Música en el tratamiento oncológico

Cuando una persona escucha música que le gusta, se libera más cantidad de dopamina, una sustancia química que se relaciona con el placer, la felicidad o la motivación, entre otras, y que provoca bienestar. Pero la música no solo produce esta agradable sensación, sino que también favorece la imaginación y creatividad, y estimula la concentración y la memoria, entre otras. Se utiliza en el tratamiento de enfermedades como la hipertensión arterial, la ansiedad, la depresión y el estrés, e, incluso en el autismo y en los trastornos de comportamiento en los jóvenes. Pero también en procesos oncológicos infantiles.


Curar el cáncer con ayuda de la música

En la Unidad de Hematología y Oncología Pediátrica (UHOP) de HM Hospitales, ubicada en el Hospital Universitario HM Montepríncipe (Madrid), integran la música en el tratamiento oncológico de los niños de 0 a 18 años y de adultos jóvenes entre 18 y 21 años. La musicoterapia y el arte promueven en el niño momentos de comunicación consigo mismo y con los demás, facilita la expresión de emociones y favorece una condición activa durante el tratamiento de la enfermedad. Además, en los niños con tumores cerebrales, la terapia musical es una herramienta de rehabilitación y estimulación de sus capacidades neurológicas que, como consecuencia del tumor o de la terapia para hacerle frente, estén afectadas.

Desde esta perspectiva, Blanca López-Ibor, oncóloga pediátrica y jefa de la Unidad de Hematología y Oncología Pediátrica, y Camino Bengoechea, músicoterapeuta de la misma unidad, explican que las ventajas de la musicoterapia en sus pacientes: "Solo se pueden valorar en el contexto de un enfoque multidisciplinar del tratamiento del niño realizado por un equipo de profesionales expertos en el manejo del cáncer infantil. Gracias a las medicinas, a los médicos, enfermeras, al rehabilitador, a los voluntarios, a los profesores y a su colegio, al sacerdote y a la familia, podemos ver que no solo muchos niños se curan de su enfermedad, sino que llegan a ser adultos sanos desde el punto de vista físico, psíquico, social y espiritual".

Es el propio niño quien decide si quiere participar o no: "Las medicinas son obligatorias, pero la musicoterapia no", aseveran las expertas. Solo en ocasiones, cuando el niño está muy enfermo, es el equipo quien valora si puede mejorar a través de la música y el arte con metodologías adaptadas a él y sus necesidades.


Quimioterapia con música

Pero, ¿cómo se organizan las sesiones de musicoterapia? ¿Con pautas establecidas igual que los medicamentos? López-Ibor explica que el musicoterapeuta en la Unidad de Oncología Pediátrica es un profesional más del equipo de expertos que atiende al niño y a su familia. En este hospital se valora que la musicoterapia es medicina para los niños. Este profesional forma parte de plantilla de especialistas y está disponible todo el día para los niños y sus familia. Incluso se coordina con el resto de profesionales para valorar qué es lo mejor para el paciente en cada momento.

"El niño acude cada día al colegio del hospital y, si no puede ir, van los profesores a su habitación. También el fisioterapeuta, el psicólogo, los voluntarios, los médicos y las enfermeras. Por tanto, tiene muchas tareas importantes que hacer a lo largo del día y la musicoterapia debe incluirse entre todas ellas", agrega. Por otro lado, Bengoechea añade que la mayoría de las veces se trabaja a nivel individual, en el despacho, en la habitación del niño o en el hospital de día. "A veces, si es necesario, trabajamos en el domicilio del paciente o en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Las sesiones tienen una duración que se adapta a la situación actual del niño y, en ocasiones, la familia se queda a trabajar con él", precisa.

Las metodologías que se utilizan son múltiples y diversas: desde la improvisación, la creación y composición de música o canciones, hasta proyectos en los que complementa con la animación o la fotografía, entre otros, y técnicas receptivas como imagen guiada y música o relajaciones.


Musicoterapia en oncología

En España, la utilización de la música como parte del tratamiento se lleva a cabo desde hace años. En la citada Unidad de Hematología y Oncología Pediátrica de HM Hospitales, tienen un recorrido de ocho años y las dos especialistas están de acuerdo en que la música mejora la tolerancia global al tratamiento oncológico y que influye de manera significativa en el desarrollo madurativo y creativo del niño en el contexto de una enfermedad grave.

Son muchos los trabajos que reportan los beneficios de aplicar musicoterapia en el tratamiento del cáncer y muchos los ensayos clínicos que están en marcha en la actualidad. El estudio 'Music therapy in supportive cancer care', publicado en Reports of practical oncology and radiotherapy en 2011, ya señalaba qué ventajas obtenían los pacientes que estaban bajo tratamiento oncológico y seguían técnicas interactivas de musicoterapia (instrumental, improvisación, canto) o receptivas (escuchar música desde reproductor o en vivo): disminución del estrés, del dolor, del nivel de ansiedad y aumento de la relajación. A su vez, promueve el bienestar físico y emocional y la calidad de vida.
Música y enfermedad
Hay registros sobre el uso de la música en hospitales de EE. UU., Australia y Gran Bretaña después de la Segunda Guerra Mundial. Los pacientes, soldados con traumas cerebrales derivados de su participación en la guerra, se hospedaban en residencias donde se utilizaba música para mejorar su calidad de vida y para aliviar su estrés postraumático, cuentan Blanca López-Ibor y Camino Bengoechea, oncóloga pediátrica y musicoterapeuta, respectivamente. En la actualidad, se incorpora la musicoterapia en unidades de recién nacidos prematuros, en servicios de cardiología, en oncología de niños y de adultos.

Sin embargo, donde más se han estudiado sus efectos es en enfermedades como el Parkinson y el Alzheimer. En el ámbito de la geriatría se defiende que su uso puede ayudar a personas con demencia a recuperar sensaciones de experiencias positivas y a reencontrarse con su propio yo a través de los recuerdos, además de conservar sus capacidades cognitivas.