Los reproches de Cospedal en su despedida

La ex secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, ha anunciado que deja su escaño en el Congreso de los Diputados. EFE/ Fernando Villar

Ha vuelto a pasar, y ya van unas cuantas. Los políticos no aprenden y, ante la primera noticia que aparece poniendo en duda su pulcritud y honorabilidad, niegan la mayor y tiran hacia adelante haciendo oídos sordos a las advertencias del resto del mundo que sí se percatan de la gravedad de los hechos.

El problema es que, como ya ha quedado probado en los últimos casos con filtraciones a la prensa, lo que el primer día parece un traspiés, el segundo es una metedura de pata mayor y el tercero ‘un marrón’ de dimensiones considerables. Lo vimos con Màxim Huerta y lo estamos viendo estos días con María Dolores de Cospedal.

La exministra de Defensa pensó que saldría airosa de las grabaciones de Villarejo, pero en cuanto estas salpicaron a Mariano Rajoy, no ha tenido más remedio que dimitir de sus cargos y entregar su acta de diputada. La mención al expresidente de partido había sido crucial para que el PP cerrara filas en su contra extendiendo un cordón sanitario que evitara contagios.

En el PP argumentan que ha sido la propia Cospedal quien ha dado el paso, pero su carta de despedida no dice lo mismo. En ella se aprecia cierto resquemor y la exsecretaria general del PP desliza varios reproches.

Para empezar, Cospedal señala que “Estar por estar, a cualquier precio, no tiene sentido”. Es decir, que si después de haberse tragado el sapo de defender lo indefendible con la Gürtel, y asumir el mal trago de explicar el despido en diferido de Luis Bárcenas, el PP no la va a defender a ultranza… pues ella no tiene nada más que hacer por la causa.

Pese a su salida, Cospedal intenta no perder la fe en buena parte de su partido de cara al resto de trapicheos que se espera que desvele Villarejo, por eso manda un mensaje a quien quiera tomar nota: “Pido a mis compañeros que cierren filas ante las injusticias”. No sabemos si le harán caso, pero desde luego ella cree que lo que le han hecho es una “injusticia”.

Y por último, pero no menos curioso, Cospedal considera que, en su papel de secretaria general que debía limpiar un partido salpicado por la corrupción, estaba legitimada para reunirse con Villarejo y urdir tramas poco éticas. Por eso cree que no se ha sido justo con ella, de ahí que se lamente señalando: “Las distintas varas de medir conforman una práctica común en la política”.

En el PP han tomado nota de los reproches de Cospedal, pero lo que más les ha dolido es el momento elegido para hacerlo. Cospedal decidió soltar lastre ayer, justo el día en el que Pablo Casado tenía programada una cena con la canciller alemana Angela Merkel. Cospedal colocó en primera plana su episodio más controvertido el día que su jefe, ya exjefe, iniciaba su gira de promoción por el continente europeo.

A Casado no le ha gustado un pelo, pero para no hacerle el juego a Cospedal ha guardado silencio y ha mandado a un subalterno a hablar por él dejando las cosas bien claras. Concretamente a su vicesecretario de Organización. Así ha sido Javier Maroto quien ha advertido de que la honestidad y la limpieza “no son una opción sino una obligación“, y quienes no entiendan que su conducta tiene que ser “ejemplar limpia y transparente no caben en el PP”.

Para garantizarse que es el partido, y no Cospedal, quien tiene la última palabra, Maroto ha asegurado que el “PP ya ha pasado página, porque no es adecuado espiar a un compañero”. Así es como se cierra la etapa de Cospedal en el PP, un final que estaba cantado aunque ella no quisiera verlo.