Macarena Olona hace sombra a los machos alfa de Vox y no ha tocado techo

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Espinosa de los Monteros (i), Olona (c) y Garriga (d) en el Congreso de los Diputados. (Photo by Europa Press News/Europa Press via Getty Images)
Espinosa de los Monteros (i), Olona (c) y Garriga (d) en el Congreso de los Diputados. (Photo by Europa Press News/Europa Press via Getty Images)

Fichada a través de Linkedin, y abrumada por lo mediáticos que resultaron ser sus primeros pasos en la política allá por 2019, Macarena Olona reconoció sufrir un “extraordinario vértigo” al poco de pisar el Congreso de los Diputados. Vox no fue el único partido que trató de reclutar a la abogada del Estado, pero sí quien terminó de convencerla para dar el salto a la primera línea. Primero como estratega jurídica del partido y después como portavoz adjunta en el Congreso de los Diputados, la figura de Olona no ha parado de crecer dentro de la formación de extrema derecha demostrando que su fichaje era un retoque estético para maquillar la nula paridad en las listas de Vox.

Desde entonces despierta filias y fobias. Su lengua afilada, de hecho, la ha elevado en más de una ocasión hasta lo más alto del podio de los trending topic. La última este pasado fin de semana asegurando que el histórico líder de Izquierda Unida, Julio Anguita, “se sentiría orgulloso” de Vox por su “espíritu de lucha”.

La provocación es de tal calibre que no precisa ser refutada, pero viniendo de quien viene, sí que merece la pena ampliar la mirad y explicar el contexto en el que se produce. Porque, para haber dudado tanto en dar el salto a la política, Olona está quemando etapas a toda velocidad. Tanto que ya suena para ser la candidata de Vox a las próximas elecciones autonómicas de Andalucía. Y a la espera de confirmarse la fecha, está sembrando el camino de polémicas el terreno de juego. Como la ya mencionada del ‘califa rojo de Córdoba’.

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Porque Santiago Abascal necesita un revulsivo para mantener el tipo en Andalucía. Tres años después de irrumpir por primera vez en el parlamento andaluz -y en las instituciones españolas- con 12 diputados decisivos para arrebatarle la presidencia al PSOE, los ultranacionalistas están noqueados, no tienen proyecto y suman tres portavoces regionales.

El primero, Francisco Serrano, se vio forzado a dimitir por su implicación en un fraude de subvenciones; el segundo, Alejandro Hernández, fue sustituido alegando que se necesitaba una “voz fresca” y eso que apenas llevaba 8 meses en el cargo; y el tercero, Manuel Gavira, se ha negado a pactar los presupuestos del Gobierno del PP contrariamente a lo que práctica Vox en Madrid.

Y Olona… Pues, de ser la elegida, Olona no incurrirá en ninguno de los tres errores arriba indicados. Cuenta con un historial impoluto, es la voz más en forma de su partido, y tiene en la cabeza la estrategia nacional del partido.

De hecho, su figura está creciendo tanto que está eclipsando a buena parte de los dirigentes ultranacionalistas mejor colocados hasta ahora y de los que poco se sabe en los últimos tiempos como Iván Espinosa de los Monteros, Javier Ortega Smith e incluso Ignacio Garriga.

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