de los votantes se abstuvieron, con una participación del 46,23%, lo que da cuenta también del hartazgo.

La mayoría simple es un escenario poco habitual en la segunda economía de la Unión Europea, recuerda Le Monde. Desde la llegada de la Quinta República en 1958, sólo se dio una vez con el expresidente socialista François Mitterrand de 1988 a 1993.

El izquierdista dijo anoche a sus seguidores que el partido presidencial había sufrido una derrota “total” y que ahora todas las posibilidades estaban en sus manos, por lo que no lo anuncia fácil para Macron. Le Pen, lo mismo: “la aventura de Macron ha terminado”, dijo, y se le había castigado a ser un Ejecutivo minoritario. Christian Jacob, presidente de Los Republicanos, tampoco fue conciliador, calificó de “fracaso rotundo” el resultado para Macron y denunció que ahora tiene que “pagar” por haber alimentado “cínicamente” a los extremos en Francia. Un escenario desconocido para el líder de En Marche!, que hasta ahora no tenía que convencer a nadie, sino hacer.

“Ya no es Júpiter, se acabó la hiperpresidencia”, afirmaba anoche a AFP Dominique Rousseau, profesor de derecho constitucional, refiriéndose a un apodo anterior que ridiculizaba el supuesto deseo de poder de Macron. “Estos cinco años serán de negociaciones y compromisos parlamentarios”, abunda. Muy diferente a abril, cuando derrotó a Marine Le Pen de manera convincente -que no arrolladora- y ganó un segundo mandato como presidente.

Emmanuel Macron, en su colegio electoral de Le Touquet, ayer. (Photo: MICHEL SPINGLER via Getty Images)
Emmanuel Macron, en su colegio electoral de Le Touquet, ayer. (Photo: MICHEL SPINGLER via Getty Images)

Emmanuel Macron, en su colegio electoral de Le Touquet, ayer.  (Photo: MICHEL SPINGLER via Getty Images)

Ahora hasta pierde ministros que se quedan sin escaños, como la de Salud, Brigitte Bourguignon, y la de Transición Verde, Amélie de Montchalin, aunque mantiene al fin al ministro de Europa, Clément Beaune, en la cuerda floja. Cae igualmente el presidente de la Asamblea, Richard Ferrand, hombre fuerte de Macron. Hace cinco años, el presidente aprovechó una ola de optimismo de su ascenso relumbrante al traer una nueva cohorte de parlamentarios de la sociedad civil. Las caras nuevas esta vez han surgido de Nupes y de Le Pen. Tampoco es prometedor.

Lo que está en riesgo inmediato

El presidente Macron tiene muchas promesas pendientes de su campaña electoral, y tiene ahora que abordarlas con las alas cortadas, en un escenario respondón en la Asamblea, con la nueva oposición, pero también en casa, porque las leyes francesas impiden la reelección por un tercer mandato y en su propio partido ha empezado ya la carrera por la sucesión, que se acelerará ahora que vienen tiempos de renunciar a esencias o de pactos con la nariz tapada. El exprimer ministro Édouard Philippe ya estaba anoche cargando la metralleta para no dejar pasar ni una.

Los analistas franceses sostienen que Macron ha sido el arquitecto de sus propios problemas, porque no ha sabido aprovechar el ímpetu de su victoria presidencial para presionar y lograr otra mayoría en el parlamento. Señalan que fue lento nombrando a Borne, casi no ha hecho campaña, se ha perdido en derroteros como la seguridad, sus actos públicos no han sido especialmente relevantes... y a eso ha sumado polémicas como la de los incidentes en el Estadio de Francia en la final de Champions o las acusaciones contra su nuevo ministro de Solidaridad, Damien Abad, por supuesta violación de dos mujeres. Nada de eso lo ha abordado de forma brillante y todo pesa.

Macron ha prometido abordar la crisis por el alto costo de vida, pero sus rivales tienen ideas muy diferentes sobre cómo hacerlo. Sus propuestas más costosas fueron reformar los beneficios, reducir los impuestos y aumentar gradualmente la edad de jubilación de 62 a 65 años. Esta última será particularmente difícil de aprobar, aunque atraerá el apoyo de Los Republicanos. Le Pen ha dicho este lunes que ya ha dado orden a sus diputados para bloquear las grandes reformas prometidas por el presidente, empezando por esta. Será una auténtica piedra de toque ante una oposición revitalizada, incluso la de la derecha de siempre, moribunda tras la primera vuelta de las presidenciales.

Luego están las propuestas para avanzar hacia la neutralidad de carbono -hay una creciente conciencia verde en el país- y el pleno empleo -ahora hay un 7,4% de paro-. Y recientemente ofreció un “nuevo método” de gobernar con una mayor implicación de la sociedad civil, proponiendo un Consejo Nacional de Refundación formado por ciudadanos locales para democratizar Francia. Lo que quiera hacer, ya no puede ser pasando de los demás. Ignorar a la oposición no es una opción.

Los franceses así lo han querido. La mayoría sigue apoyándole, eso es cierto, pero más por rechazo al otro que por amor a su figura, y eso también tiene que encajarlo antes de dar pasos. Rebajar el ego cuesta. Ahora tendrá que arremangarse para lograr avances. Y cada apoyo que arranque tendrá un precio. O llega a cuajar una nueva legitimidad o le esperan tiempos complicados. Y a sus sucesores.

La evolución de la Asamblea de Francia 

Estos son los resultados de los cuatro grandes partidos y coaliciones en las elecciones legislativas francesas celebradas este domingo comparados con los de 2017.

La coalición del presidente Emmanuel Macron “Ensemble!” incluye su partido La República en Marcha (LREM), los centristas Modem y los conservadores de Horizons, mientras la alianza Nupes aglutina a la Francia Insumisa (LFI), el Partido Socialista (PS), los Verdes y el Partido Comunista Francés (PCF).

Con más del 97 % escrutado y cuando quedan por asignar 12 diputados:

Reparto de la Asamblea Nacional de Francia. (Photo: EFE)
Reparto de la Asamblea Nacional de Francia. (Photo: EFE)

Reparto de la Asamblea Nacional de Francia. (Photo: EFE)

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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