Los sacrificios rituales de animales que practican judíos y musulmanes que escandalizan a Europa

Bélgica dice que prohíbe los sacrificios halal y kosher para evitar el sufrimiento animal. Judíos y musulmanes europeos advierten que es una forma de xenofobia (Foto: The Independent)

Matar a una res de tres años y 500 kilos no debe ser una cosa fácil.

Por algo en Hispanoamérica usamos el verbo “faenar” para describir el proceso de transformación de un animal vivo en los enormes pedazos de carne en vara que trasladamos en camiones frigoríficos a las carnicerías y supermercados. El vocablo está más asociado con el trabajo arduo del campesino que con la muerte.

Los manuales de procedimientos técnicos usan la palabra sacrificio para denominar las técnicas que ponen fin a la vida de un animal para el consumo humano. Al sustituir la palabra muerte por la de sacrificio otorgamos una connotación mística a la matanza. El animal se convierte en una ofrenda para nuestro bienestar.

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Y la realidad es que dejando a un lado las definiciones y eufemismos, los humanos somos omnívoros. Nos gusta comer mucho y de todo. Y gracias a los avances tecnológicos ya no tenemos que aprender a cazar ni mancharnos las manos de sangre al desollar a un animal vivo antes de la cena.

Ahora vivimos en una sociedad disociada donde tratamos a las mascotas como las reinas del hogar y no nos detenemos a pensar en el sangriento procedimiento que enfrenta una vaca antes de ver sus trozos fileteados en asépticas bandejas cubiertas de plástico.

Los consumidores de carne de todas partes del mundo tienen facil acceso a los cortes de su preferencia. En la foto vemos al cliente de un supermercado en Tokio frente al frigorífico. (Foto: REUTERS/Yuya Shino/Archivo)

Cuestión de método

Las primeras culturas en desarrollar métodos de sacrificio para minimizar la agonía y el dolor del animal fueron la hebrea y la musulmana.

En épocas en que la mayoría de los animales domesticados morían apedreados o a palazos, los libros sagrados del Judaísmo y del Islam incluyeron prácticas sanitarias para asegurar que el procedimiento era seguro para el hombre y causara el menor sufrimiento posible a la bestia.

El matadero de Meaux es uno de los cinco mataderos de la provincia Seine-et-Marne, en el este de París, que cuentan con una autorización especial para practicar la matanza ritual de animales. Aunque la prensa francesa informó que los permisos podrían ser reconsiderados. (Foto:  LeParisien.Fr)

Para realizar estos sacrificios rituales, los musulmanes siguen una normativa aceptada por la Ley Islámica, conocida como “Halal”, que en árabe significa lícito o permitido. Los judíos consumen alimentos procesados bajo las reglas “kosher”, que proviene del hebreo “Kashrus” y significa adecuado, puro, apto para el consumo.

Aunque se trata de dos sistemas distintos, los rituales halal y kosher comparten varias similitudes.

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El sacrificio es realizado por personas entrenadas que cortan el cuello del animal con un afilado cuchillo que permita una disección limpia de las principales arterias del animal.

El ejecutante debe evitar tocar la columna vertebral de la res y la cabeza no debe ser separada del cuerpo. También es indispensable que se drene toda la sangre del cuerpo y que el procedimiento sea supervisado por una autoridad religiosa que garantice que la carne es apta para el consumo.

Una provincia de Austria estudia una legislación para que judíos y musulmanes se registren para comprar carne kosher y halal. (Foto: HuffPost UK)

Los cristianos tardaron muchos siglos en darse cuenta que no era tan piadoso matar a un animal a garrotazos. Y cuando lo hicieron, no fueron inspirados por la iglesia sino por la ciencia.

Los investigadores detectaron métodos para ahorrar dolor de los animales en un intento por aliviar el sufrimiento de los hombres. Fue así como los experimentos del médico británico Benjamín Ward Richardson en anatomía y anestesiología dieron paso al Model Abattoir Society, una institución creada en 1882 para luchar por métodos de sacrificio animal más “humanos”.

A principios del siglo XX, Gran Bretaña ya había desarrollado métodos indoloros para dejar sin sentido al animal antes del sacrificio, que fueron incluidas en las legislaciones de varios países escandinavos.

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Pero lo que comenzó por un intento de reducir el maltrato animal rápidamente pasó a ser una herramienta de segregación cultural y religiosa, cuando Adolfo Hitler prohibió el sacrificio de animales sin aturdimiento en 1933.

La medida nazi generó un gran debate entre los rabinos de la época, quienes debían decidir si aceptaban o no el proceso de “aturdimiento” antes de sacrificar al animal. La respuesta de los líderes judíos fue que el aturdimiento de las reses era inaceptable hasta en las circunstancias extremas de la Alemania Nazi, decisión que mantienen hasta la fecha.

Adolfo Hitler junto a su gabinete el 30 de enero de 1933. La prohibición de sacrificar ganado kosher fue una de las primeras medidas tomadas contra la población judía en la Alemania nazi. (Foto: Bundesarchiv, Bild 102-15348 / CC-BY-SA 3.0)

La posición de los líderes musulmanes ha sido más flexible y más heterogénea. Mientras algunos prohíben el consumo de carne de animales aturdidos, otros lo permiten.

Aunque el aturdimiento tiene la oscura mancha de haber sido aplicado por Hitler, la mayoría de las asociaciones de veterinarios del mundo occidental condenan el sacrificio de ganado sin ese procedimiento.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), el aturdimiento se refiere a los mecanismos que se aplican para dejar al animal inconsciente antes de morir y así evitar que sienta dolor, estrés o incomodidad durante el procedimiento. En la actualidad, la industria ganadera usa la sedación con gas y las descargas eléctricas.

Las tensiones del siglo XXI

La entrada en vigor el 1 de enero de 2019 de una legislación belga, que prohíbe toda forma de sacrificio de ganado sin aturdimiento, recrudece el viejo debate sobre las libertades religiosas al ilegalizar los mataderos de los judíos y musulmanes.

Las leyes para prevenir el sufrimiento durante el sacrificio ha sido señalado como una herramienta de discriminación. (Foto: GQ)

Hasta la fecha países como Portugal, Francia, España e Irlanda permiten el sacrificio ritual Kosher y Halal. Pero los legisladores de la región belga de Flandes no hicieron concesiones y decidieron dejar sin efecto los permisos especiales que permitían a la comunidad hebrea y musulmana saltarse las reglas nacionales para seguir sus libros sagrados.

La prohibición del sacrificio sin aturdimiento está vigente, sin excepciones, en Noruega, Suecia, Dinamarca, Islandia y Estonia. Finlandia es aún más severa y exige la sedación completa del animal antes de su muerte.

Si la medida se extendiera a toda Europa afectaría a unos 43 millones de musulmanes, que representan un 5,2% de la población total, y a 1,4 millones de judíos , que rondan el 0,16 por ciento de 818 millones de europeos.

El Congreso Judío Europeo dijo al diario El País que los legisladores belgas están provocando “la crisis más grave desde la Segunda Guerra Mundial”, cuando Bélgica fue ocupada por los nazis. Temen que se desencadene un efecto dominó en todo el continente “aunque existan evidencias de que “los sacrificios religiosos son tan humanos como los mecánicos”.

Rabbi Goldschmidth dijo “que esas provincias dentro de Bélgica, que es el corazón legislador de Europa, hayan aprobado ese tipo de medidas antirreligiosas es una afrenta a todos nuestros valores europeos…Esas prohibiciones ponen en peligro la vida judía”.

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La comunidad musulmana percibe las presiones contra el ritual halal como una muestra más del creciente sentimiento contra las minorías que profesan el Islam.

Los defensores de animales aseguran que la prohibición no tiene nada que ver con la religión sino con la protección de la naturaleza.

Las normativas europeas que permiten el sacrificio ritual establecen que el procedimiento “debe completarse en menos de 30 segundos después del inicio de la inmovilización y dentro de los 10 segundos posteriores a la sujeción de la cabeza del animal”. Pero los críticos afirman que el proceso dura muchos segundos más.

Los retos de España

Y mientras el debate sigue candente en Bélgica, en España tiene más reveses que triunfos en su lucha por minimizar el dolor animal.

Natalia Jaraba, veterinaria y miembro de la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal (AVATMA) declaró a la prensa española que, después de haber presenciado muchos sacrificios a los “que no se les aturden sufren un largo rato de agonía, dicho esto con todo el respeto a las religiones”.

Pero la verdadera lucha de los activistas españoles no está enfocada a las prácticas de las minorías religiosas. Su verdadero desafío es el desmantelamiento de la industria taurina que forma parte de un arraigado patrimonio cultural y que aún tiene fuerza en varias regiones del país.

El Tribunal Constitucional anuló en diciembre pasado varios artículos de una ley de toros aprobada en las Islas Baleares en 2017, que impedía la muerte del animal en las plazas. Y legislación de la Unión Europea establece que las normativas de sacrificio no aplican cuando los animales mueren durante prácticas deportivas y culturales.

Esa excepción hace legal el sufrimiento y agonía de los toros de lidia. Se ha demostrado que pese a la destreza del torero, en el 85 por ciento de los casos la puntilla no produce la muerte inmediata. El toro muestra síntomas de asfixia y angustia por más de dos minutos.

Algunos afirman que si la prohibición de los sacrificios rituales descritos en la Torá y el Corán se basa exclusivamente en la eliminación del sufrimiento animal, entonces la tauromaquia tampoco debería existir en Europa.

De lo contrario, el veto adquiere un matiz discriminatorio donde los cristianos españoles pueden maltratar a los animales en las cacerías y corridas pero los judíos y musulmanes no pueden practicar sus métodos de matanza de ganado.

Porque sacrificar a una res, con o sin aturdimiento, en un matadero para comer es una cosa. Matar a un toro por diversión en una plaza pública es harina de otro costal.