Los virus gigantes pueden ser Frankesteins de la evolución

El curioso sitio donde la nueva familia de “megavirus” ha sido encontrada: una planta de tratamiento de aguas residuales. Por Marton Palatinszky

Decir que estamos rodeados de virus es una obviedad. Es muy difícil dar ponerle número, ni siquiera una cifra aproximada, pero para hacernos una idea, hay más que bacterias. Habiendo tantos, los conoceremos bastante bien, ¿no? Pues aún no está claro de dónde vienen o cómo surgieron. Y un artículo reciente nos trae un grupo bastante curioso que en parte ayuda a entender la evolución de los virus, y por otro complica las cosas.

Este nuevo grupo de virus recién descubiertos – a los que de momento se ha dado el nombre de Klosneuvirus – resultan interesantes porque son el equivalente a un monstruo de Frankestein evolutivo. Están formados con piezas de otros virus e incluso de otros organismos.

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Antes de continuar, vamos a aclarar algunos conceptos. Los virus son un grupo muy interesante para los biólogos porque se encuentran justo en la frontera entre lo vivo y lo muerto. Para que un organismo se considere un ser vivo tiene que cumplir tres funciones: nutrición, relación y reproducción. Es decir, tiene que comer, interaccionar con otros seres – de su misma especie y/o distintos – y ser capaz de dejar copias de sí mismo, lo más exactas posibles.

Pero los virus no cumplen la función de nutrición. No comen. Se aprovechan de los recursos de las células a las que invaden, pero no realizan metabolismo. Así que no están exactamente vivos. Claro, que tampoco son seres inertes del todo.

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El problema para los biólogos es explicar de dónde vienen. Es decir, cómo han evolucionado hasta llegar a la situación actual. Hipótesis hay varias, pero ninguna confirmada. Las que cuentan con más apoyo – con más pruebas a su favor – son dos completamente opuestas.

Los virus pudieron surgir a partir de moléculas sencillas, que van ganando en complejidad – más estructuras, más genes y más funciones. O todo lo contrario, y son el resultado de lo que se conoce como “evolución retrógrada”: comenzaron como células complejas, fueron perdiendo funciones, y se quedaron con lo básico e imprescindible para reproducirse. Y tiene que ser una opción o la otra. Una explicación en la que algunos virus hayan seguido un proceso y otros el contrario resulta científicamente casi imposible de defender.

En mitad de este debate – que los defensores de la idea de la evolución retrógrada iban ganando gracias a los Mimivirus y Pandoravirus, virus de gran tamaño y “cuasi-celulares” – se han encontrado los Klosneuvirus. Que tienen en su estructura una gran cantidad de genes, algunos implicados en rutas metabólicas muy complejas y completamente innecesarias para un virus.

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Pero al analizar su genoma se ha descubierto que está formado por “cachitos” de otros genes. Las secuencias se pueden relacionar con otros genomas de virus más simples, que parece que han ido apropiándose y empaquetando en sus estructuras. Lo que apunta a una acumulación de complejidad a partir de una molécula sencilla. Vaya, una evolución de menos a más complejo, y no de más a menos.

Y si eso fuera todo… Pero no lo es. Porque algunos de los genes – en concreto ARNs de transferencia, implicado en la producción de proteínas – son sorprendentemente parecidos a los de algas. Que son sus huéspedes – aunque quizá sea más cercano el término “víctima”, las células parasitadas se denominan huéspedes –, al menos de los que se conocen hasta ahora.

Este descubrimiento no cierra el debate, o al menos no por completo. No se puede descartar que estos “megavirus” comenzasen su evolución como células complejas. Pero todo parece indicar lo contrario, y sólo gracias a los próximos experimentos en marcha se podrá dar con una respuesta más precisa: hacerlos crecer en laboratorio, y analizar sus procesos “vitales”.

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