Luz Gabás y Cristina Campos: "El amor es materia prima literaria"

Luz Gabás y Cristina Campos. (Photo: PLANETA / ARDUINO VANNUCCHI)
Luz Gabás y Cristina Campos. (Photo: PLANETA / ARDUINO VANNUCCHI)

Luz Gabás y Cristina Campos. (Photo: PLANETA / ARDUINO VANNUCCHI)

Sus novelas no podrían parecer más dispares, para empezar porque una se sitúa en el siglo XVIII y otra en la actualidad, pero el amor y el deseo son los grandes temas que han tratado Luz Gabás y Cristina Campos —ganadora y finalista del Premio Planeta, respectivamente— en Lejos de Luisiana e Historias de mujeres casadas.

Pasada la emoción de la noche de los premios y con intensas semanas de promoción por delante, atienden a El HuffPost en una charla conjunta en la que, mirándose con admiración, muestran su buena sintonía, y reflexionan sobre temas tan variados como la historia, la generación de cristal o el machismo.

Enhorabuena a las dos por vuestros premios. ¿Hay algo de esa noche de los Planeta que recordéis especialmente y que se pueda contar?

Luz Gabás: No lo olvidaré nunca. Cuando fui desde la mesa al escenario, las caras de felicidad de los escritores amigos, alguno casi llorando, y los abrazos. No lo olvidaré nunca, con nombres y apellidos. Me quedo con eso.

Cristina Campos: Yo me acuerdo del momento Leticia Dolera. Iba con un pseudónimo, Gabriela Hausmann, y se titulaba El amante de mi mujer. Es amiga, pero como no sabía que era yo era una de las finalistas, dijo ‘Está muy anticuado esto, esto ya no se lleva’. Pensé ‘¡Cuando sepas quién es! ¡Que me tienes al lado!’. Luego, cuando salió mi nombre, no daba crédito.

L.G: Tendría que haber sido La amante de mi mujer para ser moderno.

C.C: Claro... incluso había pensado Gabriel Hausmann.

Un Carmen Mola al revés...

C.C: Claro.

¿Qué pensasteis de aquello, por cierto, cuando se descubrió que eran tres hombres?

C.C: Son amigos. Que hagan lo que quieran.

L.G: Audaz.

C.C: La cuestión es vender y que la gente nos lea. Son tíos inteligentísimos.

L.G: Hoy han venido y había lectoras fans, encantadísimas de conocerlos.

¿Vosotras os conocíais de antes?

L.G: Una vez. Coincidimos una vez.

C.C: Yo sólo conozco a dos escritoras, a Luz Gabás y a Najat [el Hachmi].

L.G: De hecho, cuando dijeron su nombre, yo creo que ya estaba en shock porque entonces ya sabía que yo era la otra persona, y era ‘qué maja Cristina’. Y cuando alguien dijo Pan de limón con semillas de amapola dije ‘¡Pero si yo la he leído!’.

Y ahora vais a pasar mucho tiempo juntas. ¿Qué tal tándem estáis haciendo?

C.C: ¡Muy buen equipo! Lo estoy disfrutando mucho... nos complementamos muy bien.

L.G: A mí me es muy fácil estar con personas trabajadoras, puntuales, responsables. Luego cada uno es como es, pero estamos trabajando.

C.C: Y para mí es un honor estar con mujeres inteligentes.

L.G: ¡Y ella me cuenta cosas de cine, me encanta!

¿Qué estáis aprendiendo la una de la otra?

C.C: Yo la perseverancia de esta mujer, cuando me cuenta su proceso creativo. El mío ha sido de mucha solitud; es muy bonita esta diferencia entre soledad y solitud, la soledad deseada. Pero claro, una novela de tal envergadura como la de Luz, es más todavía.

L.G: Y yo que está bien ser un poquito más espontánea, que yo tiendo a ser más estricta con todo. Y surgen temas muy interesantes, que eso siempre es enriquecedor.

¿Os ha dado tiempo a leeros el libro de la otra?

L.G: Sí, sí.

C.C: Yo estoy casi. Todavía no porque estoy cambiando pañales. Es una novela preciosa, los arcos del personaje están muy bien elaborados... Lo interesante para el lector creo que es aprender. Yo ignoraba esta historia. Y pasa bien, ¿eh?

L.G: Cristina nos hace a todos reflexionar. Yo creo que es una novela que abrirá muchos debates necesarios. Es una novela valiente y sorprendente.

Luz, ¿consideras que sabemos poco los españoles de nuestra propia historia?

L.G: Yo sí, no sé qué pasó con mis asignaturas de historia pero no aprendí mucho, o no lo recuerdo. También es verdad que me fui un año a Estados Unidos, en COU, y ahí perdí la que se daba. Y se estudia como en titulares, no da tiempo a todo. Los escritores de novela histórica buscamos esos rinconcitos de la historia poco desarrollados y que, además, permiten —que para mí es el gran mérito de la novela histórica— una reflexión sobre el momento que nos ha tocado vivir. Siempre encontramos similitudes, da igual que hables de Grecia, de la Antigua Roma...

Los escritores de novela histórica buscamos esos rinconcitos de la historia poco desarrollados y que, además, permiten —que para mí es su gran mérito— una reflexión sobre el momento que nos ha tocado vivirLuz Gabás

¿Y qué similitudes has encontrado con el ahora?

L.G: Empecé a redactarla durante la pandemia. Ahí hubo un shock y un miedo colectivos. Luego empezó la guerra. Esto no nos había pasado a mi generación, hemos vivido francamente bien, no nos ha faltado de nada. Y en aquella época las enfermedades, los desastres naturales, las batallas se daban cada dos por tres. Me sirvió para decir ‘otros, en peores condiciones, han salido adelante. Nosotros, como sociedad y como individuos, también saldremos adelante’.

Cristina, ¿te ves metiéndote en una novela histórica?

C.C: No lo sé, porque siempre he pensado que no pero ahora digo ‘qué interesante sumergirte’.

L.G: ¿Por qué no?

C.C: Sí, lo dejamos en un ‘por qué no’. Y después de conocer a Luz, sí.

Vuestras dos novelas son muy distintas pero las dos tocáis el tema del amor y el deseo...

L.G: Son clásicos de la literatura. El amor y el deseo han movido a la humanidad desde que existe.

C.C: El amor es materia prima literaria. La familia también, los matrimonios. Luz ha montado una historia de hermanas preciosa...

L.G: Y el deseo, en ese sentido, sería más de debate filosófico la novela de Cristina. Está ahí muy claro, una cosa es el amor y otra es el deseo. Todo eso sale en la novela, y en la mía el deseo está como esa lucha entre la razón y la pasión.

¿Creéis que empieza a importar el deseo femenino?

L.G: Yo, sinceramente, creo que siempre ha estado, otra cosa es que no se haya hablado abiertamente de él. En eso creo que esta generación es más abierta y transparente que la anterior, que es como más pudorosa. Nos ha dado vergüenza exteriorizar ciertas cosas.

C.C: Están personajes como Jane Eyre, Madame Bovary, Anna Karenina... ya se ha hablado. Las escritoras francesas lo hacen mucho, el desnudarse psíquicamente, hablar del deseo desde la verdad. Aquí cuesta un poco más, encontrarlo en la literatura española.

L.G: Es cierto, hay novelas con personajes femeninos que muestran deseo, pero es que en tu caso planteas directamente la reflexión. Es ir hasta dentro del alma de una protagonista que no lo oculta y abiertamente lo reconoce.

[A Cristina] Te tiene bien analizada...

C.C: Hace unas reflexiones...

L.G: Es una radiografía intimista, honesta.

C.C: Qué bonito esto, ¡lo voy a decir yo también!

Luz, tu novela viene de la palabra ‘esfuerzo’. ¿Por qué?

L.G: Porque para salir adelante todas las generaciones anteriores a la nuestra han tenido que funcionar a base de muchísimo esfuerzo, más que nosotros. Ya sé que ahora los jóvenes ven la situación muy difícil, pero si se leyese más y se estudiase a generaciones pasadas, ahí había mucha miseria, hambre y penalidades. Vivías con el dolor. En el siglo XVIII, colonos en Luisiana... en ese territorio la palabra que me viene a la mente es esfuerzo.

¿Qué opináis de esto de ‘generación de cristal’, ahora que lo mencionas?

C.C: Yo no lo veo así. Tengo una hija de 22 años y no me parece una mujer frágil emocionalmente.

L.G: En redes lo ves, hay gente que se ofende enseguida, que le hiere que se hable de ciertos temas. En Estados Unidos en las universidades había en las aulas habitaciones separadas por si alguno tenía un ataque de ansiedad por el tema que se estuviera tratando. Esto existe. No nos hemos enfrentado a situaciones de miedo terrible hasta que llegó la pandemia. Nos puso a prueba y pasamos miedo todos. Y esto parece que se nos ha olvidado. Enseguida llegó la guerra: es otro miedo. No estábamos preparados para esto, nuestra generación igual más porque nos acordamos de nuestros antepasados que estaban en el campo y vaya vida dura, pero ¿mis hijos, que han crecido por así decirlo entre algodones? Es otro tipo de generación. Yo comprendo que exista y es resultado de lo que hemos creado. Espero que no tengan que aprender a las bravas. No deseo que tengan que pasar una guerra para aprender, pero fijaos en Ucrania. Personas que llevaban una vida normal, como nosotros, están empuñando rifles. Uno es de cristal hasta que lo ponen a prueba, esta es la impresión que yo tengo, y ojalá no los tengan que poner a prueba.

Cristina Campos y Luz Gabás. (Photo: PLANETA / Alfredo Arias Horas)
Cristina Campos y Luz Gabás. (Photo: PLANETA / Alfredo Arias Horas)

Cristina Campos y Luz Gabás. (Photo: PLANETA / Alfredo Arias Horas)

Os salto a otro tema porque Cristina, también has comentado que las historias de tus protagonistas no tenían sentido si no hubieran sido madres. 

C.C: Esta novela no tendría sentido sin hijos. Si tú llevas 10 años casada con un hombre maravilloso y se te cruza otro tío interesante, mis protagonistas no dudarían en probar una nueva relación. Para la generación de mujeres como nosotras —blancas, europeas, privilegiadas, independientes económicamente de sus maridos— el matrimonio nos da libertad. A mí mi matrimonio me da libertad, a mi protagonista también. Sin embargo, los hijos es lo que coarta esa libertad.

L.G: Pero es una elección, al fin y al cabo. Dicho así suena como ‘qué pena que tengo hijos’. No, no, no, no.

C.C: No, no, no.

L.G: Esto es una elección, sé que esto va a pasar, porque lo he visto en otras personas, pero decido, por lo menos en mi caso, conscientemente tener hijos.

C.C: Mi protagonista está tres años sin trabajar porque ella quiere. Incluso su marido le dice ‘¿por qué vas a dejar de trabajar?’. Porque quiero. Y se lo puede permitir. Escribo desde el privilegio y hablo desde el privilegio.

La fuente de inspiración ha sido distinta en vuestro caso. Cristina, tú quizá la tenías alrededor y Luz, te has ido hasta el Misisipi.

L.G: No tenía nada cercano excepto las emociones que pueden sentir. Yo vengo de un sitio turístico [Benasque] donde se ha vivido la tensión entre la tradición y los que llegan de fuera, y se crea una estación de esquí y puedes entender un poco cómo se sienten aquellos que vieron cómo llegaron los de fuera y los desplazaron. La inspiración llegó de muchas lecturas y de un pálpito para hablar sobre el esfuerzo en un contexto muy convulso, y sobre el amor y la esperanza.

C.C: Mi inspiración vino concretamente de una amiga que vino ‘Me estoy enamorando de mi amante y no sé qué hacer con mi vida. ¿Voy a romper todo este matrimonio que me ha costado mucho construir, con dos hijos pequeños?‘. Y la fastidió. Eso no pasa en mi novela pero se fue con el tipo y al año acabó. Luego también me apoyo mucho en las escritoras francesas, como Annie Ernaux, la premio Nobel de este año, porque son muy valientes al hablar de sus sentimientos. Cuando estoy escribiendo pienso ‘uy, esto no lo pongas; uy, el orgasmo femenino; ¿en qué pensamos las mujeres cuando nos acariciamos, ¡uy, esto no!‘. Entonces me voy a ellas para decir ‘ellas han podido, yo también’.

Me apoyo mucho en las escritoras francesas, como Annie Ernaux, la premio Nobel de este año, porque son muy valientes al hablar de sus sentimientosCristina Campos

Aprovechando que sois dos mujeres escritoras, quería preguntaros si en algún momento de vuestra carrera literaria os habéis vivido machismo.

C.C: Yo no, para nada. Como directora de casting y como escritora no. De hecho, como directora de casting creo que el 80% somos mujeres.

L.G. Yo quizá en el uso de la etiqueta ‘histórico-romántica’ con un matiz peyorativo, cuando resulta que te lees las novelas de los grandes maestros de la novela histórica española y todos tienen una historia de amor, pero a ellos no les dicen que han escrito ‘histórico-romántica’. Eso es curioso.

El Planeta es el premio mejor dotado económicamente. ¿Os habéis podido dar un capricho o tenéis algún homenaje en mente?

C.C: Yo me quiero ir a Senegal con mi familia.

L.G: Yo creo que me compraré un regalito personal y un viaje sí que caerá. Soy una persona muy normal, no se me ocurre nada. Los escritores tenemos que ser hormiguitas, porque cobramos de golpe, pero no tienen un sueldo todos los meses. Es mejor ser un poco prudente. Mejor como las hormiguitas, tener guardado. Y además es que Hacienda se lleva la mitad, que no se nos olvide. Que Hacienda somos todos.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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