Los pulpos, calamares y sepias, son una rama evolutiva aparte

Cría de pulpo protegiéndose con un caparazón de almeja. (Imagen creative commons vista en pixabay).
Cría de pulpo protegiéndose con un caparazón de almeja. (Imagen creative commons vista en pixabay).

En 2017 hablé en mi blog personal sobre un animal fascinante no solo desde el aspecto culinario: el pulpo. El tema era de candente actualidad ya que ese mismo año se había descubierto que los pulpos (y sus primos los calamares y las sepias) son capaces de editar secuencias de su ARN de forma habitual para adaptarse al medioambiente.

Y es que los coleoideos en cierto modo podrían considerarse una “rama aparte” evolutiva. Pensad en el pulpo, un animal capaz de protagonizar fugas de película, como hizo Inky o o aprender a hacerle fotos a los visitantes de su acuario, como hace Rambo. Está claro que este molusco (el invertebrado más inteligente del planeta) está a años luz de otros integrante de esta extensa familia como los caracoles o las almejas.

Pero vayamos por partes. Pensad en la forma “clásica” en la que funciona la evolución. Nuestro ADN sufre una mutación aleatoria, y si la función producida por ese cambio supone una ventaja para el portador, tiene muchas posibilidades de que se haga común favoreciendo la supervivencia (y por tanto la extensión vía sexual) a más y más descendientes. Así funciona la selección natural.

Ejemplar de sepia vista en aguas de Komodo. (Crédito imagen: Wikimedia).
Ejemplar de sepia vista en aguas de Komodo. (Crédito imagen: Wikimedia).

Si los osos polares hoy son blancos es porque este color favoreció a los ancestros que mutaron a ese color (recordemos que descienden de los osos pardos) a la hora de mimetizarse y cazar entre el hielo. Bien, pues esos cambios genéticos se traducen luego a instrucciones gracias al compañero molecular del ADN, el ácido ribonucleico o ARN.

Podríamos pensar en el ADN como en una receta culinaria, mientras que el ARN es el chef que organiza la cocina de cada célula, produciendo las proteínas necesarias para mantener el funcionamiento del organismo.

Sin embargo, este chef también tiene su propia personalidad, y no siempre ejecuta ciegamente las instrucciones de la receta. De tanto en tanto improvisa con algún ingrediente, variando el tipo de proteínas que produce la célula mediante un raro proceso llamado edición de ARN. Cuando esto pasa, el funcionamiento de las proteínas puede cambiar, lo que permite que el organismo ajuste su información genética sin necesidad de la antes mencionada “mutación”.

¿Es esto común? Pues no, nada común. La mayoría de los organismos no echan mano de la edición del ARN porque, no solo es complicada, sino que muy a menudo provoca muchos más problemas de los que resuelve. Esa es la razón por la que la madre naturaleza, después de poner a prueba su funcionalidad, lo encontró deficiente y lo abandonó.

Los coleoides parece que no se enteraron de esta última decisión, y continuaron perfeccionando el proceso. De hecho, un trabajo de 2015 descubrió que el calamar común ha editado más del 60% del ARN de su sistema nervioso. Básicamente esto quiere decir que este cefalópodo (posteriormente se supo que hay dos especies de pulpo y una de sepia que también lo han hecho) ha cambiado su cerebro y fisiología, presumiblemente para adaptarse a varias condiciones oceánicas relacionadas con la temperatura.

¿Es este proceso común a todos los moluscos? No, estudios realizados sobre nautilos y babosas gasterópodas demostraron que este proceso de edición de ARN solo aparece entre los cefalópodos coleoides, quienes parecen haberlo inventado.

¿Tiene que ver con sus cerebros, extremadamente desarrollados? (Curiosamente solo un tercio de sus neuronas se encuentran aquí, el resto están en sus tentáculos, de ahí que haya quien lo etiquete como el cerebro más extraño del mundo). Indudablemente la hipótesis de que su elevada inteligencia surgió gracias a su habilidad en la edición de ARN es atractiva.

Parece claro que esta estrategia les ha compensado evolutivamente del resto de animales, aunque eso sí, apostar por ella también les ha traído inconvenientes, y es que en términos de evolución genómica (la que avanza gracias a las mutaciones genéticas, como explicamos antes) los coleoides han evolucionado muy lentamente.

Sin duda un sacrificio que valió la pena. Y es que si encuentras un mecanismo que te ayuda a sobrevivir lo más sabio es seguir usándolo.

Me enteré leyendo Science Alert.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente