Los sueños vivos que sobreviven al tren Dakar-Bamako Express

Por Amaury HAUCHARD
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Unos empleados de la estación central de tren de Bamako, en Malí, matan el tiempo jugando a las damas el 21 de octubre de 2019

Los trabajadores ferroviarios de Bamako no hacen más que esperar, mientras beben en el patio de la estación, duermen una siesta en un banco de la plataforma desierta, y sueñan despiertos en las oficinas ahora inútiles.

El tren Dakar-Bamako circuló por última vez el 17 de mayo de 2018, pero la hermosa estación colonial de la capital maliense y sus guardianes conservan el recuerdo de casi cien años de funcionamiento, motivo de orgullo nacional y nostalgia colectiva en un país en guerra.

Hace 37 y 38 años, respectivamente, Mahamane Thienta y Moussa Keita trabajaban para el ferrocarril de Malí, el primero como inspector de materiales, el segundo como conductor de locomotoras.

Al igual que los 428 trabajadores ferroviarios sin nada que hacer pero aún empleados por la compañía, se enfurecen por los diez meses sin salario y pasan el día luchando con su sindicato para que el tren vuelva a rodar, preguntándose qué no funcionó.

Desde Bamako hasta Kayes, la ciudad principal antes de llegar a Senegal, donde cambiaban los conductores, "era una fiesta permanente". "No te imaginas la estación cuando llegaba el tren y tocaba su silbato", dice Moussa Keïta.

"Éramos estrellas, podíamos tener novias en todas las estaciones", recuerda.

La fiesta era comprensible: desde la inauguración de 1924, la línea Dakar-Bamako, diseñada a fines del siglo XIX por el colonizador francés para transportar materias primas al Atlántico y desde allí a la metrópoli, se había convertido en el ruta comercial principal de Malí, un país sin litoral.

Cada pueblo a lo largo del ferrocarril era un lugar de comercio, donde se podía comprar pescado fresco del océano y enviar un paquete a la capital.

Pero con el avance del transporte por carretera, Senegal y Malí ya no se encontraron más.

Privatización en 2003, capitales francocanadiense, estadounidense y senegalés y creación de una empresa biestatal en 2015. Nada funcionó.

La falta de mantenimiento y el tremendo costo de la recuperación de la línea fueron golpes letales para la línea.

"Al final conducíamos a 30 km por hora, cuando antes los trenes marchaban a 80 km por hora", lamenta Mahamane Thienta.

- Memoria de una nación -

En la actualidad, el frente de la estación ocre exhibe, debajo del reloj en su frontón, la inscripción "Línea Ferroviaria de Dakar en Níger" (en referencia al río que atraviesa Bamako) y sirve como estacionamiento para los automóviles que causaron su bancarrota.

Los vagones verdes con pintura decrépita se oxidan entre la hierba alta y sus baños son usados por los mendigos. Los trabajadores ferroviarios juegan a las damas debajo de los carteles que señalan "Billetes" o "Acceso a los trenes".

En su viejo cobertizo sin computadora ni luz -la energía eléctrica se cortó hace varios años-, Moussa Traoré cuida de fotos y polvorientas cajas de cartón. Es el archivista de la línea, que se ocupa de catorce toneladas de documentos.

"Muchas personas no entienden por qué guardo estos documentos, pero es necesario que las generaciones futuras sepan qué sucedió para no volver a cometer los mismos errores", dice el hombre frente a viejos álbumes de fotos con fecha de 1956.

"Este ferrocarril es la memoria de la nación: tiene su parte de explotación, su parte económica, pero también una parte histórica y una parte cultural. No debemos olvidar todo eso", sostiene.

Como la mayoría de las empresas públicas en Malí, el ferrocarril tenía su lado cultural heredado de la era socialista.

The Rail Band, un grupo legendario que reunió a algunos de los mejores músicos de la región, incluidos Salif Keita y Mory Kanté, se formó en el restaurante de la estación en 1970.

- Música hasta la mañana -

"¡Fue aquí! Allá, Salif Keita en el micrófono; aquí, Tidjani Koné en el saxofón; allí, Mory Kanté en el balafón", recuerda, con ojos brillantes, el baterista y cofundador del grupo, Mamadou Bakayoko.

Así, recuerda las fiestas "con cientos de personas" que duraban hasta la mañana.

Era otra época. Durante la última década, Malí ha enfrentado un conflicto mortal que se ha extendido desde el norte hasta el centro y los países vecinos.

Con la excepción de algunos atentados, Bamako permanece casi intacta y Bakayoko quiere creer que todo podría volver a ser como como antes: "Que nos den instrumentos y tocaremos toda la noche", dice.

Se está discutiendo un plan de rehabilitación ferroviaria con varios socios, incluido el Banco Mundial. A finales de 2018, Senegal y Malí prometieron poner 10 mil millones de francos (15 millones de euros) para reiniciar la actividad. Según sindicalistas, ese dinero nunca fue realmente transferido.

Mali decidió en octubre una contribución de otros 10.000 millones, según el portavoz del gobierno, Yaya Sangare.

"Si llega el dinero, podremos creerlo", dijo Moussa Keita. "¡El tren debe volver a silbar!"